DICCIONARIO MÉDICO

Claustro

El claustro (en latín, claustrum) es una delgada lámina bilateral de sustancia gris encajada en la profundidad del cerebro, entre la corteza insular por fuera y el putamen por dentro. Constituye apenas el 0,25 % de la corteza cerebral, pero se le considera la estructura con mayor densidad de conexiones recíprocas del encéfalo.

Qué es el claustro

Su nombre deriva del latín claustrum, que significa «lugar cerrado» o «recinto oculto», y describe bien su situación anatómica: queda escondido entre capas de sustancia blanca (la cápsula externa por dentro y la cápsula extrema por fuera) y solo puede visualizarse directamente cuando se retiran los opérculos que cubren la ínsula. La primera identificación morfológica del claustro se remonta a 1672, aunque las descripciones detalladas llegaron durante el siglo XIX.

Visto en corte coronal, el claustro tiene un grosor de apenas unos milímetros. Su irrigación depende de ramas de la arteria cerebral media, en particular las ramas insulares y las arterias centrales anterolaterales. El volumen varía entre hemisferios: en el hemisferio derecho se ha estimado en torno a 829 mm³ de media, frente a unos 706 mm³ en el izquierdo, una asimetría cuyo significado funcional sigue sin aclararse.

Conexiones y posible función integradora

Lo que hace singular al claustro no es su tamaño, sino su conectividad. Prácticamente todas las áreas de la corteza cerebral envían proyecciones al claustro y reciben proyecciones de vuelta. Esa bidireccionalidad masiva lo convierte en un candidato natural para funciones de integración multisensorial: información visual, auditiva, somatosensorial y olfativa converge en esta lámina.

Francis Crick, el codescubridor de la estructura del ADN, dedicó los últimos años de su carrera a la neurociencia de la conciencia. En un artículo publicado póstumamente en 2005 junto a Christof Koch, Crick propuso que el claustro podría actuar como «director de orquesta» de la experiencia consciente, coordinando la actividad de áreas corticales dispersas para generar una percepción unificada. El manuscrito, que Crick revisó pocos días antes de morir en julio de 2004, despertó un interés considerable en la comunidad neurocientífica.

Investigaciones posteriores han matizado esa hipótesis. En 2022, un grupo de la Universidad de Maryland liderado por Brian Mathur inactivó experimentalmente el claustro en ratones conscientes y observó que los animales no perdían la conciencia ni dejaban de moverse con normalidad. Lo que sí fallaba era la capacidad de realizar tareas cognitivas complejas, lo que ha llevado a proponer que el claustro funciona más como un enrutador de señales ejecutivas que como la sede de la conciencia propiamente dicha.

Dificultades para su estudio

Su forma laminar y su localización profunda hacen del claustro una estructura difícil de investigar. Las lesiones selectivas del claustro son muy infrecuentes en la clínica humana, ya que casi siempre se acompañan de daño en estructuras vecinas (ínsula, putamen, cápsula externa). Las técnicas de neuroimagen convencional no alcanzan la resolución espacial necesaria para delimitarlo con precisión. Solo la combinación de trazadores neuronales, optogenética en modelos animales y conectómica de alta resolución ha permitido, en los últimos años, avanzar en la comprensión de su papel.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama «claustro»?

Del latín claustrum, lugar cerrado o enclaustrado. La anatomía de la estructura justifica el nombre: queda encerrada entre dos capas de sustancia blanca y cubierta por los opérculos corticales, sin ser visible desde la superficie del cerebro.

¿Es el claustro la sede de la conciencia?

La hipótesis de Crick y Koch (2005) generó un debate que sigue abierto. Los datos experimentales recientes sugieren que el claustro participa en la coordinación de redes corticales durante tareas complejas, pero la inactivación del claustro en ratones no produce pérdida de conciencia. La pregunta está lejos de resolverse, en parte porque definir y medir la conciencia sigue siendo uno de los grandes problemas abiertos de la neurociencia.

¿Tiene relación el claustro cerebral con la claustrofobia?

Solo etimológica: ambos términos comparten la raíz latina claustrum. La claustrofobia es un trastorno de ansiedad vinculado al miedo irracional a los espacios cerrados. No hay evidencia de que el claustro cerebral esté específicamente implicado en su aparición, aunque la amígdala cerebral, estructura vecina, sí desempeña un papel conocido en el procesamiento del miedo.

Referencias

  1. Crick, F. C. y Koch, C. What is the function of the claustrum? Philosophical Transactions of the Royal Society B, 360, 1271-1279 (2005).
  2. Allen Institute. A mysterious brain region: the claustrum.
  3. ScienceDirect. The claustrum and consciousness: An update.
  4. ScienceDaily (University of Maryland). Brain area thought to impart consciousness, behaves instead like an Internet router.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al claustro, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Corteza cerebral: capa externa del cerebro donde se procesan las funciones cognitivas superiores.
  • Putamen: núcleo de los ganglios basales que participa en el control motor y el aprendizaje.
  • Amígdala cerebral: estructura del lóbulo temporal implicada en el procesamiento de las emociones y el miedo.
  • Claustrofobia: fobia específica a los espacios cerrados, con la que el claustro comparte solo la raíz etimológica latina.
  • Hipocampo: estructura del lóbulo temporal medial con un papel central en la memoria y la orientación espacial.

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