DICCIONARIO MÉDICO
Hemorroide interna
La hemorroide interna es la dilatación de uno de los cojines vasculares que se asientan por encima de la línea dentada, en la porción del conducto anal revestida de mucosa. Esos cojines forman parte de la anatomía normal y colaboran en el cierre fino del ano; solo se habla de alteración cuando se congestionan, aumentan de tamaño o descienden. Por dónde se sitúan quedan fuera del territorio de la sensibilidad cutánea, un detalle que explica buena parte de su comportamiento. El término hemorroide procede del griego αἱμορροΐς (haimorroís), formado sobre αἷμα (haima, sangre) y el verbo ῥέω (rhéo, fluir). Designa literalmente algo por donde mana sangre, y así lo empleó Hipócrates en el siglo V a. C. para nombrar las venas anales que sangraban. El castellano lo recogió pronto: hacia 1250 ya se lee la forma amorroyda. La voz popular almorrana, documentada en 1490, procede de un latín tardío distinto pero apunta al mismo cuadro. En sentido anatómico estricto, las hemorroides no son una lesión sino una estructura que todos tenemos. Se trata de cojines de tejido conjuntivo ricos en vasos, situados en el conducto anal, que contribuyen a la continencia al sellar el orificio. La variante interna corresponde a los cojines que nacen por encima de la línea dentada y quedan cubiertos por mucosa, nunca por piel. Ocupan tres posiciones bastante constantes: anterior derecha, posterior derecha y lateral izquierda. La línea dentada, también llamada pectínea, separa dos mundos dentro del conducto anal. Por encima, el revestimiento es mucosa de origen intestinal, gobernada por el sistema nervioso autónomo, que apenas transmite dolor. Por debajo, el epitelio se parece a la piel y lo recorren nervios somáticos sensibles al tacto, la temperatura y el dolor. La hemorroide interna habita la mitad superior. De ahí que, cuando sangra o se dilata, lo haga casi siempre sin doler, algo que desconcierta a quien la padece. Hay una segunda diferencia que suele pasar inadvertida y tiene su peso: el drenaje venoso. La sangre de los cojines internos se recoge por la vena rectal superior, que pertenece al sistema porta, mientras que la de los externos sigue la vía general del organismo. Esa doble dependencia venosa es una de las razones por las que la región anal se congestiona con tanta facilidad. Las hemorroides internas se ordenan en cuatro grados según cuánto desciendan, una escala que propuso el cirujano británico John Goligher y que sigue vigente. Conviene retener un matiz: esa graduación se aplica solo a la porción interna. El componente externo no se clasifica por grados. En el grado I la hemorroide permanece dentro del conducto y no asoma al exterior; solo se aprecia mediante exploración instrumental. El grado II se reconoce porque el cojín desciende con el esfuerzo defecatorio y luego vuelve a su sitio por sí solo. Cuando hace falta reintroducirlo con la mano, se habla de grado III. El grado IV, por último, corresponde a la hemorroide que queda fuera de manera permanente y ya no puede recolocarse. Ese recorrido dibuja el debilitamiento gradual del tejido que ancla el cojín a la pared del recto. La distinción entre ambas no es de intensidad sino de territorio. La hemorroide externa nace por debajo de la línea dentada, se cubre de piel y dispone de inervación somática, de modo que puede doler. La interna, arriba, revestida de mucosa, tiende al sangrado indoloro. No es raro que convivan las dos en la misma persona, y entonces se habla de hemorroides mixtas. Cuando una hemorroide interna avanza tanto que asoma de forma continuada, entra en el terreno de la hemorroide prolapsada, que no es un tipo aparte sino un estadio evolutivo. Porque se asienta por encima de la línea dentada, en una zona revestida de mucosa e inervada por el sistema autónomo, que no conduce el dolor cutáneo. Por eso su manifestación más característica es el sangrado sin molestia. Cuando aparece dolor, suele deberse a que la hemorroide se ha prolapsado o a que coexiste un componente externo. Sí. Almorrana es el nombre popular castellano, recogido desde 1490, del mismo cuadro que la medicina llama hemorroide. La palabra culta viene del griego; la popular, de un latín tardío. Nombran lo mismo. La posibilidad de recolocar el cojín. En el grado III la hemorroide que ha descendido admite reintroducción manual; en el grado IV permanece fuera de forma estable y ya no se reduce. Esa frontera señala el punto en que el tejido de sujeción ha cedido casi por completo. No necesariamente. Los cojines hemorroidales internos existen en todas las personas y cumplen una función en el cierre del ano. Solo se consideran una alteración cuando se dilatan, sangran o descienden de su posición. Consulte también la información clínica completa sobre las hemorroides Si busca las causas, las manifestaciones y las opciones de atención de esta afección, puede consultar la información sobre hemorroides elaborada por el departamento de Cirugía General de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la hemorroide interna, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la hemorroide interna
La línea dentada como frontera
La clasificación de Goligher
Diferencias con la hemorroide externa
Preguntas frecuentes
¿Por qué la hemorroide interna no suele doler?
¿Hemorroides y almorranas son lo mismo?
¿Qué separa el grado III del grado IV?
¿Tener hemorroides internas significa estar enfermo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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