DICCIONARIO MÉDICO
Atonía uterina
La atonía uterina es la incapacidad del miometrio (la capa muscular del útero) para contraerse de forma eficaz después del alumbramiento. Cuando el útero no se contrae, los vasos sanguíneos que irrigaban la placenta quedan abiertos y la pérdida de sangre puede ser muy rápida. Se estima que entre el 70 y el 80 % de las hemorragias posparto tienen su origen en esta falta de contracción. El término combina atonía (del griego ἀτονία: ἀ-, sin + τόνος, tono) con el adjetivo uterina, del latín uterinus, relativo al uterus. La expresión describe un fenómeno que los obstetras conocen desde la antigüedad, aunque la fisiología que lo explica se ha comprendido en detalle solo en las últimas décadas. Inmediatamente después de la salida de la placenta, las fibras musculares del miometrio se contraen y comprimen los vasos que antes la alimentaban. Este mecanismo, a veces descrito como "ligaduras vivientes" (una imagen que se atribuye a tratados obstétricos del siglo XIX), es la primera línea de defensa del organismo frente a la hemorragia puerperal. Si la contracción no se produce o resulta insuficiente, la pérdida de sangre puede superar los 500 ml en un parto vaginal o los 1 000 ml en una cesárea en cuestión de minutos. No siempre es posible predecir qué útero dejará de contraerse tras el parto. Hay, sin embargo, situaciones que aumentan el riesgo. La sobredistensión uterina (por embarazo múltiple, polihidramnios o un feto macrosómico) agota la capacidad contráctil de las fibras miometriales; un útero que ha tenido que estirarse mucho tiene más dificultad para volver a compactarse. La multiparidad también interviene, porque con cada gestación el miometrio pierde parte de su componente muscular en favor de tejido fibroso. Otros factores incluyen el trabajo de parto prolongado (que fatiga la musculatura uterina antes del alumbramiento), la placenta previa y las infecciones intraamnióticas. Hasta en un 5 % de los partos puede producirse algún grado de atonía, según series publicadas, aunque la frecuencia varía mucho entre centros y entre poblaciones. La hemorragia posparto sigue siendo una de las principales causas de morbimortalidad materna en el mundo, con una incidencia desproporcionadamente alta en países de ingresos bajos. Una regla mnemotécnica clásica agrupa sus causas en las "cuatro T": Tono (atonía uterina), Tejido (retención de restos placentarios), Trauma (desgarros del canal del parto) y Trombina (alteraciones de la coagulación). De las cuatro, la atonía es con diferencia la más frecuente. De la unión de dos raíces: el griego ἀτονία ("falta de tono") y el latín uterinus ("relativo al útero"). Describe literalmente un útero que ha perdido su capacidad de contraerse. No. La hemorragia posparto es la consecuencia; la atonía uterina, su causa más habitual. Pero existen hemorragias posparto por desgarros, por retención de tejido placentario o por coagulopatías que no tienen nada que ver con la contracción del útero. Reducir el riesgo, sí; eliminarlo por completo, no. La conducta activa del alumbramiento (que incluye medidas encaminadas a favorecer la contracción uterina inmediata tras la salida de la placenta) ha demostrado disminuir la incidencia de hemorragia posparto en comparación con el manejo expectante. La OMS y la FIGO recomiendan esta conducta activa de forma sistemática. Si desea profundizar en conceptos asociados a la atonía uterina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la atonía uterina
Factores que favorecen la atonía uterina
Atonía uterina y hemorragia posparto
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la expresión atonía uterina?
¿Es lo mismo atonía uterina que hemorragia posparto?
¿Se puede prevenir?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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