DICCIONARIO MÉDICO
Clorpropamida
La clorpropamida es un hipoglucemiante oral del grupo de las sulfonilureas de primera generación. Estimula la secreción de insulina por las células beta del páncreas y se distingue del resto de sulfonilureas por su vida media prolongada (hasta 36 horas), una característica que la hace eficaz como dosis única diaria pero que al mismo tiempo aumenta el riesgo de hipoglucemia. La clorpropamida pertenece a las sulfonamidas derivadas de la urea, un conjunto de moléculas desarrolladas a mediados del siglo XX para reducir la glucemia en pacientes con diabetes mellitus tipo 2. Se clasifica como sulfonilurea de primera generación junto a la tolbutamida y la acetohexamida. Las sulfonilureas de segunda generación (glibenclamida, gliclazida, glimepirida) las han ido desplazando en la práctica clínica por ofrecer menor riesgo de efectos adversos a dosis más bajas. El nombre «clorpropamida» combina «clor-» (por el cloro de su estructura) y «propamida» (derivado de la sulfonilpropil-urea que constituye su esqueleto químico). Se comercializó con el nombre Diabinese, entre otros. El efecto de la clorpropamida parte de su unión al receptor SUR1 del complejo que regula los canales de potasio sensibles a ATP en la célula beta pancreática. Al bloquear la salida de potasio, la membrana celular se despolariza, lo que abre canales de calcio dependientes de voltaje. La entrada de calcio dispara la exocitosis de los gránulos de insulina preformados. Hay indicios de que, además del efecto secretagogo, la clorpropamida inhibe la gluconeogénesis hepática y puede mejorar discretamente la sensibilidad periférica a la insulina, aunque la relevancia clínica de estos mecanismos secundarios sigue siendo objeto de debate. Lo que singulariza a la clorpropamida dentro de las sulfonilureas es su perfil farmacocinético. Se absorbe bien por vía oral, alcanza concentraciones plasmáticas máximas entre las 2 y las 4 horas, pero su efecto hipoglucemiante persiste entre 60 y 72 horas en algunos pacientes. La vida media de eliminación ronda las 36 horas, la más larga de todas las sulfonilureas. Esa persistencia obliga a vigilar especialmente a los pacientes ancianos y a quienes presentan insuficiencia renal, porque el compuesto y sus metabolitos se excretan por vía urinaria y pueden acumularse. Un fenómeno peculiar, descrito con frecuencia en la literatura clásica, es la reacción de tipo disulfiram que la clorpropamida provoca en ciertos pacientes cuando ingieren alcohol: enrojecimiento facial, taquicardia y malestar. Este efecto no se observa habitualmente con otras sulfonilureas. Se ha atribuido a la inhibición del metabolismo del acetaldehído, aunque el mecanismo exacto no está del todo esclarecido. Otra propiedad que durante años suscitó interés fue su capacidad para potenciar la acción de la hormona antidiurética (ADH), con el consiguiente efecto antidiurético. Llegó a ensayarse en la diabetes insípida nefrogénica parcial, un uso ajeno a su indicación original como hipoglucemiante. Las guías internacionales de manejo de la diabetes tipo 2 priorizan hoy la metformina como primera línea, junto con inhibidores de SGLT2 y agonistas de GLP-1 en perfiles de riesgo cardiovascular o renal elevado. Las sulfonilureas mantienen un papel como segunda o tercera línea cuando el coste es un factor limitante, pero dentro de ese grupo se prefieren las de segunda generación por su menor riesgo de hipoglucemia prolongada y su dosificación más predecible. La clorpropamida ha sido retirada del mercado o ha dejado de comercializarse en numerosos países. Donde aún está disponible, su uso se limita a pacientes que ya la toman de forma estable y toleran bien el fármaco. No. Son moléculas con mecanismos de acción distintos. La clorpropamida estimula la secreción de insulina por el páncreas (es un secretagogo). La metformina, en cambio, es una biguanida que reduce la producción hepática de glucosa y mejora la sensibilidad periférica a la insulina sin estimular directamente su liberación, por lo que el riesgo de hipoglucemia es mucho menor. Por su vida media prolongada. El efecto hipoglucemiante puede persistir más de 60 horas tras una sola toma. Si un paciente salta una comida o hace ejercicio intenso mientras la molécula sigue activa, el descenso de glucosa en sangre puede ser marcado y sostenido, con mayor dificultad para revertirlo que con sulfonilureas de acción corta. En un porcentaje de pacientes se produce una reacción similar a la del disulfiram (Antabuse): enrojecimiento de la cara, sensación de calor, taquicardia y, en ocasiones, náuseas. El efecto es transitorio pero desagradable, y constituye una de las razones por las que se ha preferido cambiar a sulfonilureas que no presentan esta interacción. Si desea profundizar en conceptos asociados a la clorpropamida, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la clorpropamida
Mecanismo hipoglucemiante
Particularidades farmacológicas
Contexto actual y desuso progresivo
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo clorpropamida que metformina?
¿Por qué la clorpropamida produce más hipoglucemias que otras sulfonilureas?
¿Qué ocurre si se bebe alcohol mientras se toma clorpropamida?
Referencias
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