DICCIONARIO MÉDICO
Metaplasia mieloide
La metaplasia mieloide es la producción de células sanguíneas (hematopoyesis) en órganos que normalmente no desempeñan esa función en el adulto, como el bazo y el hígado. No es una enfermedad en sí misma, sino un fenómeno reactivo o compensatorio que aparece cuando la médula ósea pierde su capacidad productiva por fibrosis, infiltración tumoral u otras causas. El término combina dos raíces griegas: μετά (metá, cambio) y πλάσσειν (plássein, modelar), que ya forman la palabra metaplasia, más el adjetivo mieloide, derivado de μυελός (myelós, médula). Literalmente, el nombre designa un «cambio de forma» en el que tejidos ajenos a la médula ósea adquieren la capacidad de generar células de estirpe mieloide: eritrocitos, granulocitos, monocitos y plaquetas. Conviene aclarar de entrada que la metaplasia mieloide no es, en rigor, una transformación inesperada. Durante la vida fetal, el hígado y el bazo son los principales órganos hematopoyéticos: fabrican la sangre del embrión hasta que la médula ósea asume esa función en el tercer trimestre de gestación. Lo que ocurre en el adulto es una reactivación de esa capacidad dormida. Cuando la médula se ve impedida para cumplir su cometido, el organismo recurre a los órganos que ya lo hicieron una vez. Es una solución de emergencia, no una anomalía surgida de la nada. La metaplasia mieloide puede ser primaria o secundaria, y esta distinción tiene consecuencias clínicas relevantes. La forma primaria corresponde a la metaplasia mieloide agnogénica, hoy denominada mielofibrosis primaria, una neoplasia mieloproliferativa crónica en la que la fibrosis progresiva de la médula obliga al bazo y al hígado a retomar la producción de sangre. Las formas secundarias son más variadas. Aparecen cuando la médula ósea es sustituida o destruida por un proceso ajeno: infiltración por carcinomas metastásicos (sobre todo de mama, próstata o pulmón), linfomas, tuberculosis miliar, enfermedades de depósito (como la enfermedad de Gaucher) o granulomatosis diseminadas. También puede verse en anemias hemolíticas crónicas graves, donde la demanda de eritrocitos supera la capacidad de la médula. En todos estos contextos el bazo aumenta de tamaño, a veces de forma considerable, porque alberga focos activos de hematopoyesis que ocupan los sinusoides esplénicos y expanden el órgano. La esplenomegalia es, de hecho, el hallazgo clínico que con mayor frecuencia lleva al hematólogo a investigar la causa. Cuando existe metaplasia mieloide significativa, la sangre periférica adquiere un patrón que los hematólogos denominan cuadro leucoeritroblástico. Aparecen en el frotis células que normalmente solo se encuentran en la médula: eritroblastos (precursores de los glóbulos rojos, todavía nucleados), mielocitos, metamielocitos, y, en ocasiones, megacariocitos circulantes. Junto a ellos, los eritrocitos maduros pueden adoptar una forma alargada con extremo puntiagudo, conocida como dacriocito o eritrocito en lágrima, que resulta de la deformación mecánica al atravesar los sinusoides del bazo fibrótico o congestionado. Ese patrón no es exclusivo de la mielofibrosis primaria. Cualquier causa de metaplasia mieloide puede producirlo, y su presencia en una analítica de rutina es una de las señales que con mayor frecuencia llevan al hematólogo a solicitar una biopsia de médula ósea. No toda producción de sangre fuera de la médula se considera metaplasia mieloide en sentido estricto. En recién nacidos prematuros, el hígado puede conservar actividad hematopoyética residual durante semanas o meses sin que ello represente patología alguna: es simplemente un remanente de la vida fetal que se resuelve solo. En la práctica, el término metaplasia mieloide se reserva para la hematopoyesis extramedular del adulto, sostenida en el tiempo y asociada a una causa identificable de insuficiencia medular. Tampoco debe confundirse con la hiperplasia medular reactiva, en la que la propia médula ósea aumenta su actividad sin que otros órganos participen. La hiperplasia eritroide de una anemia ferropénica, por ejemplo, es un fenómeno exclusivamente intramedular y no implica metaplasia mieloide. Del griego μυελός (myelós), médula. Se refiere al tipo de células sanguíneas que normalmente se producen en la médula ósea: glóbulos rojos, granulocitos, monocitos y plaquetas. La metaplasia mieloide, por tanto, es la aparición de esa producción celular en órganos distintos de la médula. No exactamente. La mielofibrosis es una enfermedad concreta (una neoplasia mieloproliferativa) en la que la médula ósea se fibrosa y obliga al bazo y al hígado a producir sangre. La metaplasia mieloide es el fenómeno resultante: la producción de células sanguíneas fuera de la médula. Ese fenómeno puede aparecer en la mielofibrosis, pero también en leucemias, carcinomas metastásicos o anemias hemolíticas graves. La relación es la de un efecto con sus posibles causas. Depende de la causa. Si el motivo es una infiltración medular tratable (por ejemplo, un linfoma que responde a quimioterapia), la recuperación de la función medular puede hacer que la hematopoyesis extramedular desaparezca. En la mielofibrosis primaria avanzada, la reversión espontánea no ocurre. Si desea profundizar en conceptos asociados a la metaplasia mieloide, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la metaplasia mieloide
Circunstancias en las que aparece
El frotis de sangre periférica como pista morfológica
Diferenciación con la hematopoyesis extramedular transitoria
Preguntas frecuentes
¿Qué significa "mieloide" en este contexto?
¿Es lo mismo metaplasia mieloide que mielofibrosis?
¿La metaplasia mieloide es reversible?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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