DICCIONARIO MÉDICO
Diascopia
La diascopia, también llamada vitropresión, es una maniobra clásica de la exploración dermatológica que consiste en presionar una lesión cutánea con un cristal transparente para observar cómo cambia de color al vaciarse temporalmente su vascularización. Es rápida, inocua y no requiere aparataje; sigue siendo una herramienta habitual a pie de camilla para orientar el diagnóstico de lesiones vasculares, hemorrágicas y granulomatosas. Bajo el término diascopia se agrupan dos ideas complementarias: la maniobra en sí y el hallazgo que se busca con ella. Como maniobra, consiste en aplicar sobre la piel un objeto translúcido y ejercer una presión firme y sostenida durante unos segundos. Como hallazgo, es el aspecto que adopta la lesión bajo esa presión. La lectura del cambio (o de la ausencia de cambio) orienta la naturaleza de la lesión antes de recurrir a pruebas más complejas. La palabra procede del griego διά (diá, «a través de») y σκοπέω (skopéō, «mirar, examinar»), literalmente «mirar a través de». El término griego διασκοπέω ya se empleaba en textos hipocráticos con el sentido más amplio de observación cuidadosa. En dermatología moderna, la técnica quedó descrita a finales del siglo XIX en los tratados de exploración cutánea centroeuropeos, en un momento en que la distinción clínica entre púrpura y eritema tenía consecuencias diagnósticas muy relevantes en la práctica hospitalaria. El sinónimo vitropresión, más transparente para el lector no médico, se ha consolidado en el uso español y latinoamericano. El instrumento clásico es un portaobjetos de vidrio, aunque hoy se emplean también placas de plástico transparente, la propia lente de un dermatoscopio o incluso un depresor traslúcido. Lo importante es que la interfaz sea rígida, plana y suficientemente clara para observar la lesión mientras se comprime. La técnica se resume en tres gestos. Se apoya el cristal sobre la lesión seleccionada. Se aplica una presión firme, mantenida entre cinco y diez segundos, suficiente para desplazar la sangre de los vasos superficiales. Se observa el color de la lesión durante y justo tras la maniobra. La comparación con la piel perilesional, del mismo paciente y en el mismo momento, es lo que da valor al resultado. La pregunta que responde la diascopia es sencilla: ¿por qué está rojo lo que estamos mirando? El color rojo o violáceo de una lesión cutánea puede deberse a dos mecanismos muy distintos, con implicaciones clínicas opuestas. Blanqueamiento completo. Si al presionar la lesión pierde su color y adopta el tono de la piel de alrededor, es que el rojo procedía de sangre contenida dentro de vasos dilatados. Al vaciar los vasos, desaparece el pigmento. Es lo que ocurre en un eritema, en una telangiectasia o en un hemangioma. Se dice entonces que la vitropresión es positiva. Persistencia del color. Si la lesión mantiene su tonalidad al aplicar la presión, la sangre está fuera de los vasos, en el intersticio dérmico. La compresión no la mueve. Es el rasgo distintivo de la púrpura, la petequia y las equimosis. La vitropresión, en este supuesto, es negativa. Este contraste elemental, aprendido en las primeras semanas de dermatología, permite diferenciar en segundos un exantema banal de una lesión hemorrágica potencialmente grave sin necesidad de aparatos. Un inciso útil para el clínico: el resultado puede ser mixto en lesiones donde coexisten los dos mecanismos, como en algunas vasculitis, y conviene consignarlo como tal. Hay un tercer patrón, menos frecuente pero muy característico, que se busca activamente cuando se sospechan lesiones granulomatosas. Al presionar, la lesión no se blanquea del todo ni conserva su color inicial: aparece un tono amarillento translúcido, opaco, que recuerda al color de la jalea de manzana en un tarro contra la luz. Los dermatólogos lo describen así desde los tratados clásicos y el nombre se ha quedado. El sustrato histológico es el infiltrado granulomatoso de células epitelioides en la dermis. La sangre se desplaza con la presión, pero el infiltrado celular denso permanece y tiñe la piel de un amarillo pardusco distintivo. Los cuadros en los que se busca activamente este hallazgo son el lupus vulgar (tuberculosis cutánea), la sarcoidosis cutánea, la leishmaniasis lupoide y algunas formas de granuloma anular. En cualquiera de ellos, encontrar el patrón en jalea de manzana refuerza la sospecha y conduce a la biopsia confirmatoria. La aparición de la dermatoscopia, con lentes polarizadas y algoritmos de análisis, no ha desplazado a la diascopia. Ha desplazado más bien la parte cosmética: hoy la maniobra se realiza a menudo con el propio dermatoscopio como cristal presor, obteniendo simultáneamente la información dermatoscópica y la de vitropresión. La razón por la que persiste es sencilla. Ninguna técnica más sofisticada resuelve la pregunta que responde la diascopia con la misma economía: la respuesta llega en segundos, no requiere consumibles ni interpretación experta y funciona con la misma fiabilidad en la consulta de atención primaria y en el hospital terciario. Dermatoscopia. Es la observación de la lesión con un dispositivo de aumento (habitualmente x10) e iluminación controlada. Responde preguntas de patrón y estructura (redes pigmentarias, estructuras vasculares, patrones de queratinización), no de vaciado vascular. Con dermatoscopios modernos, ambas técnicas pueden hacerse simultáneamente ejerciendo presión con el propio aparato. Luz de Wood. Usa radiación ultravioleta de onda larga en una habitación oscura para revelar fluorescencia característica de determinados hongos y bacterias, o para hacer más evidentes las diferencias de pigmentación. No tiene relación mecánica con la diascopia; a menudo se usan de forma complementaria. Del griego διά, «a través de», y σκοπέω, «mirar». La lectura literal es «mirar a través», idea muy fiel a lo que se hace: se coloca un objeto transparente sobre la piel para ver qué queda por debajo cuando la sangre se retira. En español el término convivió durante décadas con vitropresión, más descriptivo, y ambos siguen usándose de forma intercambiable en la literatura dermatológica. No. Se aplica una presión firme pero moderada, comparable a apoyar un lápiz sobre la piel. Puede molestar levemente en lesiones inflamadas o sensibles, pero no causa dolor propiamente dicho ni deja marca. Una vitropresión positiva significa que la lesión se aclara o desaparece bajo el cristal, lo que indica que su color proviene de sangre contenida en vasos dilatados. La negativa señala lo contrario: la lesión mantiene su color, porque la sangre está fuera de los vasos, infiltrando la dermis. La primera orienta hacia un origen vascular inflamatorio; la segunda, hacia un origen hemorrágico. Sí. La diascopia forma parte de la exploración dermatológica básica en todos los tratados actuales, y con los dermatoscopios con lente de contacto puede realizarse sin siquiera cambiar de instrumento. Su bajo coste, su inmediatez y su fiabilidad la mantienen en primera línea, sobre todo para diferenciar cuadros purpúricos de cuadros eritematosos y para buscar el patrón en jalea de manzana en lesiones granulomatosas. Si desea profundizar en conceptos asociados a la diascopia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la diascopia
Cómo se realiza la maniobra
Interpretación: qué se lee bajo el cristal
El signo de «jalea de manzana»
Papel actual: por qué sigue vigente una técnica del siglo XIX
Diferenciación con dermatoscopia y luz de Wood
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra diascopia?
¿Duele la maniobra?
¿Qué diferencia hay entre una vitropresión positiva y una negativa?
¿Sigue teniendo utilidad hoy con las técnicas modernas?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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