DICCIONARIO MÉDICO
Disbiosis
La disbiosis es la alteración cualitativa o cuantitativa de una microbiota respecto a su composición de equilibrio. Es un concepto transversal: puede afectar al intestino, la vagina, la cavidad oral, la piel, el tracto urinario o el árbol respiratorio, y suele desencadenarse por antibióticos, dieta, infecciones u otros factores que rompen ese equilibrio. Se denomina disbiosis al desequilibrio de la microbiota de un nicho corporal: una alteración en la proporción de las especies microbianas que lo habitan normalmente, en su diversidad o en su funcionalidad. No se trata necesariamente de una infección —los microorganismos implicados suelen ser comensales habituales, parte de la llamada flora normal o indígena—, sino de una pérdida del estado de equilibrio que la microbiología denomina eubiosis. La relación de equilibrio entre el huésped y su microbiota se conoce como simbiosis mutualista; la disbiosis es la perturbación de esa relación. El término procede del griego δυσ- (dys-), prefijo de sentido negativo que indica "mal", "anómalo" o "alterado", y de la raíz βίος (bíos), "vida", presente también en simbiosis (συμ-βίωσις, "vivir juntos") y antibiosis. Literalmente, pues, "modo de vida alterado", aplicado al conjunto microbiano que convive con el huésped. La voz se asienta en la microbiología del siglo XX, en el contexto de los trabajos iniciados por Élie Metchnikoff —premio Nobel de Medicina en 1908— sobre el papel de la flora intestinal en la salud y la enfermedad. Su célebre formulación de aquel mismo año, según la cual "tan pronto como nace, el hombre se convierte en el hábitat de una rica microflora", abrió la línea de investigación que conduciría a los conceptos modernos de microbiota, eubiosis y disbiosis. La generalización del término a microbiotas distintas de la intestinal —vaginal, cutánea, oral, pulmonar, urinaria— es muy posterior y va de la mano del desarrollo de las técnicas de secuenciación masiva en las dos últimas décadas. Conviene distinguir la disbiosis de tres conceptos próximos. La eubiosis es el estado de equilibrio de la microbiota: el polo opuesto. La infección implica la invasión de un tejido por un microorganismo patógeno y una respuesta inflamatoria del huésped, lo que no siempre ocurre en la disbiosis. Y el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado —SIBO— es una forma particular de disbiosis intestinal, caracterizada por el aumento anómalo de la concentración total de bacterias en un tramo donde habitualmente son escasas, no tanto por un cambio cualitativo de su composición. Las clasificaciones de la disbiosis se cruzan en dos ejes. Por el componente microbiano afectado, se habla de disbiosis bacteriana —la más estudiada y la que aparece por defecto cuando se utiliza el término sin matiz—, disbiosis fúngica (alteración del componente de levaduras, con el sobrecrecimiento de Candida como ejemplo clásico) y, con menos frecuencia, alteraciones del componente parasitario o vírico. El término general "disbiosis microbiana" engloba todas ellas. El segundo eje es funcional y tiene tradición en gastroenterología. La disbiosis fermentativa se caracteriza por predominio de bacterias que fermentan carbohidratos no absorbidos, con producción excesiva de gas y ácidos orgánicos. La disbiosis putrefactiva, por predominio de bacterias que degradan proteínas hasta metabolitos nitrogenados. Son patrones bioquímicos clásicos del intestino que conservan utilidad descriptiva, aunque la microbiología contemporánea prefiere caracterizar las disbiosis por el perfil concreto de especies y funciones metabólicas obtenido mediante secuenciación. En cualquier disbiosis suelen evaluarse de forma conjunta tres rasgos: pérdida de diversidad (menor número de especies presentes), pérdida de uniformidad (una o pocas especies dominan en exceso) y desplazamiento del perfil funcional respecto al esperable en el nicho. Cuando los tres parámetros se afectan de forma intensa se habla de disbiosis grave; las formas moderada y leve corresponden a alteraciones parciales o transitorias. Cada nicho corporal alberga una microbiota propia y puede sufrir su propia disbiosis, con repercusiones clínicas distintas. La disbiosis intestinal es la más estudiada: afecta al ensamblaje microbiano del intestino delgado y grueso, y se ha vinculado a cuadros funcionales (síndrome del intestino irritable), inflamatorios (enfermedad inflamatoria intestinal), metabólicos y, posiblemente, extraintestinales. La disbiosis vaginal —desarrollada en el cluster sobre la flora vaginal— consiste en la pérdida del predominio de lactobacilos y el sobrecrecimiento de bacterias anaerobias, base de la vaginosis bacteriana. La disbiosis oral altera el equilibrio entre las centenares de especies de la cavidad bucal y se asocia a caries, gingivitis y periodontitis. La disbiosis cutánea rompe el balance de la microbiota de la piel y se ha relacionado con dermatitis atópica, acné y otras dermatosis. Existen también alteraciones descritas de la microbiota urinaria, respiratoria y nasofaríngea, de caracterización aún más reciente. El gatillo más conocido es el uso de antibióticos, sobre todo de espectro amplio y en tratamientos prolongados: eliminan especies sensibles y abren paso a las resistentes o a las que aprovechan el nicho liberado. La dieta es otro factor central; en el intestino, una alimentación pobre en fibra y rica en grasas saturadas y azúcares simples reduce la diversidad bacteriana en cuestión de días. Las infecciones gastrointestinales agudas pueden desplazar el ensamblaje microbiano de forma prolongada incluso tras la curación clínica. A esto se suman fármacos como los inhibidores de la bomba de protones o los inmunosupresores, el estrés crónico —a través del eje intestino-cerebro—, las enfermedades inflamatorias del propio nicho, la edad (los extremos de la vida tienen microbiotas menos estables), los cambios hormonales (particularmente en la microbiota vaginal a lo largo del ciclo, el embarazo y la menopausia) y la exposición a tóxicos. Con frecuencia varios factores se solapan. La sintomatología asociada depende de la microbiota afectada y se aborda con detalle en las entradas específicas de cada localización. La disbiosis intestinal puede manifestarse con distensión, gases y alteraciones del ritmo intestinal; la vaginal, con flujo anormal y prurito; la oral, con halitosis o inflamación gingival. Más allá de los síntomas locales, en los últimos años se ha relacionado la disbiosis —especialmente la intestinal— con fenómenos sistémicos: inflamación de bajo grado, alteraciones del metabolismo de la glucosa y los lípidos, modulación de la respuesta inmunitaria. La fuerza de muchas de estas asociaciones varía según el cuadro, y para varias de ellas no está aún resuelto si la disbiosis es causa o consecuencia. El abordaje general parte de identificar y, en lo posible, retirar el factor desencadenante. Las estrategias dirigidas a restablecer la microbiota incluyen la modificación de la dieta, los probióticos —microorganismos vivos administrados en cantidad adecuada para producir un beneficio en la salud—, los prebióticos y, en el ámbito intestinal, el trasplante de microbiota fecal en indicaciones muy concretas. La microbiota suele recuperar de forma natural su equilibrio inicial tras una disbiosis transitoria, aunque no siempre vuelve a su composición exacta previa. La elección del enfoque depende del tipo de disbiosis, de la localización y del cuadro clínico al que se asocia. Procede del griego δυσ- (dys-), "alterado" o "anómalo", y de la raíz βίος (bíos), "vida", la misma que aparece en simbiosis o en antibiosis. Literalmente significa "modo de vida alterado", referido al conjunto microbiano que convive con el organismo. La voz se asienta en la microbiología del siglo XX, en el contexto de los trabajos de Metchnikoff sobre la flora intestinal. No. Una infección implica la invasión de un tejido por un microorganismo patógeno y suele acompañarse de respuesta inflamatoria del huésped. En la disbiosis los microorganismos implicados son habitualmente comensales —forman parte de la microbiota normal—; lo que se altera es la proporción entre ellos, la diversidad y la función del conjunto. Una disbiosis puede predisponer a infecciones, pero no es lo mismo. Los antibióticos son una de las causas más frecuentes de disbiosis. Al actuar sobre las especies sensibles, alteran el equilibrio del nicho microbiano y dejan paso a las resistentes o a las que ocupan el espacio liberado. El efecto suele ser más marcado con los de amplio espectro y los tratamientos prolongados. En muchas personas la microbiota se recupera con el tiempo, pero no siempre vuelve a su composición exacta previa: en un adulto sano puede tardar hasta seis meses después de tomar un antibiótico. Sí. Las más conocidas son la disbiosis intestinal y la disbiosis vaginal —esta última, base de la vaginosis bacteriana—. También se describen disbiosis oral, cutánea, urinaria y respiratoria, cada una con un perfil microbiano y unas implicaciones clínicas propias. Cada localización tiene su propia entrada en este diccionario o se trabaja en el cluster correspondiente. Si desea profundizar en conceptos asociados a la disbiosis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la disbiosis
Tipos de disbiosis
Disbiosis según la localización
Causas de la disbiosis
Consecuencias y abordaje general
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "disbiosis"?
¿Es lo mismo disbiosis que infección?
¿Qué relación tiene la disbiosis con los antibióticos?
¿Existen tipos de disbiosis según el órgano afectado?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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