DICCIONARIO MÉDICO
Coroideremia
La coroideremia es una distrofia coriorretiniana hereditaria, ligada al cromosoma X, que produce una degeneración progresiva de la coroides, el epitelio pigmentario de la retina y los fotorreceptores. Afecta casi exclusivamente a varones, con una prevalencia estimada en 1 de cada 50.000 a 100.000 personas. La coroideremia pertenece al grupo de las distrofias hereditarias de la retina. Su rasgo más llamativo, el que le da nombre, es la desaparición progresiva de la coroides: el fondo del ojo va mostrando áreas cada vez más extensas de esclerótica desnuda, blanquecina, donde antes existía la trama vascular pigmentada que nutría la retina. El proceso avanza de la periferia hacia el centro, dejando durante años un islote de tejido foveal funcional que permite conservar cierta visión central hasta fases tardías. El término fue acuñado por el oftalmólogo austríaco Ludwig Mauthner en 1872. Procede del griego χοριοειδής (chorioeidés, "coroides") y ἐρημία (eremía, "vaciamiento", "despoblación"), describiendo con precisión lo que se observa al examinar el fondo de ojo: una coroides que se ha vaciado. La enfermedad también recibe el nombre de distrofia tapetocoroidea progresiva, denominación que alude a la degeneración simultánea del tapetum (epitelio pigmentario) y la coroides. La coroideremia se debe a mutaciones en el gen CHM, localizado en el brazo largo del cromosoma X (Xq21.2). Este gen codifica la proteína REP-1 (Rab Escort Protein 1), que interviene en el tráfico intracelular de vesículas. Sin REP-1 funcional, las proteínas Rab no pueden anclarse correctamente a las membranas de los orgánulos celulares, lo que altera el transporte de sustancias dentro de la célula y termina provocando su muerte. Al encontrarse en el cromosoma X, la herencia sigue un patrón recesivo ligado al sexo. Los varones, con un solo cromosoma X, desarrollan la forma completa de la enfermedad si heredan la mutación. Las mujeres portadoras poseen una copia sana del gen en su segundo cromosoma X; en la mayoría de los casos no presentan pérdida visual relevante, aunque la exploración del fondo de ojo puede mostrar cambios pigmentarios irregulares. Hay un matiz que conviene señalar: existe una proteína homóloga, la REP-2, que compensa parcialmente la ausencia de REP-1 en la mayoría de los tejidos del organismo. Esa compensación no es suficiente en tres tipos celulares del ojo (coriocapilar, epitelio pigmentario y fotorreceptores), razón por la que la enfermedad se manifiesta de forma casi exclusivamente ocular. La ceguera nocturna suele ser el primer aviso. Aparece en la infancia o la adolescencia y refleja la degeneración temprana de los bastones, los fotorreceptores encargados de la visión en condiciones de baja luminosidad. Progresivamente, el campo visual se estrecha (visión en túnel) a medida que la atrofia coriorretiniana avanza desde la periferia. La confusión más frecuente se produce con la retinosis pigmentaria ligada al X, que comparte la ceguera nocturna y la pérdida del campo periférico. La diferencia puede apreciarse en el fondo de ojo. En la retinosis pigmentaria hay migración de pigmento hacia la retina con el patrón típico en espículas óseas; en la coroideremia, lo que predomina son extensas áreas de atrofia donde la esclerótica subyacente queda a la vista, con bordes festoneados y vasos coroideos gruesos aún visibles. No suele haber palidez cérea del disco óptico, un signo que sí acompaña a la retinosis pigmentaria avanzada. La confirmación definitiva requiere estudio genético. Y es necesaria, porque el pronóstico y las opciones terapéuticas en investigación (particularmente la terapia génica con vectores adenoasociados) difieren entre ambas entidades. De la unión del griego chorioeidés ("coroides") y eremía ("vaciamiento"). Ludwig Mauthner propuso el término en 1872 para describir la desaparición progresiva de la coroides que observó en el fondo de ojo de sus pacientes, un hallazgo que le pareció tan llamativo como una tierra despoblada. Estrictamente, no. Las mujeres portadoras de una mutación en el gen CHM rara vez pierden visión de manera significativa, porque su segundo cromosoma X compensa con una copia funcional del gen. Pueden mostrar cambios pigmentarios leves en el fondo de ojo, pero la ceguera nocturna y la pérdida de campo visual que definen la enfermedad se presentan en varones. Ambas producen ceguera nocturna y pérdida periférica de visión. Sin embargo, al examinar el fondo de ojo el patrón es distinto: la retinosis pigmentaria muestra depósitos de pigmento con forma de espículas óseas dentro de la retina, mientras que la coroideremia exhibe grandes áreas de atrofia donde la esclerótica blanca queda expuesta. La prueba genética resuelve la duda cuando el aspecto clínico no es concluyente. No existe, a día de hoy, un fármaco o procedimiento aprobado que detenga la progresión. La investigación se centra en la terapia génica con vectores adenoasociados, que introducen una copia funcional del gen CHM en las células retinianas. Los ensayos clínicos iniciales han aportado resultados prometedores. La progresión relativamente lenta de la coroideremia y el pequeño tamaño de su gen la convierten en una candidata especialmente adecuada para este tipo de abordaje. Si desea profundizar en conceptos asociados a la coroideremia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la coroideremia
Base genética y mecanismo molecular
Evolución y diferenciación con la retinosis pigmentaria
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "coroideremia"?
¿Pueden las mujeres padecer coroideremia?
¿En qué se diferencia de la retinosis pigmentaria?
¿Existe alguna posibilidad de frenar la enfermedad?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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