DICCIONARIO MÉDICO
Conjuntivitis actínica
La conjuntivitis actínica es una inflamación de la conjuntiva producida por la exposición a radiación ultravioleta (UV). Se presenta con frecuencia junto con afectación de la córnea (fotoqueratitis) y aparece tras un período de latencia de 6 a 12 horas desde la exposición. El adjetivo actínico procede del griego ἀκτίς, ἀκτῖνος (aktís, aktînos), que significa rayo. En medicina se emplea para designar los efectos biológicos de la radiación luminosa, en particular de la franja ultravioleta del espectro electromagnético. La conjuntivitis actínica es, literalmente, una conjuntivitis producida por rayos. La radiación UV-B (280-315 nm) es la principal responsable del daño. Penetra en las células epiteliales de la conjuntiva y la córnea, genera radicales libres, altera el ADN celular y desencadena apoptosis de los queratinocitos superficiales. El resultado es una queratitis puntiforme difusa con inyección conjuntival intensa que, cuando afecta a la conjuntiva de forma predominante, recibe el nombre de conjuntivitis actínica, y cuando el componente corneal es mayor, se denomina fotoqueratitis o queratitis actínica. La soldadura por arco sin pantalla protectora es probablemente la causa más reconocible. El arco eléctrico emite radiación UV de alta intensidad, y basta una exposición breve (incluso unos segundos sin protección) para que se produzca la lesión. Los soldadores que se olvidan la careta o que trabajan cerca de un compañero sin protección lateral lo saben bien: los primeros signos no aparecen durante la exposición, sino horas después, normalmente de madrugada. La segunda situación clásica es la exposición prolongada a la nieve o al hielo sin gafas con filtro UV. La nieve refleja hasta un 80% de la radiación ultravioleta, y a mayor altitud la atmósfera filtra menos. Los montañeros y esquiadores sin protección adecuada pueden desarrollar el cuadro conocido como ceguera de la nieve, que combina fotoqueratitis y conjuntivitis actínica. Otras fuentes de riesgo son las lámparas de bronceado artificial, las lámparas germicidas y determinados procesos industriales. Un rasgo característico de la conjuntivitis actínica es el intervalo libre entre la exposición y la aparición de las molestias. Ese período oscila entre 6 y 12 horas, lo que a menudo dificulta que el paciente relacione su malestar ocular con la exposición que lo causó. El cuadro se presenta de forma bilateral y suele resolverse en 24 a 48 horas una vez cesa la exposición, sin dejar secuelas permanentes. Procede del griego ἀκτίς (aktís), rayo. En el vocabulario médico, actínico designa todo efecto producido por la radiación luminosa, especialmente la ultravioleta. Porque el daño celular producido por la radiación UV no es inmediato: los queratinocitos de la córnea y la conjuntiva sufren alteraciones en su ADN y entran en apoptosis (muerte celular programada) a lo largo de las horas siguientes. Las molestias aparecen cuando la pérdida de células epiteliales alcanza un nivel suficiente para exponer las terminaciones nerviosas subyacentes. Habitualmente no. El epitelio conjuntival y corneal se regenera con rapidez, y la mayoría de los pacientes se recuperan por completo en uno o dos días. Las exposiciones repetidas y acumuladas a lo largo de años, en cambio, sí pueden contribuir al desarrollo de lesiones crónicas como el pterigion o la pingüécula. Si desea ampliar información sobre conceptos asociados a la conjuntivitis actínica, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la conjuntivitis actínica
Situaciones de exposición habituales
Latencia y evolución del cuadro
Preguntas frecuentes
¿Qué quiere decir actínica?
¿Por qué las molestias tardan horas en aparecer?
¿Deja secuelas permanentes?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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