DICCIONARIO MÉDICO
Enterovirus
Los enterovirus constituyen un género de virus ARN de cadena sencilla y sentido positivo, pertenecientes a la familia Picornaviridae. Agrupan más de cien serotipos con distribución mundial, incluidos los poliovirus, los coxsackievirus de los grupos A y B, los echovirus y los enterovirus numerados. La mayoría de las infecciones que producen son leves o pasan inadvertidas, pero algunos serotipos se asocian a cuadros neurológicos, cardíacos o neonatales de gravedad variable. El nombre combina el griego ἔντερον (énteron, "intestino") con el latín virus ("veneno"; su sentido de agente infeccioso se consolidó a finales del siglo XIX gracias a los trabajos de Pasteur y, sobre todo, de Beijerinck en 1898). La denominación refleja que estos virus se aislaron inicialmente del tracto digestivo, aunque su tropismo es mucho más amplio de lo que el nombre sugiere. Se trata de partículas pequeñas, de entre 20 y 30 nanómetros de diámetro, con cápside icosaédrica desnuda (carecen de envoltura lipídica, lo que les confiere resistencia en el medio ambiente y frente a solventes orgánicos). Su genoma, de aproximadamente 7 500 bases, codifica una única poliproteína que la maquinaria celular del hospedador procesa en proteínas estructurales y no estructurales. La primera documentación del término en español registrada en el CORDE data de 1964, en las Lecciones de patología y clínica médica de M. Díaz Rubio. Hasta los años noventa, la clasificación se basaba en criterios biológicos: capacidad de crecer en cultivo celular, patogenicidad en ratones lactantes y serología. De ahí surgieron los nombres clásicos: poliovirus (tipos 1, 2 y 3), coxsackievirus del grupo A (efecto en ratones lactantes con parálisis flácida), coxsackievirus del grupo B (parálisis espástica), echovirus (acrónimo de Enteric Cytopathic Human Orphan, virus "huérfanos" porque durante años no se les atribuyó enfermedad concreta) y los enterovirus numerados a partir del serotipo 68. La taxonomía molecular reorganizó este mosaico en cuatro especies que infectan al ser humano: Enterovirus A, B, C y D. Los poliovirus pasaron a integrarse en la especie Enterovirus C, y los rhinovirus, antes género independiente, se incorporaron al género Enterovirus como especies separadas (Rhinovirus A, B y C). No fue un cambio menor: obligó a redefinir la frontera entre virus "intestinales" y virus "respiratorios" que parecía nítida. La vía fecal-oral es la ruta principal. Los enterovirus resisten el pH ácido gástrico, se replican en la mucosa faríngea y en el epitelio intestinal, y pueden excretarse en heces durante semanas tras la infección, un dato relevante para entender por qué los brotes se extienden con rapidez en comunidades con saneamiento deficiente. La transmisión respiratoria, a través de gotículas, también está documentada para varios serotipos, en particular para el enterovirus D68. Una vez dentro de la célula hospedadora, el ARN genómico funciona directamente como ARN mensajero. La replicación es rápida y propensa a errores, con tasas de mutación elevadas y frecuentes eventos de recombinación genética. Esa inestabilidad del genoma explica, en parte, la enorme diversidad antigénica del género y la aparición periódica de variantes con tropismo o virulencia distintos. En regiones de clima templado, la circulación de enterovirus aumenta de forma marcada a finales de verano y durante el otoño. Los niños menores de cinco años son el grupo de edad más afectado, en gran medida porque carecen de inmunidad previa frente a serotipos con los que no han tenido contacto. La mayoría de las infecciones cursan de forma asintomática o con un cuadro febril inespecífico que se resuelve en pocos días. Solo una fracción progresa hacia formas invasivas. Los enterovirus son la causa vírica más frecuente de meningitis aséptica en la infancia. Se estima que millones de personas se infectan cada año en todo el mundo, aunque la cifra real se desconoce porque la vigilancia epidemiológica solo detecta los casos con manifestaciones clínicas relevantes. La meningitis aséptica es, con diferencia, la manifestación neurológica más habitual: fiebre, cefalea, rigidez de nuca y pleocitosis linfocitaria en el líquido cefalorraquídeo, con evolución habitualmente benigna. Los coxsackievirus B y varios echovirus figuran entre los serotipos implicados con mayor frecuencia. Algunos síndromes son casi exclusivos de los enterovirus. La herpangina (vesículas en el paladar blando, causadas sobre todo por coxsackievirus del grupo A), la enfermedad de manos, pies y boca (coxsackievirus A16 y enterovirus A71), la pleurodinia epidémica o enfermedad de Bornholm (coxsackievirus B) y, naturalmente, la poliomielitis configuran un espectro que va desde lo banal hasta la parálisis permanente. El enterovirus D68 merece mención aparte. Identificado en 1962 pero raro durante décadas, protagonizó en 2014 un brote de enfermedad respiratoria grave en Estados Unidos. Se asoció temporalmente a casos de mielitis flácida aguda en niños, una parálisis que recuerda a la poliomielitis y cuyo vínculo causal con el virus se ha ido afianzando con datos epidemiológicos, inmunológicos y experimentales. La miocarditis neonatal por coxsackievirus del grupo B sigue siendo una entidad grave, con tasa de mortalidad elevada en recién nacidos infectados por transmisión perinatal. Aunque rhinovirus y enterovirus comparten ahora el mismo género taxonómico, sus diferencias biológicas persisten. Los rhinovirus son termolábiles (se replican mejor a 33 °C, la temperatura de la mucosa nasal) y su tropismo es casi exclusivamente respiratorio. Los enterovirus resisten 37 °C, toleran el pH ácido del estómago y colonizan el intestino. El nombre del género unificado es enterovirus, pero en la práctica clínica conviene mantener la distinción. Los parecovirus humanos (antes clasificados como echovirus 22 y 23) se reclasificaron en un género aparte. No los detectan las pruebas estándar de RT-PCR diseñadas para enterovirus, un detalle con consecuencias prácticas: la meningoencefalitis por parecovirus A3 en lactantes puede pasar inadvertida si el laboratorio no solicita la PCR específica. Del griego ἔντερον (énteron), "intestino", y del latín virus, que originalmente significaba "veneno" o "jugo nocivo". Se acuñó para designar a un grupo de virus que se aislaron por primera vez del tubo digestivo. La primera documentación en español la recoge el CORDE en 1964. No. La mayor parte de las infecciones por enterovirus son asintomáticas o producen un cuadro febril leve que se confunde con un resfriado de verano. Los cuadros graves (meningitis, miocarditis, parálisis) representan una proporción pequeña del total de infecciones. Un poliovirus es un enterovirus, pero no todos los enterovirus son poliovirus. Los tres serotipos de poliovirus pertenecen a la especie Enterovirus C. El género incluye, además, más de un centenar de serotipos distintos con características clínicas muy diferentes. Desde 2014, datos epidemiológicos, virológicos e inmunológicos apuntan a que el enterovirus D68 es la causa de la mielitis flácida aguda, una parálisis que afecta sobre todo a niños y que se manifiesta con debilidad de las extremidades y lesiones en la sustancia gris de la médula espinal. La asociación se reforzó al observar que los picos bienales de circulación del virus coincidían con los aumentos de casos. No se dispone aún de un agente antiviral específico. Si desea profundizar en conceptos asociados a los enterovirus, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un enterovirus
Clasificación taxonómica vigente
Transmisión y ciclo de replicación
Epidemiología y estacionalidad
Principales cuadros clínicos asociados
Diferenciación con los rhinovirus y los parecovirus
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra enterovirus?
¿Todos los enterovirus causan enfermedad?
¿Es lo mismo un enterovirus que un poliovirus?
¿Qué relación tiene el enterovirus D68 con la mielitis flácida aguda?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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