DICCIONARIO MÉDICO
Espacio presacro
El espacio presacro es una región anatómica situada entre la cara anterior del sacro y la pared posterior del recto. Se trata de un espacio virtual en condiciones normales, ocupado por tejido conectivo laxo, vasos y ramas nerviosas del plexo sacro. Su conocimiento resulta especialmente relevante en cirugía colorrectal, donde constituye el plano de disección habitual durante la resección del recto. El espacio presacro, también denominado espacio retrorrectal, es un compartimento anatómico delimitado por varias estructuras fasciales de la pelvis. Su límite posterior lo forma la fascia presacra, adherida a la superficie anterior del sacro y del cóccix. Por delante, la fascia propia del recto (fascia mesorrectal) cierra el compartimento. Superiormente, la reflexión peritoneal pélvica establece el techo del espacio, mientras que el suelo queda definido por la fascia rectosacra (ligamento de Waldeyer), que se extiende desde la cuarta vértebra sacra hasta la pared rectal posterior, unos tres centímetros por encima de la unión anorrectal. Lateralmente, los uréteres, los vasos ilíacos y las raíces nerviosas sacras conforman unos límites menos nítidos. No es, en rigor, una cavidad abierta: en el individuo sano las estructuras que lo rodean permanecen en contacto y solo adquiere entidad real cuando la patología o la intervención quirúrgica separan sus paredes. El término combina el prefijo latino prae (delante de) con sacrum (hueso sacro, llamado así porque los romanos lo consideraban el hueso que se ofrecía en sacrificio). «Presacro» significa, literalmente, lo que se sitúa por delante del sacro. Dentro del tejido conectivo laxo que rellena este compartimento discurren los vasos sacros medios (rama terminal de la aorta abdominal y su vena acompañante), ramas de la arteria hemorroidal media, vasos iliolumbares y trayectos linfáticos asociados. El plexo venoso presacro, formado por venas avalvulares que comunican con el sistema venoso vertebral interno, es la estructura de mayor riesgo quirúrgico: su lesión accidental produce hemorragias difíciles de controlar porque las venas, al carecer de válvulas y estar adheridas al periostio sacro, se retraen hacia el hueso y no se pueden pinzar con facilidad. En la porción superior del espacio se localizan el nervio presacro (plexo hipogástrico superior) y los nervios hipogástricos, responsables de la inervación autonómica de los órganos pélvicos. Su preservación durante la cirugía condiciona la función vesical y sexual del paciente operado. Durante el desarrollo embrionario, la región presacra alberga tejidos procedentes de las tres capas germinativas: neuroectodermo, notocorda, porción caudal del intestino primitivo y proctodeo. Esta confluencia de orígenes explica la variedad histológica de las lesiones que pueden aparecer en este espacio. Los tumores presacros, aunque infrecuentes, abarcan desde quistes dermoides y teratomas (los más habituales en edad pediátrica, a menudo detectados en ecografías prenatales) hasta cordomas, schwannomas, meningoceles anteriores y, con menor frecuencia, linfomas o sarcomas de partes blandas. Muchas de estas lesiones permanecen asintomáticas durante años. Su hallazgo suele ser incidental en estudios de imagen solicitados por otro motivo, lo que no simplifica la decisión terapéutica. El espacio presacro adquiere protagonismo clínico en la escisión total del mesorrecto, técnica quirúrgica estandarizada para el cáncer de recto. El cirujano sigue el plano avascular entre la fascia mesorrectal y la fascia presacra, de modo que el mesorrecto se extrae íntegro con los ganglios linfáticos que contiene. Identificar correctamente ese plano reduce la tasa de recidiva local. En la práctica, la resonancia magnética pélvica es la técnica de imagen preferida para evaluar la relación del tumor con la fascia mesorrectal y planificar la estrategia quirúrgica. Tras cirugía con neoadyuvancia (quimiorradioterapia previa), el espacio presacro muestra cambios radiológicos complejos, desde fibrosis cicatricial hasta masas residuales cuya interpretación condiciona el seguimiento oncológico. Del latín prae (delante) y os sacrum (hueso sagrado). Los romanos llamaban sacrum al hueso que constituye la base de la columna porque era la pieza que se ofrecía en los sacrificios animales. «Presacro» designa, simplemente, lo que queda por delante de ese hueso. Sí. Son sinónimos empleados de forma intercambiable en la literatura quirúrgica. «Presacro» subraya la relación con el sacro; «retrorrectal», la relación con la cara posterior del recto. Designan la misma región. Con frecuencia, sí. La región presacra tiene capacidad para albergar masas de tamaño considerable antes de producir compresión sobre el recto, la vejiga o las raíces nerviosas. El hallazgo incidental en pruebas de imagen es habitual. Las venas del plexo presacro carecen de válvulas y están fijadas al periostio del sacro. Cuando se lesionan se retraen hacia el hueso, lo que impide su ligadura convencional. El sangrado puede ser muy abundante y difícil de detener con las técnicas hemostáticas habituales, por lo que se han desarrollado métodos específicos como las chinchetas hemostáticas óseas. Si desea profundizar en conceptos asociados al espacio presacro, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el espacio presacro
Contenido del espacio presacro y estructuras de riesgo
Origen embriológico y tipos de lesiones
Relevancia en cirugía colorrectal
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «espacio presacro»?
¿Es lo mismo espacio presacro y espacio retrorrectal?
¿Puede haber un tumor en el espacio presacro sin que la persona lo note?
¿Por qué es peligroso el sangrado del plexo venoso presacro?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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