DICCIONARIO MÉDICO

Juramento hipocrático

El juramento hipocrático es el texto ético más antiguo de la medicina occidental: un compromiso solemne, atribuido al médico griego Hipócrates de Cos (siglo V a. C.), en el que quien va a ejercer promete hacerlo en beneficio del enfermo, no causar daño, guardar el secreto y honrar a sus maestros.

Qué es el juramento hipocrático

Se trata de un texto breve, apenas unas decenas de líneas en su versión griega original, que fija los deberes morales del médico hacia sus pacientes, sus maestros y sus colegas. El adjetivo "hipocrático" remite a Hipócrates, considerado el padre de la medicina, y a su escuela, aunque conviene tomar esa autoría con cautela.

El juramento forma parte del Corpus Hippocraticum, una colección de unos setenta tratados médicos reunidos bajo el nombre de Hipócrates pero redactados por muchas manos distintas a lo largo de unos dos siglos. Los historiadores actuales dudan de que el propio Hipócrates lo escribiera. Una hipótesis extendida atribuye su espíritu al círculo de los pitagóricos, por los valores que refleja. La cuestión sigue abierta.

Qué promete el que jura

El texto se abre con una invocación a las divinidades de la medicina griega (Apolo médico, Asclepio y sus hijas Higía y Panacea), tomadas como testigos del compromiso. A partir de ahí, enuncia una serie de deberes que han demostrado una longevidad notable.

Actuar siempre en beneficio del paciente y abstenerse de perjudicarlo. Guardar como un secreto aquello que se conozca en el ejercicio de la profesión, principio que hoy llamamos secreto médico o confidencialidad. Respetar y sostener a quien le enseñó el oficio, hasta el punto de considerarlo como a un padre. Estas ideas siguen latiendo en la ética médica contemporánea.

El texto del juramento

El juramento carece de una redacción única y canónica: su forma varía según la edición y el traductor. Esta es una traducción de su versión clásica, la más difundida.

Juro por Apolo médico, por Asclepio, por Higía y por Panacea, y pongo por testigos a todos los dioses y diosas, que cumpliré, en la medida de mis fuerzas y de mi juicio, este juramento y este compromiso.

Tendré a quien me enseñó este arte en la misma consideración que a mis padres; compartiré con él mi sustento y, si lo necesita, atenderé sus necesidades. A sus hijos los tendré por hermanos y, si desean aprender el arte, se lo enseñaré sin cobrarles nada ni exigirles compromiso alguno. Transmitiré los preceptos, las lecciones y todo el saber de la profesión a mis hijos, a los del maestro que me instruyó y a los discípulos que hayan jurado según la costumbre médica; a nadie más.

Dispondré el régimen de los enfermos para su bien, según mi capacidad y mi criterio, y me abstendré de cuanto pueda causarles daño o injusticia.

A nadie daré, aunque me lo pida, un remedio mortal, ni sugeriré tal cosa. Tampoco entregaré a una mujer un remedio abortivo. Conservaré puras mi vida y mi profesión.

No emplearé el bisturí ni siquiera con quienes sufren de cálculos, sino que dejaré esa tarea a quienes se ocupan de ella.

En cuantas casas entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia deliberada y, en particular, de toda relación íntima con las personas, sean mujeres u hombres, libres o esclavos.

Lo que vea u oiga en el ejercicio de mi profesión, o incluso fuera de ella, si no debe divulgarse, lo callaré y lo guardaré como un secreto.

Si cumplo este juramento sin quebrantarlo, que me sea dado gozar de mi vida y de mi profesión, honrado por todos para siempre. Si lo quebranto y cometo perjurio, que me suceda lo contrario.

Del templo griego a las facultades

El juramento no se impuso de golpe. Según Galeno, el gran médico grecorromano del siglo II, Hipócrates lo habría instituido al empezar a formar como aprendices a jóvenes ajenos a su propia familia, para atarlos con un compromiso donde antes bastaba el vínculo de sangre. Durante la Antigüedad tardía y la Edad Media el texto se copió y se conservó, pero su uso como rito era escaso.

El Renacimiento, con su devoción por la cultura grecolatina, lo rescató. En 1531 el papa Clemente VII, mediante la bula Quod iusiurandum, dispuso que lo pronunciaran quienes se graduaban en medicina, y desde el siglo XIX la costumbre fue arraigando en las facultades de distintos países. La generalización llegó, sobre todo, tras la Segunda Guerra Mundial.

La versión moderna: la Declaración de Ginebra

El texto original, leído hoy, resulta en varios puntos ajeno a la sensibilidad actual. Por eso la Asociación Médica Mundial aprobó en 1948 la Declaración de Ginebra, una reformulación de los principios hipocráticos en lenguaje laico y universal. No fue casual: nacía como respuesta a las atrocidades cometidas en nombre de la medicina durante la guerra que acababa de terminar.

Aquella declaración se ha ido enmendando en 1968, 1983 y 1994, con revisiones posteriores, hasta la versión vigente de 2017. En ella, el médico se compromete a poner la salud del paciente por encima de todo, a respetar su autonomía y a no permitir que consideraciones ajenas se interpongan en su deber. En paralelo circula otra adaptación célebre, la que el doctor Louis Lasagna redactó en 1964, muy usada en las facultades anglosajonas.

Preguntas frecuentes

¿Lo escribió realmente Hipócrates?

Es muy dudoso. El Corpus Hippocraticum es obra de varios autores a lo largo de unos dos siglos, y una corriente historiográfica atribuye el juramento al entorno pitagórico. Lo seguro es que el texto ya existía en época clásica y quedó asociado al nombre de Hipócrates como máxima autoridad médica de la Antigüedad.

¿Están obligados los médicos a jurarlo?

No existe una obligación legal universal. Muchas facultades celebran al terminar la carrera un acto solemne en el que se pronuncia alguna versión del juramento o de la Declaración de Ginebra, pero la práctica varía de un país a otro e incluso de una universidad a otra.

¿Aparece en él la frase "lo primero es no dañar"?

No en esas palabras. La máxima latina primum non nocere se asocia a la tradición hipocrática, pero procede de otro texto del corpus, los Tratados de las epidemias, no del juramento. La idea de no perjudicar al enfermo sí está presente en el juramento, expresada de otro modo.

¿Sigue vigente hoy?

Como texto ritual, en muchos lugares conserva sobre todo un valor histórico y simbólico. Su contenido ético, sin embargo, pervive actualizado en la Declaración de Ginebra y en los códigos deontológicos de los colegios de médicos.

Referencias

  1. Asociación Médica Mundial. Declaración de Ginebra (versión 2017).
  2. Evolución del juramento hipocrático: ¿qué ha cambiado y por qué? Revista Médica de Chile.
  3. Pasado y presente del juramento hipocrático: análisis de su vigencia. Revista del Hospital Italiano de Buenos Aires.
  4. Real Academia Española. Diccionario de la lengua española: hipocrático.

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