DICCIONARIO MÉDICO
Meningitis aséptica
La meningitis aséptica es la inflamación de las meninges que cursa con pleocitosis en el líquido cefalorraquídeo sin que los cultivos bacterianos habituales aíslen ningún germen. Bajo ese nombre se agrupan causas muy distintas entre sí, desde infecciones víricas hasta reacciones a determinados fármacos, y el pronóstico varía notablemente según cuál sea el origen concreto. El nombre combina dos raíces griegas con una historia curiosa. Meninge procede de mêninx, mêningos, palabra que en los textos hipocráticos designaba cualquier membrana del cuerpo (también se empleó para el tímpano del oído) y que terminó reservándose, en el uso médico, para las envolturas del encéfalo. El sufijo -itis marca la inflamación. Aséptica añade el prefijo privativo a- al adjetivo séptico, derivado de sēptikós, "que corrompe", de la raíz sēpein, "pudrir". La suma describe, con bastante literalidad, una membrana inflamada en la que no hay putrefacción bacteriana demostrable. El calificativo no significa ausencia de infección, sino ausencia de bacterias piógenas identificables por los métodos microbiológicos convencionales. El perfil típico del líquido cefalorraquídeo muestra predominio de linfocitos y monocitos, glucosa normal o algo descendida y proteínas normales o ligeramente elevadas: un patrón bien distinto del de la meningitis bacteriana clásica, donde mandan los neutrófilos y la glucosa cae con claridad. Bajo el mismo término conviven, en realidad, decenas de entidades de causa muy diferente que comparten únicamente ese hallazgo negativo en el cultivo. El pediatra sueco Arvid Wallgren acuñó la expresión en 1925, en un artículo de Acta Paediatrica en el que describía un cuadro benigno de irritación meníngea sin germen aislado y que él mismo creyó, de forma equivocada, una única enfermedad de causa vírica. Décadas después, con el desarrollo de la virología diagnóstica, se comprobó que el síndrome englobaba causas dispares, y el nombre quedó como una etiqueta clínica de conveniencia más que como el diagnóstico de una enfermedad concreta. La más frecuente, con diferencia, es la infección vírica. Los enterovirus, sobre todo los virus Coxsackie y los echovirus, están detrás de la mayoría de los episodios identificados, con un repunte estacional marcado en verano y principios de otoño. El virus del herpes simple tipo 2, el de la varicela zóster, el de la parotiditis y el de la coriomeningitis linfocítica aparecen con menor frecuencia, y en pacientes con las defensas comprometidas el abanico de virus posibles se amplía todavía más. Existe también un grupo no infeccioso, minoritario pero clínicamente relevante. Ciertos antiinflamatorios no esteroideos y algunos antibióticos, entre ellos el trimetoprim-sulfametoxazol, pueden desencadenar el cuadro por un mecanismo de hipersensibilidad. Sucede algo parecido, y está bien documentado en la bibliografía médica, con las inmunoglobulinas administradas por vía intravenosa. Enfermedades sistémicas como el lupus eritematoso o la enfermedad de Behçet, así como la siembra de células malignas en el espacio subaracnoideo (lo que se conoce como carcinomatosis meníngea), completan el cuadro de causas no infecciosas. También puede aparecer tras ciertas intervenciones neuroquirúrgicas, sin que exista infección alguna de por medio. Frente al meningismo, que reproduce los signos de irritación meníngea sin inflamación demostrable en el líquido, la meningitis aséptica sí presenta pleocitosis real. La meningitis eosinofílica ocupa un lugar aparte dentro del mismo espectro de meningitis sin bacterias: el predominio celular no es linfocitario sino eosinófilo, y la causa más habitual es un parásito, no un virus. Cuando los episodios se repiten en el tiempo con intervalos libres de síntomas entre ellos, el cuadro recibe un nombre propio, el de meningitis de Mollaret, una variante concreta dentro de este terreno más amplio. La distinción con la meningitis bacteriana rara vez ofrece dudas una vez analizado el líquido cefalorraquídeo, aunque en las primeras horas los síntomas pueden confundirse. Lo que las separa, sobre todo, es la gravedad: la bacteriana puede dejar secuelas serias si no se aborda con rapidez, mientras que la mayor parte de los episodios de origen vírico se resuelven sin más. Cuando la inflamación se extiende también al tejido cerebral, deja de hablarse de meningitis aséptica en sentido estricto y el cuadro pasa a denominarse meningoencefalitis. Es más frecuente que la meningitis bacteriana, aunque buena parte de los episodios leves ni siquiera llegan a diagnosticarse con precisión. Los estudios clínicos sitúan la incidencia anual en torno a 7,6 casos por cada 100.000 adultos, con picos que coinciden con las epidemias estacionales de enterovirus. Los niños pequeños concentran los cuadros más llamativos, en parte porque acuden con más frecuencia a guarderías y colegios, focos habituales de contagio de estos virus. La mayoría se recupera sin secuelas. Del griego séptikós, "que corrompe", con el prefijo privativo a- delante. El nombre completo, acuñado por Arvid Wallgren en 1925, describía un cuadro de inflamación meníngea sin la putrefacción bacteriana que se esperaba encontrar en el líquido cefalorraquídeo. No. Meningitis vírica es una de las causas posibles, y con mucho la más frecuente, pero meningitis aséptica es un término más amplio que incluye también causas farmacológicas, autoinmunes y neoplásicas. El meningismo imita los signos clínicos de una meningitis (rigidez de nuca, cefalea) sin que exista inflamación real de las meninges ni alteración del líquido cefalorraquídeo. La meningitis aséptica, en cambio, sí cursa con pleocitosis demostrable en ese líquido, aunque el cultivo bacteriano sea negativo. En ocasiones poco frecuentes, sí. Algunos virus capaces de causar meningitis aséptica, en especial el herpes simple y ciertos enterovirus, pueden extender la inflamación al propio tejido cerebral en pacientes concretos, casi siempre por circunstancias individuales del huésped más que por una propiedad fija del virus. Cuando eso ocurre, la alteración del nivel de conciencia y la aparición de signos neurológicos focales marcan la diferencia con el cuadro meníngeo puro, y el término empleado pasa a ser meningoencefalitis en lugar de meningitis aséptica.Qué es la meningitis aséptica
Causas
Diferenciación con otros cuadros
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "aséptica"?
¿Es lo mismo que la meningitis vírica?
¿Qué diferencia hay con el meningismo?
¿Puede evolucionar hacia una meningoencefalitis?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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