DICCIONARIO MÉDICO
Estría de Haab
Las estrías de Haab son roturas lineales de la membrana de Descemet, la capa más interna de la córnea, que se producen por la distensión del globo ocular en el glaucoma congénito. Se consideran un signo patognomónico de esta enfermedad y su identificación temprana resulta clave para el pronóstico visual del niño. El término designa las fisuras o desgarros cicatrizados que aparecen en la membrana de Descemet cuando la presión intraocular elevada obliga a la córnea a expandirse más allá de su límite elástico. El estroma corneal posee cierta capacidad de distensión, pero la membrana de Descemet es rígida y frágil; soporta mal la tracción sostenida y acaba fracturándose. El epónimo honra al oftalmólogo suizo Otto Haab (1850-1931), catedrático de la Universidad de Zúrich durante más de tres décadas. Haab fue discípulo de Johann Friedrich Horner y completó su formación con figuras como Donders en Utrecht, von Arlt en Viena y Bowman en Londres. Su contribución a la oftalmología incluye, además de estas estrías corneales, el reflejo pupilar a la luz (reflejo de Haab), una escala para medir el diámetro pupilar y un electroimán diseñado para extraer cuerpos metálicos del ojo. Las estrías se presentan como líneas curvilíneas, horizontales o concéntricas al limbo esclerocorneal. Pueden ser únicas o múltiples, y en la lámpara de hendidura se aprecian como bandas con doble contorno, resultado de los bordes enrollados de la membrana rota. Predominan en la periferia corneal, aunque en fases avanzadas del buftalmos pueden extenderse hacia el centro. Su orientación es un dato clínico que permite distinguir el origen de la rotura. Las roturas de Descemet causadas por traumatismo obstétrico (fórceps) suelen ser verticales u oblicuas, mientras que las de Haab siguen una dirección predominantemente horizontal. Esta distinción tiene relevancia práctica porque el antecedente de parto instrumentado no siempre figura en la historia clínica del lactante. El glaucoma congénito primario resulta de un desarrollo anómalo del ángulo iridocorneal que impide el drenaje correcto del humor acuoso. La presión intraocular se eleva y, como el ojo del lactante aún conserva tejidos con elasticidad parcial, el globo se agranda (buftalmos) y la córnea se estira. Esa distensión es la que fractura la membrana de Descemet. La incidencia del glaucoma congénito primario oscila entre 1 de cada 10 000 y 1 de cada 20 000 nacidos vivos en poblaciones occidentales, con cifras más altas en regiones con elevada consanguinidad. En torno al 60 % de los casos se diagnostican antes de los seis meses de vida y la afectación es bilateral en el 70-80 % de los pacientes. Cuando la estría atraviesa el eje visual y el estroma adyacente se opacifica, la pérdida de agudeza visual puede ser permanente. De ahí que la exploración corneal minuciosa forme parte del examen oftalmológico de todo neonato con sospecha de hipertensión ocular. No toda rotura de Descemet es una estría de Haab. Conviene distinguir al menos tres situaciones: Roturas por traumatismo obstétrico. Producidas por la compresión del fórceps sobre el globo ocular durante el parto. Su orientación es vertical u oblicua, y suelen ser unilaterales. Generan edema corneal transitorio, pero sin aumento de la presión intraocular ni megalocórnea. Bandas de la distrofia polimorfa posterior. Lesiones bilaterales, con un patrón geográfico o vesicular en el endotelio corneal que se identifica bien con microscopía especular. Estas bandas no se asocian a hipertensión ocular y su evolución suele ser benigna. Queratocono avanzado con hidrops. La rotura aguda de Descemet provoca un edema corneal intenso y localizado. El contexto clínico es muy distinto: pacientes jóvenes con ectasia corneal progresiva, sin historia de presión intraocular elevada en la infancia. Por el oftalmólogo suizo Otto Haab, que ejerció en Zúrich entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Su nombre quedó vinculado a estas roturas corneales, al reflejo pupilar a la luz y a un electroimán que diseñó para la cirugía ocular. No. La diferencia principal es la orientación: las estrías de Haab son horizontales o concéntricas al limbo, porque la córnea se estira de manera radial por la presión intraocular. Las roturas por fórceps son verticales u oblicuas, resultado de la compresión mecánica directa del instrumento sobre el ojo del recién nacido durante el parto. En sentido estricto, no. Son un hallazgo de la infancia, consecuencia de la distensión corneal que solo ocurre mientras los tejidos oculares conservan plasticidad. En adultos con glaucoma, la córnea ya no se expande y la membrana de Descemet no se fractura por ese mecanismo. Lo que sí puede verse es la persistencia de estrías formadas años atrás en un paciente con antecedentes de glaucoma infantil. Si desea profundizar en conceptos asociados a las estrías de Haab, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la estría de Haab
Morfología y localización en la córnea
Contexto clínico en el glaucoma congénito
Diferenciación con otras roturas de la membrana de Descemet
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llaman estrías de Haab?
¿Son lo mismo las estrías de Haab y las roturas de Descemet por fórceps?
¿Puede un adulto presentar estrías de Haab?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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