DICCIONARIO MÉDICO
Hiperalgia
La hiperalgia es una respuesta dolorosa exagerada ante un estímulo que ya de por sí resulta doloroso. Un pinchazo, un pellizco o el calor que en condiciones normales causarían una molestia leve provocan, en quien la padece, un dolor intenso y desproporcionado. Refleja que el sistema del dolor se ha vuelto más sensible de lo debido, en el punto donde se genera la señal o en la vía que la conduce. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor la define como una respuesta aumentada a un estímulo que normalmente es doloroso. La clave está en esa última precisión. El estímulo ya duele por naturaleza; lo anómalo es la magnitud de la reacción, que supera con creces lo esperable. El término procede del griego ἄλγος (álgos, «dolor») con el prefijo hiper- de exceso. Circula también la variante hiperalgesia, algo más frecuente en la literatura especializada, que incorpora la raíz ἄλγησις (álgēsis, «sensación de dolor»): donde hiperalgia subraya el exceso de dolor, hiperalgesia subraya el exceso de sensibilidad dolorosa. Ambas nombran el mismo fenómeno. La confusión más habitual es con la alodinia, y la frontera entre ambas es nítida. En la hiperalgia, el estímulo desencadenante duele de suyo, pero la respuesta es excesiva. En la alodinia, el estímulo no debería doler en absoluto (una caricia, el roce de la ropa, un soplo de aire) y sin embargo produce dolor. Una amplifica una señal dolorosa; la otra convierte en dolorosa una señal que no lo era. Conviene separarla también de otros términos vecinos. La hiperestesia es un aumento de la sensibilidad a cualquier estímulo, no solo al doloroso, por lo que es un concepto más amplio. La hipoalgesia es lo contrario de la hiperalgia: una respuesta dolorosa disminuida. Y la disestesia designa una sensación anómala y desagradable, que la persona describe a menudo como quemazón u hormigueo, sin que medie necesariamente un estímulo externo. Detrás de la hiperalgia hay un fenómeno de sensibilización, y puede ocurrir en dos niveles. La sensibilización periférica se produce en los propios nociceptores, las terminaciones nerviosas que detectan el daño. Cuando un tejido se lesiona o se inflama, libera sustancias como las prostaglandinas y la bradicinina que rebajan el umbral de esos receptores: descargan antes y con más facilidad. La sensibilización central, en cambio, tiene lugar en la médula espinal y en estructuras superiores, donde las neuronas que reciben la señal amplifican su respuesta y ensanchan el territorio del que aceptan información dolorosa. Esa distinción de niveles explica una clasificación clásica. La hiperalgia primaria aparece justo en la zona lesionada y se atribuye sobre todo a la sensibilización de los nociceptores locales. La hiperalgia secundaria se extiende más allá, a tejido vecino intacto, y no puede explicarse solo por cambios periféricos: es obra del procesamiento central. La primera se queda en el foco; la segunda desborda sus límites. La hiperalgia se nombra a veces por la clase de estímulo que la desvela. Se habla de hiperalgia térmica cuando el dolor desproporcionado surge con el calor o el frío, y de hiperalgia mecánica cuando lo provocan la presión, el pinchazo o el roce firme. Existe además un fenómeno singular: la hiperalgia inducida por opioides, en la que el uso prolongado de estos analgésicos puede, paradójicamente, aumentar la sensibilidad al dolor en lugar de reducirla. Distinguirla de una simple pérdida de eficacia del fármaco no siempre es sencillo. Las dos formas son correctas y aluden a lo mismo. Hiperalgia se construye sobre álgos, «dolor»; hiperalgesia, sobre álgēsis, «sensación de dolor». La segunda es la más usada en los textos de neurología y anestesia, mientras que hiperalgia aparece con frecuencia en el lenguaje clínico general. En el tipo de estímulo. La hiperalgia es una respuesta excesiva a algo que ya duele. La alodinia es dolor provocado por algo que normalmente no duele, como una caricia o el roce de la sábana. Con frecuencia coexisten en la misma persona, sobre todo en el dolor de origen nervioso, pero son fenómenos distintos. Sí, y resulta paradójico. Es lo que ocurre en la hiperalgia inducida por opioides: el empleo prolongado de estos medicamentos puede sensibilizar el sistema del dolor y hacer que la persona perciba más dolor, no menos. Es un fenómeno reconocido que obliga a revisar con cuidado la respuesta cuando el dolor se intensifica de forma inesperada. No. Puede circunscribirse a una zona concreta, como el área que rodea una herida, o presentarse de forma difusa y afectar a amplias regiones del cuerpo. La forma focal se asocia a menudo a una lesión; la difusa aparece en ciertos cuadros de dolor crónico ligados a la sensibilización central.Qué es la hiperalgia
Qué la distingue de la alodinia y de otros trastornos de la sensibilidad
Por qué el sistema se vuelve más sensible
Tipos según el estímulo
Preguntas frecuentes
¿Se escribe hiperalgia o hiperalgesia?
¿En qué se diferencia de la alodinia?
¿Puede un analgésico provocar más dolor?
¿La hiperalgia es siempre localizada?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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