DICCIONARIO MÉDICO

Colirio

El colirio es una preparación farmacéutica líquida y estéril que se administra en forma de gotas sobre la superficie del ojo. Su composición varía en función del objetivo: desde la lubricación de la mucosa ocular hasta la acción antibiótica, antiinflamatoria, hipotensora o diagnóstica. El término se emplea en castellano desde el siglo XIII, aunque la forma galénica ha evolucionado notablemente desde las pastas y polvos de la Antigüedad hasta las soluciones y suspensiones de la farmacología contemporánea.

Qué es un colirio

Un colirio es una disolución o suspensión acuosa u oleosa que contiene uno o varios principios activos y se instila directamente en el saco conjuntival. La Real Academia Española lo define como «medicamento compuesto de una o más sustancias disueltas o diluidas en algún líquido, o pulverizadas y mezcladas, que se emplea en las enfermedades de los ojos». En la práctica clínica actual, sin embargo, muchos colirios no se prescriben para enfermedades en sentido estricto: las lágrimas artificiales, por ejemplo, se utilizan para compensar un déficit de producción lagrimal que no siempre constituye una patología.

La palabra procede del latín collyrĭum, que a su vez tomó del griego κολλύριον (kollýrion), un diminutivo de κολλύρα (kollýra), que significaba «pan en forma de rollo» o «pastilla». La conexión entre un panecillo y un medicamento ocular no es obvia para el lector moderno, pero se explica porque los colirios antiguos eran preparaciones sólidas, pequeñas barras o pastillas compactas que se disolvían en agua o leche antes de aplicarlas al ojo. Plinio, Celso y Horacio utilizaron ya el término latinizado collyrium en el siglo I para referirse a ungüentos y líquidos medicinales de diverso tipo. La primera documentación en castellano se registra en la traducción de Calila e Dimna (1251), donde aparece como conlirio.

El significado tardó siglos en restringirse. Durante la Edad Media, un colirio podía ser un emplasto aplicado en cualquier parte del cuerpo. Los médicos árabes, cuya influencia en la Península fue prolongada, preferían el vocablo sief para sus preparaciones oculares sólidas, y ambos términos coexistieron hasta bien entrado el Renacimiento. Fue en la transición hacia la Edad Moderna cuando colirio quedó reservado exclusivamente para medicamentos aplicados en la superficie ocular, y más tarde aún, ya en el siglo XIX, para los de consistencia líquida.

Propiedades de la forma farmacéutica

La córnea y la película lagrimal imponen condiciones estrictas a cualquier preparación que se aplique sobre el ojo. Un colirio debe ser estéril en el momento de su fabricación (la contaminación con bacterias como Pseudomonas aeruginosa puede provocar úlceras corneales graves); debe mantener un pH próximo al de las lágrimas, entre 6,6 y 7,8, para no causar irritación; y conviene que sea isotónico con el líquido lagrimal, aunque el ojo tolera un rango de tonicidad más amplio de lo que suele suponerse. Una vez abierto el envase, la esterilidad se pierde, razón por la cual la mayoría de los colirios multidosis incluyen conservantes, el más habitual de los cuales es el cloruro de benzalconio.

El volumen que retiene el saco conjuntival es pequeño, unos 7 a 10 microlitros en condiciones normales, y cada gota de un frasco convencional aporta entre 25 y 50 microlitros. Buena parte del colirio se pierde por rebosamiento y drenaje a través del conducto nasolagrimal hacia la cavidad nasal, lo que explica que algunos pacientes perciban un sabor amargo tras la instilación de ciertos principios activos. El contacto del fármaco con la superficie ocular dura poco: en condiciones fisiológicas, el recambio lagrimal diluye y arrastra la solución en pocos minutos.

Clasificación según la función terapéutica

Los colirios se clasifican habitualmente según el grupo farmacológico de su principio activo y la indicación para la que se prescriben.

Colirios lubricantes (lágrimas artificiales). Son los de uso más extendido. Contienen sustancias como carboximetilcelulosa, ácido hialurónico o hipromelosa, que suplementan la película lagrimal cuando su producción es insuficiente o su calidad se ha deteriorado por factores como la edad avanzada, el uso prolongado de pantallas o las condiciones ambientales de baja humedad. No requieren prescripción médica.

Colirios antibióticos. Indicados en infecciones bacterianas de la superficie ocular, como la conjuntivitis bacteriana o la queratitis. Los principios activos más frecuentes incluyen fluoroquinolonas (ciprofloxacino, ofloxacino), aminoglucósidos (tobramicina) y cloranfenicol. Requieren receta y un uso controlado por el oftalmólogo para evitar resistencias.

Colirios antiinflamatorios. Se dividen en esteroideos (dexametasona, prednisolona, loteprednol) y no esteroideos (diclofenaco, ketorolaco). Los primeros son potentes, pero su empleo prolongado puede elevar la presión intraocular o favorecer infecciones fúngicas de la córnea, de modo que deben utilizarse bajo supervisión especializada.

Colirios antiglaucomatosos. Son la herramienta farmacológica de primera línea para reducir la presión intraocular. La gama es amplia: análogos de prostaglandinas (latanoprost, travoprost), betabloqueantes (timolol), agonistas alfa-adrenérgicos (brimonidina) e inhibidores de la anhidrasa carbónica (dorzolamida). Algunos pacientes necesitan combinar dos o tres de estos grupos.

Colirios ciclopléjicos y midriáticos. Se emplean para dilatar la pupila (midriasis) con fines diagnósticos, por ejemplo en la exploración del fondo de ojo, o para relajar el músculo ciliar en procesos inflamatorios del segmento anterior. La atropina y el ciclopentolato son los más utilizados en esta categoría.

Colirios antialérgicos. Incluyen antihistamínicos tópicos (olopatadina, azelastina) y estabilizadores de mastocitos (cromoglicato, lodoxamida), indicados en la conjuntivitis alérgica estacional o perenne.

Conservación y normas de uso

Un aspecto que la práctica clínica confirma con frecuencia es que muchos pacientes desconocen las condiciones básicas de conservación de sus colirios. La mayoría deben almacenarse a temperatura ambiente y protegidos de la luz directa. Algunos, como el latanoprost antes de su apertura, requieren refrigeración. La caducidad tras la apertura varía según el producto, pero como regla general un colirio multidosis no debe utilizarse más allá de cuatro semanas desde que se destapa el envase, porque la eficacia del conservante decae y aumenta el riesgo de contaminación bacteriana.

Las presentaciones monodosis prescinden de conservantes. Son preferibles en pacientes con superficie ocular sensible o cuando se necesita un uso muy frecuente, porque el cloruro de benzalconio puede resultar tóxico para el epitelio corneal a largo plazo. Cada unidosis se desecha tras su uso.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra colirio?

Del griego κολλύριον (kollýrion), diminutivo de κολλύρα (kollýra), «pan en forma de rollo». El nombre alude a las pastillas compactas que los médicos griegos y romanos preparaban para disolver y aplicar sobre los ojos. La voz pasó al latín como collyrium y se documenta en castellano desde 1251.

¿Es lo mismo un colirio que unas gotas para los ojos?

Sí, en el uso habitual. El término colirio designa cualquier preparación líquida estéril destinada a la instilación ocular. «Gotas para los ojos» y «gotas oftálmicas» son denominaciones coloquiales equivalentes, aunque colirio es la voz técnica que emplean las farmacopeas.

¿Se pueden usar dos colirios distintos a la vez?

Sí, pero debe respetarse un intervalo de al menos cinco minutos entre uno y otro para que el primero se absorba adecuadamente y no sea arrastrado por el segundo. Si se utiliza además una pomada oftálmica, esta se aplica en último lugar.

¿Pueden usarse los colirios con lentes de contacto?

Depende del tipo. Las lágrimas artificiales sin conservantes son compatibles con la mayoría de lentillas. Los colirios que contienen cloruro de benzalconio, en cambio, pueden dañar las lentes blandas: conviene retirarlas antes de la instilación y esperar entre diez y quince minutos antes de volver a colocarlas.

Referencias

  1. Real Academia Española. Colirio. Diccionario de la lengua española, 23.ª edición.
  2. National Eye Institute (NEI). Medicamentos para el glaucoma.
  3. American Academy of Ophthalmology (AAO). Medicamento en gotas oftálmicas para el glaucoma.
  4. MedlinePlus. Ciclosporina oftálmica.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos vinculados al ámbito oftálmico y farmacológico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Conjuntivitis: inflamación de la conjuntiva, una de las indicaciones más frecuentes de los colirios antibióticos y antialérgicos.
  • Queratitis: inflamación de la córnea que puede requerir colirios específicos según su origen bacteriano, vírico o fúngico.
  • Córnea: estructura transparente del segmento anterior del ojo cuya integridad condiciona la absorción de los colirios.
  • Midriasis: dilatación de la pupila producida farmacológicamente por colirios ciclopléjicos o midriáticos.
  • Miosis: contracción pupilar inducida por colirios mióticos, empleados en el manejo del glaucoma.
  • Antibiótico: grupo farmacológico al que pertenecen los principios activos de numerosos colirios de prescripción.

La información proporcionada en este Diccionario Médico de la Clínica Universidad de Navarra tiene como objetivo principal ofrecer un contexto y entendimiento general sobre términos médicos y no debe ser utilizada como fuente única para tomar decisiones relacionadas con la salud. Esta información es meramente informativa y no sustituye en ningún caso el consejo, diagnóstico, tratamiento o recomendaciones de profesionales de la salud. Siempre es esencial consultar a un médico o especialista para tratar cualquier condición o síntoma médico. La Clínica Universidad de Navarra no se responsabiliza por el uso inapropiado o la interpretación de la información contenida en este diccionario.
Infografías realizadas con https://BioRender.com

© Clínica Universidad de Navarra 2026