DICCIONARIO MÉDICO
Discitis
La discitis es la inflamación del espacio del disco intervertebral. En la mayoría de los casos es de causa infecciosa, y con frecuencia se acompaña de afectación del hueso vertebral contiguo, motivo por el que la literatura suele englobar la discitis en el término más amplio de espondilodiscitis. Es una entidad poco frecuente, pero con potencial de morbilidad significativa cuando se retrasa la sospecha clínica. La discitis, del griego δίσκος (dískos), que se aplicó por analogía a la estructura anatómica entre vértebras, unido al sufijo médico -itis (griego -ῖτις, -îtis), que denota inflamación, designa el proceso inflamatorio localizado en el disco intervertebral. El sufijo aparece desde la medicina hipocrática en compuestos como artritis o nefritis, y en el español médico moderno funciona como marcador reconocible de inflamación de la estructura nombrada. La entidad casi siempre corresponde a una infección del espacio discal. La inflamación química o inmunomediada aislada del disco existe, pero es infrecuente, y por convención clínica el término discitis se reserva de forma preferente para la variante infecciosa. Muchos autores prefieren directamente el término espondilodiscitis, porque el hueso subcondral de las vértebras contiguas suele quedar afectado en el mismo proceso. El disco intervertebral del adulto es prácticamente avascular. Recibe nutrientes por difusión a través de las placas terminales cartilaginosas desde el hueso subcondral. Ese detalle anatómico condiciona todo lo demás. La sangre no llega al disco de forma directa, y una infección que quiere alcanzarlo debe pasar antes por la vértebra o llegar por vecindad. La vía más frecuente es la hematógena. Un foco infeccioso a distancia, con frecuencia urinario, cutáneo o respiratorio, siembra bacterias que alcanzan el plexo venoso vertebral o las arteriolas segmentarias, colonizan la placa terminal y desde ahí invaden el disco. Es el mecanismo que explica por qué en muchos pacientes la infección discal aparece semanas después de un cuadro banal aparentemente resuelto. Las vías iatrogénica y contigua completan el panorama. La iatrogénica agrupa las infecciones ligadas a procedimientos sobre el propio disco (infiltraciones, discografías, cirugía discal), donde el germen se introduce directamente en el espacio. La vía contigua corresponde a la extensión desde un foco vecino, por ejemplo un absceso del psoas o una infección paravertebral que erosiona el anillo. La discitis del niño y la del adulto se comportan de forma distinta. En la infancia, sobre todo entre uno y cinco años, la vascularización del disco no ha desaparecido del todo, y la inoculación puede quedar limitada al disco sin gran afectación ósea. La localización más habitual es lumbar, y la presentación suele ser larvada: rechazo a caminar, irritabilidad, dolor al sedestar. Staphylococcus aureus encabeza los aislados, seguido de Kingella kingae en menores de cuatro años. En el adulto, en cambio, la afectación del cuerpo vertebral acompaña casi siempre al proceso discal, y la entidad recibe habitualmente el nombre de espondilodiscitis piógena. También aquí S. aureus es el germen más frecuente, aunque conviene tener presente Escherichia coli y otros gramnegativos en pacientes con foco urinario, y Mycobacterium tuberculosis en la variante tuberculosa (mal de Pott), de curso subagudo y con especial afinidad por la columna dorsolumbar. La región lumbar concentra el mayor número de casos, por delante de la cervical y de la torácica. La distribución no es azarosa. La rica vascularización de las mesetas vertebrales lumbares, unida a la altura del disco y a la carga mecánica local, hace de esta zona el asiento preferente. Le siguen los segmentos cervicales, y con menor frecuencia los torácicos. Sobre esa geografía se superponen factores del huésped que aumentan la probabilidad de infección. La diabetes mal controlada, la inmunosupresión, la enfermedad renal terminal, el uso de drogas por vía intravenosa y la existencia de dispositivos vasculares permanentes son los más citados en la literatura. La edad avanzada también pesa, tanto por la comorbilidad asociada como por la mayor frecuencia de manipulación instrumental de la columna. Espondilitis. Inflamación de la vértebra propiamente dicha, sin afectación primaria del disco. Es un concepto anatomopatológico distinto, aunque en la práctica los procesos infecciosos rara vez respetan la separación. Espondilodiscitis. Afectación conjunta del disco y del hueso vertebral adyacente. Es la presentación más común en el adulto, y muchos textos utilizan este término como equivalente clínico de discitis. Osteomielitis vertebral. Infección centrada en el hueso, que puede aparecer aislada o en continuidad con la infección discal. Comparte agentes causales y mecanismos, y con frecuencia coexiste con la discitis. Absceso epidural. Colección purulenta en el espacio epidural del canal vertebral. Puede complicar una discitis avanzada, y su reconocimiento es una urgencia neurológica. Discitis calcificante. Entidad poco habitual, autolimitada, más descrita en niños, caracterizada por depósitos de calcio en el disco cervical, sin agente infeccioso demostrable. De la unión de disco, del griego δίσκος, y del sufijo médico -itis, del griego -ῖτις, que indica inflamación. Es la misma partícula que aparece en artritis, nefritis o meningitis. Aplicada al disco intervertebral, forma una palabra transparente: inflamación del disco. En rigor, no. La discitis se refiere estrictamente a la inflamación del disco, y la espondilodiscitis añade la afectación del hueso vertebral contiguo. En la práctica clínica del adulto, ambos procesos son prácticamente inseparables, y muchos autores usan los dos términos como equivalentes. En pediatría, en cambio, la infección puede quedar más confinada al disco, y ahí la distinción sí resulta útil. Tiene una distribución bimodal. Aparece en niños pequeños, sobre todo entre uno y cinco años, y de nuevo en adultos, con predominio a partir de la sexta década. En la infancia, la vascularización residual del disco explica la localización preferente. En el adulto pesa más la comorbilidad y la manipulación instrumental de la columna. Staphylococcus aureus. Aparece en más de la mitad de los casos publicados, tanto en pediatría como en adultos. Le siguen los bacilos gramnegativos entéricos cuando el foco de origen es urinario, y Kingella kingae en niños menores de cuatro años. La forma tuberculosa, conocida históricamente como mal de Pott, sigue vigente en zonas con alta prevalencia de tuberculosis. Por la combinación de tres factores. La región lumbar concentra la mayor carga mecánica, sus discos son los de mayor volumen y sus mesetas vertebrales tienen la vascularización más rica de toda la columna. Al llegar bacterias por la sangre, tienen aquí más probabilidad de asentarse y prosperar. Si desea profundizar en conceptos asociados a la discitis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la discitis
Por qué el disco se infecta: vías de propagación
Formas clínicas y edades
Localización preferente y factores predisponentes
Diferenciación con entidades próximas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra discitis?
¿Es lo mismo discitis que espondilodiscitis?
¿En qué edades aparece con más frecuencia?
¿Qué germen la causa con más frecuencia?
¿Por qué la localización más frecuente es la columna lumbar?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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