DICCIONARIO MÉDICO
Bloqueantes de los canales de calcio
Los bloqueantes de los canales de calcio (también denominados antagonistas del calcio o calcioantagonistas) son una clase de fármacos que actúan impidiendo la entrada de iones de calcio en las células a través de los canales de calcio dependientes de voltaje de tipo L. Al reducir la concentración intracelular de calcio, disminuyen la contracción del músculo liso vascular y, en algunos casos, la del miocardio, lo que se traduce en vasodilatación y descenso de la presión arterial. El calcio desempeña un papel central en la contracción muscular. En el músculo liso de las arteriolas, la entrada de calcio a través de los canales tipo L activa la cadena de actina y miosina que genera tono vascular. En las células del nodo sinusal y del nodo auriculoventricular, el calcio participa en la generación y conducción del impulso eléctrico. Los bloqueantes de los canales de calcio aprovechan esa dependencia: al cerrar el canal, relajan las arterias, reducen la poscarga cardíaca y, en el caso de algunos compuestos, frenan la conducción nodal. La historia de esta clase farmacológica arranca en 1962, cuando Hass y Hartfelder observaron que el verapamilo, entonces considerado un simple vasodilatador coronario, tenía efectos inotrópicos y cronotrópicos negativos que no se veían con otros vasodilatadores como la nitroglicerina. Cinco años después, Albrecht Fleckenstein propuso que esos efectos se debían a la inhibición del movimiento de calcio hacia los miocitos cardíacos. La expresión "antagonista del calcio" es suya. Todos los bloqueantes de los canales de calcio comparten la diana (el canal tipo L), pero se unen a segmentos diferentes de la subunidad alfa-1 del canal, y eso marca diferencias clínicas que no son menores. Las dihidropiridinas (nifedipino, amlodipino, felodipino y otros compuestos cuyo nombre genérico termina en -dipino) tienen una selectividad marcada por el músculo liso vascular. Relajan las arteriolas de forma potente, bajan la presión arterial y apenas afectan a la conducción cardíaca ni a la fuerza contráctil del corazón. Esa selectividad vascular las convierte en la subfamilia más prescrita para la hipertensión. El nifedipino de liberación rápida, el primero en usarse, provocaba taquicardia refleja por la caída brusca de presión; las formulaciones de liberación sostenida y los compuestos de vida media larga (amlodipino dura más de 24 horas en plasma) eliminaron en buena medida ese problema. El verapamilo, prototipo de las fenilalquilaminas, actúa sobre el miocardio con más intensidad que sobre el lecho vascular. Deprime la conducción por el nodo AV, reduce la frecuencia cardíaca y disminuye la contractilidad. Su perfil lo hace útil en ciertas arritmias supraventriculares, pero obliga a prudencia cuando se combina con betabloqueantes, porque el efecto bradicardizante puede sumarse. Entre ambos extremos se sitúa el diltiazem, representante de las benzotiazepinas. ocupa una posición intermedia: tiene cierta acción vasodilatadora y cierta acción sobre la conducción nodal, sin predominar llamativamente en ninguno de los dos terrenos. Esa versatilidad le permite emplearse tanto en hipertensión como en el control de la frecuencia ventricular en la fibrilación auricular, aunque su doble acción es también su limitación, ya que no destaca en ninguna indicación tanto como las dihidropiridinas en la hipertensión o el verapamilo en las arritmias. Existen varios tipos de canales de calcio dependientes de voltaje (L, T, N, P/Q, R), pero los fármacos de esta clase actúan de forma selectiva sobre el tipo L (de long-lasting, por la duración de su corriente). Los canales tipo L se concentran en el músculo liso vascular, en los cardiomiocitos y en las células del sistema de conducción cardíaca. Esa distribución explica por qué los efectos de estos fármacos se limitan, en la práctica, al aparato cardiovascular (a pesar de que canales tipo L también existen en otros tejidos, como las células beta pancreáticas o ciertas neuronas). El punto de unión del fármaco al canal varía según la subfamilia, lo que justifica las diferencias de selectividad tisular: las dihidropiridinas se unen a un sitio accesible desde la cara externa del canal, mientras que el verapamilo necesita que el canal esté abierto para acceder a su sitio de unión en la cara interna. Lo acuñó Albrecht Fleckenstein en 1967 para describir el mecanismo del verapamilo. "Antagonista" porque el fármaco se opone a la entrada de calcio en la célula. Con el tiempo, la nomenclatura oficial ha preferido "bloqueante de los canales de calcio", que describe mejor la acción sobre la estructura (el canal) en lugar de sobre el ion. No. Actúan sobre dianas completamente distintas. Los betabloqueantes bloquean los receptores beta-adrenérgicos y reducen la estimulación simpática del corazón. Los bloqueantes de los canales de calcio cierran los canales de calcio tipo L y disminuyen la entrada de calcio en la célula muscular. Las dos clases pueden coincidir en algunas indicaciones (hipertensión, por ejemplo), pero su mecanismo, sus efectos y sus precauciones son diferentes. Por su acción predominante. Las dihidropiridinas relajan sobre todo las arterias y apenas tocan la conducción cardíaca. El verapamilo actúa más sobre el corazón (frena el nodo AV, reduce la contractilidad). El diltiazem queda a medio camino, con efecto vascular y cardíaco moderados. Una regla nemotécnica sencilla: si el nombre del fármaco acaba en -dipino, es dihidropiridina y su efecto principal es bajar la presión. Si desea ampliar información sobre conceptos asociados a los bloqueantes de los canales de calcio, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué son los bloqueantes de los canales de calcio
Tres subfamilias con perfiles distintos
El canal de calcio tipo L como diana
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre antagonista del calcio?
¿Son lo mismo los bloqueantes de los canales de calcio que los betabloqueantes?
¿Cómo se distinguen los tres subgrupos?
Referencias
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