DICCIONARIO MÉDICO
Desfibrilación ventricular
La desfibrilación ventricular es la aplicación de una descarga eléctrica no sincronizada sobre el corazón para interrumpir una fibrilación ventricular o una taquicardia ventricular sin pulso. Es la única intervención capaz de revertir estas arritmias letales, y su eficacia depende críticamente del tiempo transcurrido desde el colapso. La desfibrilación ventricular es una maniobra terapéutica de emergencia que consiste en hacer atravesar el miocardio por una corriente eléctrica de gran intensidad y muy breve duración, con el objetivo de detener la actividad eléctrica caótica que caracteriza a la fibrilación ventricular o a la taquicardia ventricular sin pulso. La descarga no restaura por sí misma el latido: lo que hace es apagar la anarquía eléctrica para dar al nodo sinusal la oportunidad de reasumir el control del ritmo. La palabra combina el prefijo latino des-, que expresa la idea de deshacer o revertir, con fibrilación, sustantivo derivado del latín fibra (hilo delgado o filamento), aplicado al temblor rápido y descoordinado de las miofibrillas del corazón. El adjetivo ventricular localiza el fenómeno en los ventrículos, las cámaras cardíacas responsables del bombeo hacia la circulación sistémica y pulmonar. La primera desfibrilación exitosa documentada en un ser humano la realizó Claude Beck en 1947, durante la intervención de un adolescente de catorce años que sufrió un paro cardíaco en el quirófano; Beck aplicó las paletas directamente sobre el corazón tras 45 minutos de masaje manual, y el paciente sobrevivió sin secuelas. La fibrilación ventricular se caracteriza por múltiples ondas de reentrada que recorren el miocardio de forma simultánea y desorganizada. Cada célula se despolariza y se repolariza a su propio ritmo, de manera que ninguna contracción coordinada llega a producirse. El corazón, desde el punto de vista mecánico, tiembla. Sin bombeo eficaz, la circulación cerebral cesa en segundos. La descarga eléctrica del desfibrilador atraviesa esa masa ventricular y, si su intensidad es suficiente, despolariza al mismo tiempo una fracción crítica del miocardio (habitualmente estimada en torno al 75-95% de la masa celular). Al quedar todas las células simultáneamente en periodo refractario, los circuitos de reentrada se rompen y la actividad eléctrica caótica se extingue. Lo que sigue es un breve silencio eléctrico durante el cual el nodo sinusal, marcapasos natural del corazón, puede recuperar su función y reinstaurar un ritmo organizado. Se considera que una desfibrilación ha sido exitosa cuando cinco segundos después de la descarga no se observa fibrilación ni taquicardia ventricular, aunque el objetivo real es la recuperación de circulación espontánea. El factor tiempo es determinante. En ausencia de reanimación cardiopulmonar básica, la probabilidad de éxito disminuye entre un 7 y un 10 % por cada minuto transcurrido desde el colapso. A los diez minutos, sin desfibrilación, la supervivencia se aproxima a cero. Este dato explica la importancia de las estrategias de acceso público a desfibriladores automáticos en aeropuertos, estaciones o polideportivos. La corriente aplicada puede seguir dos patrones. En la onda monofásica, la corriente fluye en un único sentido a través del tórax; es la tecnología clásica, hoy prácticamente sustituida, que requería energías de 360 julios para alcanzar eficacia razonable. La onda bifásica, incorporada de manera generalizada desde los años noventa, invierte el sentido de la corriente a mitad de la descarga: alcanza la misma eficacia con menos energía, típicamente entre 120 y 200 julios, y reduce el daño térmico y funcional sobre el miocardio. La descarga puede administrarse por vía transtorácica (electrodos sobre la pared del pecho, la forma habitual) o directamente sobre el corazón, mediante electrodos internos, durante una cirugía cardíaca abierta. En el caso de los desfibriladores automáticos implantables, los electrodos están alojados de manera permanente dentro de las cavidades cardíacas. La desfibrilación no es lo mismo que la cardioversión eléctrica, aunque ambas empleen descargas y el mismo dispositivo. La diferencia está en la sincronización. En la cardioversión, el aparato detecta el complejo QRS y libera la descarga en un instante preciso del ciclo cardíaco, evitando así el periodo vulnerable de la repolarización ventricular (la onda T), donde una descarga podría inducir precisamente una fibrilación. La cardioversión se usa en arritmias con complejos QRS reconocibles, como la taquicardia ventricular con pulso o la fibrilación auricular. La desfibrilación, en cambio, se aplica sin sincronización. Se reserva para ritmos en los que no hay complejos QRS identificables, como la propia fibrilación ventricular o la taquicardia ventricular sin pulso. Existe también la cardioversión farmacológica, que persigue el mismo fin (restablecer un ritmo sinusal) mediante fármacos antiarrítmicos, pero no se aplica en situaciones de parada cardíaca porque su efecto no es inmediato. Del latín fibra, hilo delgado, con el prefijo privativo des-. El término se acuñó a mediados del siglo XX para nombrar la interrupción del temblor microscópico del miocardio, ese aleteo desordenado de las fibras que Ludwig y Hofa habían descrito en 1849 con la expresión "fibrilación de los ventrículos". La palabra entró de manera masiva en la literatura clínica tras los trabajos de Kouwenhoven y Zoll en los años cincuenta. No. La reanimación cardiopulmonar (RCP) es el conjunto de maniobras que mantiene la circulación y la oxigenación mientras se organiza el tratamiento definitivo: compresiones torácicas, apertura de la vía aérea y, cuando procede, ventilaciones. La desfibrilación es una de las intervenciones que puede formar parte del algoritmo de reanimación, pero solo tiene sentido en ritmos susceptibles de descarga. Ambas se complementan: la RCP mantiene al paciente viable hasta que la descarga puede corregir la arritmia. Porque el miocardio en fibrilación consume rápidamente sus reservas energéticas y las células cerebrales sin oxígeno empiezan a morir a los pocos minutos. Sin reanimación de por medio, la probabilidad de que una desfibrilación sea eficaz cae entre un 7 y un 10 % por minuto. Superados los diez minutos sin actuación, la supervivencia es marginal. La RCP básica frena, aunque no detiene, esa caída. Puede haber daño miocárdico leve tras descargas repetidas o con energías muy altas, sobre todo con onda monofásica. Los estudios con onda bifásica hasta 360 julios no han demostrado daño estructural significativo mediante biomarcadores o pruebas de imagen. En la situación en la que se aplica una desfibrilación, el riesgo asociado a la descarga es siempre inferior al riesgo de no aplicarla. Para ampliar el contexto de la desfibrilación ventricular, pueden consultarse otras entradas del Diccionario médico:Qué es la desfibrilación ventricular
Bases fisiológicas de la desfibrilación
Onda monofásica y onda bifásica
Diferenciación con la cardioversión
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra desfibrilación?
¿Es lo mismo desfibrilar que reanimar?
¿Por qué se dice que "cada minuto cuenta"?
¿La descarga puede dañar el corazón?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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