DICCIONARIO MÉDICO
Fiebre amarilla
La fiebre amarilla es una enfermedad infecciosa aguda causada por un virus de la familia Flaviviridae, transmitido por mosquitos del género Aedes. Es endémica en regiones tropicales de África y América del Sur. El adjetivo "amarilla" alude a la ictericia que aparece en las formas graves, y su historia está ligada a algunos de los episodios más relevantes de la salud pública mundial. Se trata de una arbovirosis producida por el virus de la fiebre amarilla, un arbovirus del género Orthoflavivirus (antes Flavivirus), con genoma de ARN monocatenario de sentido positivo. El nombre de la enfermedad es descriptivo: "fiebre" por el signo cardinal, "amarilla" por el tinte ictérico de la piel y las mucosas que presentan los enfermos graves, consecuencia del daño hepático que el virus produce en su fase viscerotrópica. En inglés se la conoce como yellow fever; en francés como fièvre jaune; en la literatura histórica anglosajona aparece también como yellow jack, apodo que hacía referencia a la bandera amarilla de cuarentena que izaban los barcos afectados. La fiebre amarilla causó estragos en las ciudades portuarias del Caribe, el golfo de México y la costa atlántica sudamericana durante siglos, sin que nadie supiera cómo se transmitía. En 1881, el médico cubano Carlos Juan Finlay propuso que el vector era un mosquito, idea que en su momento fue recibida con escepticismo. Hubo que esperar a 1900 para que una comisión militar estadounidense, dirigida por Walter Reed, confirmara experimentalmente la hipótesis de Finlay mediante ensayos con voluntarios humanos, varios de los cuales fallecieron. El aislamiento del virus se consiguió en 1927. Diez años después, Max Theiler y su equipo en la Fundación Rockefeller desarrollaron la vacuna con la cepa atenuada 17D, que sigue siendo la base de la inmunización actual. Theiler recibió por ello el Premio Nobel de Medicina en 1951. Es uno de los pocos casos en los que un Nobel se concedió por el desarrollo de una vacuna vírica. La epidemiología de la fiebre amarilla se articula en tres ciclos, que dependen del vector y del hospedador. En el ciclo selvático, el virus circula entre primates no humanos y mosquitos de los géneros Haemagogus y Sabethes (en América) o Aedes africanus (en África). El ser humano se infecta al penetrar en la selva. En el ciclo intermedio, propio de las sabanas africanas, mosquitos semidomésticos transmiten el virus entre primates y personas que viven en el borde de zonas boscosas. El ciclo urbano, el más temido desde el punto de vista de salud pública, se establece cuando el virus pasa a Aedes aegypti, un mosquito estrechamente asociado al hábitat humano: aquí el reservorio es la propia persona infectada y los brotes pueden ser explosivos. No se transmite de persona a persona por contacto directo. Sin el mosquito, no hay transmisión. La mayoría de las infecciones son asintomáticas o cursan como un cuadro febril leve y autolimitado. En torno al 15 % de los pacientes, sin embargo, progresa a una fase viscerotrópica grave tras una breve remisión aparente. El hígado es el órgano diana principal: el virus destruye los hepatocitos y provoca necrosis hepática, lo que dispara la bilirrubina en sangre y produce la ictericia que hizo reconocible la enfermedad en los puertos coloniales. A ello se suman manifestaciones hemorrágicas (la fiebre amarilla es, de hecho, una fiebre hemorrágica viral) y fallo multiorgánico. La letalidad en esta fase grave se sitúa entre el 20 % y el 50 %. La OMS estima unos 200 000 casos anuales y 30 000 muertes, con el 90 % de la carga concentrada en África. La infranotificación es muy importante: el número real de infecciones puede ser entre 10 y 250 veces superior al notificado. América Latina ha experimentado un repunte preocupante. En 2024 se confirmaron 61 casos humanos con 30 muertes en la región, y las cifras de 2025 han superado ampliamente esas cifras, con brotes que se han desplazado fuera de la zona amazónica tradicional hacia áreas periurbanas de Brasil y Colombia. La existencia de una vacuna eficaz y la presencia de Aedes aegypti en buena parte de los trópicos hacen que la fiebre amarilla sea una enfermedad prevenible pero no erradicable con los medios actuales. Por el color amarillento de la piel y las mucosas (ictericia) que presentan los enfermos en la fase grave de la enfermedad, causado por la destrucción masiva de las células del hígado y la consiguiente acumulación de bilirrubina. El nombre es puramente descriptivo y aparece ya en documentos médicos coloniales del siglo XVIII. Sí, según la posición actual de la OMS, una dosis única de la vacuna 17D confiere inmunidad de por vida en la gran mayoría de las personas vacunadas. Hasta 2013 se requería una dosis de recuerdo cada diez años para el certificado internacional de vacunación; esa exigencia se eliminó tras revisarse la evidencia disponible. Actualmente, no. La enfermedad es endémica solo en regiones tropicales de África y América del Sur. Sin embargo, se ha detectado la presencia del mosquito Aedes aegypti en las islas Canarias, lo que recuerda que el vector competente puede establecerse en nuevos territorios si las condiciones lo permiten. Carlos Juan Finlay, médico cubano, formuló la hipótesis en 1881. La confirmación experimental llegó en 1900 de la mano de la comisión de Walter Reed. La contribución de Finlay fue tardíamente reconocida y hoy se le considera el descubridor del mecanismo de transmisión.Qué es la fiebre amarilla
Carlos Finlay, Walter Reed y la vacuna 17D
Ciclos de transmisión
Daño hepático y la ictericia que da nombre a la enfermedad
Situación epidemiológica actual
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "fiebre amarilla"?
¿La vacuna protege de por vida?
¿Existe riesgo de fiebre amarilla en Europa?
¿Quién descubrió que la transmitía un mosquito?
Referencias
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