DICCIONARIO MÉDICO
Esteroides anabólicos o anabolizantes
Los esteroides anabólicos androgénicos (EAA) son compuestos sintéticos derivados de la testosterona que combinan un efecto de construcción tisular (anabólico) con un efecto de masculinización (androgénico). Su uso médico legítimo se circunscribe a situaciones clínicas concretas; fuera de ellas, el consumo no supervisado conlleva riesgos graves para la salud. Un esteroide anabólico androgénico es toda molécula sintética que reproduce, total o parcialmente, la actividad biológica de la testosterona. El término "anabólico" procede del griego ἀναβολή (anabolḗ, "elevación, impulso hacia arriba"), de ἀνά (aná, "hacia arriba") y βάλλειν (bállein, "lanzar"), aludiendo al efecto de estimulación de la síntesis proteica y de retención de nitrógeno en el tejido muscular. "Androgénico" deriva de ἀνήρ, ἀνδρός (anḗr, andrós, "varón") y -γενής (-genḗs, "que genera"), y se refiere a la capacidad de promover caracteres sexuales masculinos. La testosterona fue aislada y cristalizada en 1935 por Ernst Laqueur a partir de extractos testiculares. Ese mismo año, Adolf Butenandt y Leopold Ružička lograron su síntesis química, trabajo por el que Ružička recibió el Nobel de Química en 1939. Poco después comenzó la búsqueda de análogos que conservaran el efecto anabólico y minimizaran el androgénico, una separación que nunca se ha logrado por completo. Los EAA atraviesan la membrana celular gracias a su naturaleza lipófila y se unen al receptor de andrógenos en el citoplasma. El complejo resultante se traslada al núcleo, donde modula la transcripción de genes implicados en la síntesis de proteínas musculares. La retención de nitrógeno que producen refleja un balance proteico positivo: se fabrica más proteína de la que se degrada, lo que se traduce en aumento de la masa del músculo esquelético. Conviene aclarar que la separación total entre efecto anabólico y efecto androgénico no se ha conseguido con ningún compuesto disponible hasta la fecha. Todos los EAA conservan, en mayor o menor grado, ambos componentes. Las indicaciones médicas se limitan a un puñado de situaciones. El hipogonadismo masculino (déficit documentado de testosterona) es la más frecuente. También se emplean en la pubertad retrasada, en la pérdida de masa muscular asociada a enfermedades crónicas graves y, de forma más restringida, en ciertas anemias refractarias. El angioedema hereditario es otra indicación clásica, pues algunos andrógenos atenuados estimulan la producción hepática del inhibidor de la C1 esterasa. Fuera de estas indicaciones, el uso de EAA carece de respaldo médico. El consumo con fines estéticos o deportivos supone un riesgo sanitario sin beneficio clínico justificado. El uso prolongado y a dosis suprafisiológicas se asocia a alteraciones cardiovasculares (disminución del colesterol HDL, aumento del LDL, hipertensión, hipertrofia ventricular), hepatotoxicidad (sobre todo con los compuestos 17α-alquilados administrados por vía oral), supresión del eje hipotálamo-hipófisis-gónada (que puede desembocar en infertilidad), acné, alopecia y cambios conductuales. En varones, la retroalimentación negativa sobre la hipófisis reduce la producción endógena de testosterona y la espermatogénesis. En mujeres, los efectos virilizantes (voz grave, hirsutismo, alteraciones menstruales) pueden ser irreversibles. La dependencia psicológica es otro problema reconocido. Las tasas de prevalencia de consumo se estiman en torno al 6 % en varones y el 2 % en mujeres a lo largo de la vida, según datos globales que incluyen poblaciones adultas y adolescentes. No hay que confundir los EAA con los corticosteroides (prednisona, dexametasona y similares). Ambos son esteroides, sí, pero pertenecen a familias bioquímicas diferentes: los corticosteroides derivan de la vía del cortisol y la aldosterona, y se prescriben por su acción antiinflamatoria e inmunosupresora. La única semejanza estructural es compartir el núcleo de cuatro anillos. Del griego anabolḗ, compuesto de aná ("hacia arriba") y bállein ("lanzar"). Describe el proceso metabólico de construcción de moléculas complejas a partir de otras más sencillas, lo contrario del catabolismo. En el contexto de estos esteroides, hace referencia a su capacidad de promover la síntesis de proteínas en el músculo. No. Son dos familias distintas de esteroides con acciones biológicas muy diferentes. Los anabólicos derivan de la testosterona y actúan sobre el receptor androgénico; los corticoides derivan de la vía del cortisol y actúan sobre receptores glucocorticoideos y mineralocorticoideos. Sí. Pueden generar dependencia psicológica y, al interrumpir su consumo, síndrome de abstinencia con fatiga, irritabilidad, pérdida de apetito y estado de ánimo deprimido. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos los clasifica entre las sustancias con potencial adictivo. Estrictamente, no. Todos los EAA disponibles conservan cierto grado de actividad androgénica. Se han diseñado compuestos con ratios anabólico/androgénico más favorables, pero la separación completa no se ha logrado en ningún fármaco aprobado hasta la fecha. Si desea profundizar en conceptos asociados a los esteroides anabólicos, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué son los esteroides anabólicos
Mecanismo de acción a nivel celular
Indicaciones médicas reconocidas
Riesgos del uso no supervisado
Diferenciación con los corticosteroides
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra anabólico?
¿Los esteroides anabólicos son lo mismo que los corticoides?
¿Producen adicción?
¿Existe algún anabólico que no tenga efecto androgénico?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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