DICCIONARIO MÉDICO
Fractura compuesta
La fractura compuesta es una fractura en la que existe una comunicación entre el foco de rotura ósea y el medio exterior a través de una herida en la piel y los tejidos blandos. Se denomina también fractura abierta o fractura expuesta, y se contrapone a la fractura cerrada (o simple), donde la piel permanece íntegra. El calificativo "compuesta" procede del inglés clásico compound fracture, expresión que apareció en la literatura quirúrgica británica del siglo XVIII para distinguir las fracturas que "se complicaban" con herida abierta de las que no lo hacían. El término compound no alude aquí a la existencia de múltiples fragmentos (un error de interpretación frecuente), sino al hecho de que la lesión "compone" dos elementos: la rotura del hueso y la rotura de la cubierta cutánea. En castellano, la denominación más empleada en la práctica clínica actual es fractura abierta, pero la forma compuesta persiste en textos de referencia y en la terminología de MedlinePlus. La comunicación con el exterior introduce un riesgo que no existe en las fracturas cerradas: la contaminación bacteriana del foco de fractura. La piel constituye la barrera mecánica principal frente a la infección; cuando esa barrera se interrumpe, la flora cutánea y los microorganismos ambientales acceden al hueso y a los tejidos blandos circundantes. Ese riesgo convierte a toda fractura compuesta en una urgencia quirúrgica. No todas las fracturas abiertas revisten la misma gravedad. En 1976, Ramón Gustilo y John Anderson propusieron un sistema de clasificación basado en el tamaño de la herida, el grado de contaminación y la extensión del daño en los tejidos blandos. Su esquema original distinguía tres tipos (I, II y III). Gustilo amplió posteriormente el tipo III en tres subtipos (IIIA, IIIB y IIIC), en función de la cobertura cutánea residual y de la presencia de lesión vascular que requiera reparación. Pese a su uso casi universal, la concordancia entre observadores es modesta: estudios publicados sitúan el acuerdo en torno al 60 %, lo que ha motivado propuestas alternativas como la de la Orthopaedic Trauma Association (OTA-OFC, 2010). Con todo, la clasificación de Gustilo sigue siendo el lenguaje compartido entre cirujanos ortopédicos de todo el mundo para comunicar la gravedad de una fractura compuesta. La apertura de la piel puede producirse de dos maneras. En el mecanismo más evidente, un fragmento óseo desplazado perfora los tejidos blandos desde dentro hacia fuera. Pero también ocurre al revés: un objeto externo (el parachoques de un vehículo, un proyectil, una pieza de maquinaria) desgarra la piel, el músculo y el periostio, y fractura el hueso en el mismo acto. Esta segunda vía suele asociarse a contaminación más intensa, porque el agente externo arrastra suciedad al interior del foco. La tibia es el hueso largo que con mayor frecuencia sufre fracturas compuestas, en parte porque su cara anteromedial se encuentra justo debajo de la piel, sin cobertura muscular significativa. Un impacto directo sobre esa zona dispone de muy poco tejido blando amortiguador entre la superficie cutánea y la cortical ósea. Antes del desarrollo de la antisepsia por Joseph Lister en la década de 1860, la fractura compuesta era una lesión con frecuencia mortal. La infección del foco abierto progresaba a gangrena y septicemia con una regularidad aterradora: las estadísticas de la Guerra de Crimea (1853-1856) y de la Guerra Civil estadounidense (1861-1865) registran tasas de amputación superiores al 70 % en fracturas abiertas de extremidades. Lister aplicó ácido fénico a la herida de una fractura compuesta de tibia en un niño de once años, James Greenlees, en 1865, y logró la consolidación sin infección. Aquel caso, publicado en The Lancet en 1867, inauguró la era de la cirugía antiséptica. Porque el adjetivo no se refiere al número de fragmentos, sino a la coexistencia de dos lesiones: la rotura ósea y la herida de partes blandas que comunica con ella. El término proviene del inglés compound, que en este contexto significa "combinado" o "complicado por". Sí. Ambas expresiones describen una fractura cuyo foco está en comunicación con el exterior a través de una herida. La terminología anglosajona clásica prefiere compound fracture; la literatura quirúrgica contemporánea emplea mayoritariamente open fracture (fractura abierta). En la práctica, sí. Incluso las de tipo I de Gustilo (herida pequeña, baja contaminación) requieren como mínimo una limpieza quirúrgica del foco para retirar tejido desvitalizado y reducir la carga bacteriana. Cuanto mayor es el grado de Gustilo, más compleja resulta la intervención. No. La fractura conminuta se define por el número de fragmentos (tres o más), no por la integridad de la piel. Una fractura puede ser conminuta y cerrada, o conminuta y compuesta. Los dos conceptos responden a criterios clasificatorios distintos y pueden coexistir en la misma lesión.Qué es una fractura compuesta
La clasificación de Gustilo y Anderson
Mecanismo de producción
Relevancia histórica del concepto
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "compuesta" si solo hay un hueso roto?
¿Fractura compuesta y fractura abierta son exactamente lo mismo?
¿Toda fractura compuesta necesita cirugía?
¿Es lo mismo que una fractura conminuta?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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