DICCIONARIO MÉDICO
Inmunoblasto
El inmunoblasto es un linfocito que, tras reconocer el antígeno que activa su receptor, deja el estado de reposo y se convierte en una célula de mayor tamaño, con citoplasma azulado y un núcleo que muestra nucléolos prominentes. Representa una fase de tránsito: la célula se ha puesto en marcha y se prepara para dividirse y para originar a las que ejecutan la respuesta inmunitaria, desde la célula plasmática que fabrica anticuerpos hasta el linfocito efector. La palabra reúne el prefijo inmuno-, del latín immunis (exento, libre), que en medicina remite a la protección frente a la enfermedad, y el elemento -blasto, del griego blastós (βλαστός), germen o brote, que en biología nombra a una célula joven o en formación. Un inmunoblasto es una célula del linaje linfocitario en estado activado, lo contrario de una célula en reposo. En la sangre y en los tejidos, la mayoría de los linfocitos están quiescentes: tienen poco citoplasma y un núcleo compacto y oscuro. Cuando uno de ellos se topa con el antígeno que encaja en su receptor, se desencadena la llamada transformación blástica. La célula crece, el citoplasma se llena de ribosomas y de retículo (la maquinaria con la que se fabrican proteínas) y el núcleo despliega uno o varios nucléolos bien visibles. Ese linfocito transformado es el inmunoblasto, que mide entre 15 y 25 micrómetros, bastante más que el linfocito pequeño del que procede. La transformación no es un cambio de apariencia sin consecuencias. Una célula que va a dividirse muchas veces y, si pertenece a la estirpe B, a segregar cantidades enormes de anticuerpo necesita antes ampliar su fábrica interna. El citoplasma intensamente basófilo del inmunoblasto (esa tonalidad azul en las tinciones habituales del laboratorio) delata la abundancia de ácido ribonucleico ligado a la síntesis de proteínas. Hay inmunoblastos de estirpe B y de estirpe T. El de estirpe B constituye el paso previo a la célula plasmática, la que sale del ganglio y se asienta en la médula ósea para producir anticuerpos. De la estirpe T surgen, en cambio, los linfocitos T efectores que coordinan o ejecutan la inmunidad celular. El destino varía según el linaje; la lógica es común: una célula pequeña y callada se vuelve grande y metabólicamente activa. Surgen allí donde se está montando una respuesta: en la paracorteza de los ganglios linfáticos, territorio de los linfocitos T; en las zonas donde los linfocitos B se activan fuera del folículo; y en el bazo. Dentro del centro germinal, el linfocito B que prolifera con rapidez recibe un nombre propio, centroblasto, así que conviene no tratar ambos términos como equivalentes exactos. Inmunoblasto es la denominación general del linfocito activado y transformado; centroblasto designa esa variante concreta del centro germinal. Fuera de los órganos linfáticos, los inmunoblastos pueden asomarse a la sangre. Ocurre en algunas infecciones víricas, en particular en la mononucleosis infecciosa por virus de Epstein-Barr, cuando el hemograma muestra los llamados linfocitos reactivos o atípicos: buena parte de ellos son, en rigor, inmunoblastos que han pasado a la circulación. Su presencia no apunta a un tumor, sino a un sistema inmunitario trabajando a pleno rendimiento. Ambos son blastos linfoides, células grandes con nucléolo, y comparten sufijo, lo que alimenta la confusión. La diferencia está en el origen. El linfoblasto es la célula joven e inmadura que, en la médula ósea, todavía madura hacia linfocito; también se llama así a la célula maligna que prolifera en la leucemia linfoblástica aguda. El inmunoblasto procede de un linfocito ya maduro que se ha activado al encontrar su antígeno: no es una célula inmadura, sino una célula experimentada que ha vuelto a crecer para ponerse a trabajar. La distinción tiene peso en el laboratorio, porque quien examina un ganglio o una extensión de sangre debe discernir si las células grandes que ve corresponden a una reacción o a una proliferación tumoral. Del latín immunis, exento o libre, y del griego blastós, germen o brote. La medicina adoptó el elemento -blasto para nombrar células jóvenes o en formación. En este caso resulta algo engañoso, porque el inmunoblasto no es una célula inmadura, sino un linfocito maduro que ha recuperado el aspecto de célula en crecimiento. En una persona sana apenas se ven. Su aparición durante una infección vírica, sin embargo, es un fenómeno reactivo y esperable, no un signo de enfermedad de la sangre por sí mismo. El número desciende cuando la infección se resuelve. No. El inmunoblasto B es una etapa anterior. Al continuar su maduración pierde parte de la capacidad de dividirse, reorganiza el citoplasma y se convierte en célula plasmática, la forma final especializada en secretar anticuerpos. Son términos que se solapan sin coincidir. El centroblasto es el linfocito B que prolifera en la zona oscura del centro germinal. El inmunoblasto es la denominación más amplia de cualquier linfocito activado y transformado, dentro o fuera del centro germinal. En la práctica hematológica se habla de inmunoblastos al describir células grandes reactivas en la sangre o en la paracorteza del ganglio.Qué es un inmunoblasto
Del linfocito en reposo a la célula activada
Dónde aparecen los inmunoblastos
Inmunoblasto y linfoblasto no son lo mismo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra inmunoblasto?
¿Es normal encontrar inmunoblastos en un análisis de sangre?
¿El inmunoblasto y la célula plasmática son la misma célula?
¿Qué relación hay entre el inmunoblasto y el centroblasto?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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