DICCIONARIO MÉDICO
Oxitócico
Con el nombre de oxitócico se agrupa toda sustancia capaz de aumentar la fuerza o la frecuencia de las contracciones del útero, ya sea para desencadenar el parto, para reforzarlo cuando avanza con lentitud o para controlar el sangrado tras el alumbramiento. Bajo esa etiqueta conviven fármacos de estructura muy distinta: la propia oxitocina, ciertos alcaloides vegetales y varios derivados sintéticos de las prostaglandinas. La palabra procede del griego ὀξυτόκιον (oxytókion), término con el que ya en la Antigüedad se designaba un remedio capaz de acelerar el alumbramiento. Comparte raíz con ὀξύς (rápido) y τόκος (parto), la misma que dio nombre a la oxitocina, aunque con un matiz distinto: mientras oxitocina identifica una hormona concreta, oxitócico nombra una función farmacológica que varias sustancias, emparentadas o no entre sí, pueden cumplir. En la práctica, el adjetivo funciona también como sustantivo. Se habla de administrar un oxitócico del mismo modo que se habla de administrar un antihipertensivo o un broncodilatador: nombrando la clase por su efecto, no por su composición química. La literatura obstétrica emplea con frecuencia el sinónimo uterotónico, sobre todo en textos traducidos del inglés uterotonic, y ambos conviven sin distinción clara de significado. El uso es casi exclusivamente obstétrico. Se recurre a estos fármacos para iniciar el parto cuando existe una razón médica que lo aconseja, para intensificar contracciones que resultan insuficientes y, sobre todo, para prevenir o tratar el sangrado que puede producirse tras la salida de la placenta, complicación que este diccionario recoge bajo la voz atonía uterina. Conviene distinguir tres familias, cada una con un origen y un mecanismo propio. La oxitocina y sus análogos sintéticos ocupan el primer lugar por frecuencia de uso: actúan sobre el receptor de oxitocina del miometrio, el músculo del útero, y el sistema de clasificación farmacológica internacional los sitúa, bajo el código H01BB, entre las hormonas hipofisarias posteriores, junto a la vasopresina. Existe además un análogo de acción más prolongada, la carbetocina, pensado para mantener el efecto con una sola dosis en lugar de una perfusión continua. Un segundo grupo lo forman los alcaloides del cornezuelo del centeno, compuestos que produce el hongo Claviceps purpurea y que se empleaban de forma empírica en el parto mucho antes de que existiera la farmacología moderna, aunque su consumo accidental e incontrolado también provocó episodios históricos de ergotismo. Dentro de esa familia, el compuesto con acción oxitócica es la ergometrina, clasificada como G02AB y activa sobre receptores serotoninérgicos y alfa adrenérgicos, no sobre el receptor de oxitocina. No debe confundirse con la ergotamina, alcaloide emparentado que esta obra recoge por su empleo en la migraña, ajeno al terreno obstétrico. El tercer grupo lo componen los análogos sintéticos de las prostaglandinas E1 y E2, empleados sobre todo para madurar el cuello uterino antes de iniciar la inducción del parto. Su efecto se ejerce sobre receptores EP y FP propios de la fibra muscular uterina, un mecanismo distinto de los dos anteriores, y su margen de uso varía mucho según la vía de administración elegida. Existe un grupo farmacológico que persigue justamente lo contrario: relajar el útero en lugar de contraerlo. Son los tocolíticos, empleados para retrasar un parto prematuro. El atosibán, antagonista del receptor de oxitocina clasificado como G02CX01, ilustra bien el contraste: ocupa el mismo receptor que la oxitocina, pero bloqueándolo en vez de activarlo. Oxitócicos y tocolíticos son, en cierto modo, dos caras de la misma diana farmacológica, empleadas con propósitos opuestos según lo que exija cada momento del embarazo. El nombre reproduce, casi sin cambios, una palabra griega antigua: ὀξυτόκιον, que ya designaba un remedio para acelerar el parto. No es, por tanto, un término acuñado por la medicina moderna, sino una herencia directa del griego clásico. No. La oxitocina es una de las sustancias que pueden actuar como oxitócico, probablemente la más conocida, pero no la única. El término oxitócico designa una función, estimular la contracción uterina, mientras que oxitocina nombra una hormona concreta con una estructura química definida. Cada familia farmacológica actúa sobre un receptor distinto, y ahí está la razón de que bajo el mismo término convivan sustancias tan diferentes entre sí. La oxitocina y la carbetocina se unen al receptor de oxitocina del miometrio, un receptor acoplado a proteínas G que también responde, en menor medida, a la vasopresina. La ergometrina actúa en cambio sobre receptores serotoninérgicos y alfa adrenérgicos, una vía heredada de la química del cornezuelo del centeno. Los análogos de las prostaglandinas se unen a receptores EP y FP propios de la fibra muscular uterina. Esta diversidad de mecanismos explica que, cuando un oxitócico no logra el efecto esperado, se pueda recurrir a otro de una familia distinta en lugar de aumentar la dosis del primero, y que cada familia produzca efectos distintos fuera del útero, sobre el aparato digestivo o el sistema vascular. Son polos opuestos dentro del mismo mecanismo. El oxitócico busca la contracción; el tocolítico, la relajación. Ambos pueden actuar, incluso, sobre el mismo receptor, como ocurre con la oxitocina y el atosibán, agonista y antagonista de una misma molécula.Qué es un oxitócico
Clasificación de los oxitócicos
Diferencia con los tocolíticos
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llaman oxitócicos?
¿Un oxitócico es lo mismo que la oxitocina?
¿Actúan todos los oxitócicos sobre el mismo receptor del útero?
¿Qué diferencia hay entre un oxitócico y un tocolítico?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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