DICCIONARIO MÉDICO
Lavado de manos quirúrgico
El lavado de manos quirúrgico, o antisepsia prequirúrgica de las manos, es el procedimiento que realiza el equipo de quirófano sobre manos y antebrazos antes de una intervención para reducir al mínimo la población de microorganismos de la piel. No es el lavado higiénico de la vida diaria: además de arrastrar la suciedad y los gérmenes ocasionales, actúa sobre la flora propia de la piel y deja un efecto que se prolonga durante toda la operación. Puede hacerse con un jabón antiséptico y agua o, cada vez más, con una solución de base alcohólica. Se trata de un procedimiento de antisepsia que el personal del equipo quirúrgico aplica sobre las manos y los antebrazos justo antes de entrar en el campo estéril. Su finalidad es doble: eliminar la suciedad y la flora transitoria, y reducir cuanto sea posible la flora residente, la que vive de forma estable en las capas superficiales de la piel. No persigue la esterilidad —la piel no puede esterilizarse sin dañarla—, sino rebajar la carga microbiana hasta un nivel que haga muy improbable la contaminación de la herida. La expresión combina dos historias. "Lavado" viene del latín lavare, "limpiar con agua", de uso tan antiguo como cotidiano. "Quirúrgico" tiene en cambio un origen más culto: procede del latín chirurgicus y este del griego χειρουργικός (cheirourgikós), formado por χείρ (cheír, "mano") y ἔργον (érgon, "obra" o "trabajo"). La cirugía es, en su raíz, el trabajo hecho con las manos. Y ahí hay una coincidencia que vale la pena señalar: las manos del cirujano son a la vez el instrumento que opera y aquello que más cuidado exige preparar antes de operar. Conviene situarlo en su contexto. La infección del sitio quirúrgico —una infección nosocomial de las más temidas— puede tener su origen en la propia piel de quien opera. Por eso la preparación de las manos no se deja a la improvisación y sigue un método definido, que se ha ido depurando con la evidencia de las últimas décadas. Para entender por qué el lavado quirúrgico es como es, conviene conocer qué hay sobre la piel. Los microorganismos que la habitan se reparten en dos grupos. La flora transitoria se deposita por contacto —al tocar superficies, objetos o a otras personas—, vive en la capa más externa, se elimina con relativa facilidad y es la principal responsable de la transmisión de infecciones en el ámbito sanitario. La flora residente está formada por microorganismos que colonizan de manera estable las capas profundas de la epidermis, los folículos y las glándulas; cuesta mucho más desalojarla y rara vez causa problemas, salvo cuando se introduce en un tejido que debería ser estéril, como sucede durante una operación. El lavado higiénico corriente se ocupa sobre todo de la primera. El quirúrgico va más allá y rebaja también la segunda, con un matiz importante: emplea antisépticos que dejan una película activa sobre la piel, de manera que la población microbiana se mantenga baja durante las horas que dura la intervención, incluso bajo el guante. Esa actividad sostenida es uno de los criterios por los que se elige un producto para quirófano; la clorhexidina y la povidona yodada son los más habituales. No todos los lavados de manos persiguen lo mismo, y conviene no confundirlos. El lavado higiénico —también llamado lavado clínico u ordinario— se hace con agua y jabón común durante unos segundos y busca retirar la suciedad visible y la flora transitoria. Es el de la vida diaria y el de muchos momentos de la asistencia. Cuando las manos no están visiblemente sucias, puede sustituirse por la fricción con una solución hidroalcohólica, más rápida y al menos igual de eficaz para ese propósito. El lavado quirúrgico opera en otra escala. Dura más, abarca manos y antebrazos hasta el codo, exige un antiséptico de acción prolongada y se realiza una sola vez antes de cada intervención, tras la cual se colocan guantes estériles. Su objetivo no es solo la limpieza inmediata, sino mantener la piel con baja carga microbiana durante toda la cirugía. Existen dos formas aceptadas de preparación quirúrgica de las manos, y la Organización Mundial de la Salud recoge ambas en sus directrices. La primera es el lavado con jabón antiséptico y agua; la segunda, la fricción quirúrgica con una solución de base alcohólica, que ha ganado terreno por ser más rápida, menos agresiva para la piel y muy eficaz. En los dos casos hay un paso previo común: retirar anillos, reloj y pulseras, y llevar las uñas cortas, limpias y sin esmalte ni postizos. En el lavado con agua y antiséptico, el procedimiento consiste, a grandes rasgos, en mojar manos y antebrazos, aplicar el producto y frotar de forma sistemática desde las puntas de los dedos hacia el codo, sin volver atrás, de modo que el agua escurra siempre de la zona más limpia, la mano, a la menos limpia, el codo. Se insiste en los espacios interdigitales y en la región de debajo de las uñas, donde más microorganismos se acumulan. Después se aclara manteniendo las manos por encima de los codos y se secan con una compresa estéril. El tiempo recomendado se sitúa entre dos y cinco minutos según el producto; ya no se persiguen los lavados larguísimos de antaño, porque no añaden eficacia y maltratan la piel. El uso del cepillo merece una aclaración, porque es seguramente el punto que más ha cambiado. Durante décadas se cepillaban con fuerza la piel y las uñas; hoy la recomendación es la contraria. El cepillado repetido erosiona la epidermis, aumenta la descamación y, lejos de ayudar, puede elevar el recuento bacteriano. Las directrices actuales lo desaconsejan para la piel y lo reservan, como mucho y de forma suave, para la limpieza de las uñas en el primer lavado del día. En la fricción con solución alcohólica no interviene el agua: sobre las manos ya limpias y secas se aplica el producto y se distribuye por toda la superficie de manos y antebrazos siguiendo una secuencia establecida, hasta que se evapora del todo. No se aclara ni se seca con paño. Hay una fecha y un nombre detrás de la idea de que lavarse las manos salva vidas. En 1847, en el Hospital General de Viena, el obstetra húngaro Ignaz Semmelweis observó que la fiebre puerperal mataba a muchas más mujeres en la sala atendida por médicos y estudiantes —que llegaban de practicar autopsias— que en la atendida por matronas. Dedujo que los profesionales transportaban en sus manos algo letal desde la sala de disección e impuso el lavado con una solución de cal clorada antes de atender los partos. La mortalidad se desplomó. Sus colegas no le creyeron, y Semmelweis murió sin ver reconocida su intuición, años antes de que Pasteur y Lister dieran fundamento microbiológico a lo que él solo había podido demostrar con cifras. La práctica que hoy estructuran las campañas internacionales de higiene de manos desciende en línea directa de aquella observación vienesa. Del griego, a través del latín. Χείρ (cheír) es "mano" y ἔργον (érgon), "obra" o "trabajo"; de su unión salió χειρουργικός, "lo relativo al trabajo hecho con las manos". Resulta casi irónico que sean precisamente las manos lo que el cirujano debe preparar con más esmero antes de operar. En el objetivo y en el alcance. El lavado corriente retira la suciedad y los gérmenes depositados por contacto; el quirúrgico, además, reduce la flora que vive de forma permanente en la piel y mantiene ese efecto durante horas gracias al antiséptico. También cambia la zona tratada: el quirúrgico llega hasta el codo, no se queda en las manos. Hoy se desaconseja. El cepillado repetido daña la piel y puede aumentar el número de bacterias en lugar de reducirlo. Como mucho se admite un cepillado suave de las uñas en el primer lavado de la jornada. Las dos opciones son válidas y la Organización Mundial de la Salud las acepta por igual cuando se realizan correctamente. La fricción con solución de base alcohólica se ha extendido porque es más rápida, reseca menos la piel y ahorra agua, pero exige que las manos estén ya limpias y secas. El lavado con agua y antiséptico sigue siendo necesario cuando hay suciedad visible. La elección depende del protocolo de cada centro y de las condiciones de partida. Si desea profundizar en conceptos asociados al lavado de manos quirúrgico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el lavado de manos quirúrgico
La flora de la piel: transitoria y residente
Diferencias entre el lavado quirúrgico y el lavado higiénico
Técnica, pasos y tiempos del lavado quirúrgico
Ignaz Semmelweis y el origen de la higiene de manos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «quirúrgico»?
¿En qué se diferencia del lavado de manos normal?
¿Hay que usar cepillo?
¿Es mejor el agua con jabón antiséptico o la solución alcohólica?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
© Clínica Universidad de Navarra 2026