DICCIONARIO MÉDICO
Astrocitoma de células gigantes
El astrocitoma subependimario de células gigantes (conocido internacionalmente por la sigla SEGA, del inglés subependymal giant cell astrocytoma) es un tumor cerebral benigno clasificado como grado 1 por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Crece en las paredes de los ventrículos laterales y se asocia en la gran mayoría de los casos a la esclerosis tuberosa. Se trata de un glioma circunscrito, de crecimiento lento, que se origina en la zona subependimaria del cerebro, es decir, en el tejido situado inmediatamente por debajo del revestimiento ependimario de los ventrículos. Su nombre combina tres descriptores anatómicos e histológicos: «subependimario» localiza el tumor bajo el epéndimo; «células gigantes» alude a la presencia de astrocitos de gran tamaño con citoplasma abundante y núcleos redondeados u ovalados; y «astrocitoma» lo encuadra dentro de los tumores de estirpe astrocitaria. Fue Dorothy Russell quien acuñó el término en la década de 1940 para distinguir esta neoplasia de otros tumores intraventriculares que habían recibido nombres dispares (ependimoma, espongioblastoma, ganglioglioma) en publicaciones previas. Con anterioridad, en 1908, Heinrich Vogt ya había descrito la lesión como parte de la tríada clásica de la esclerosis tuberosa, pero sin atribuirle una identidad histológica diferenciada. El SEGA aparece de forma casi exclusiva en las paredes de los ventrículos laterales, con predilección por la proximidad del foramen de Monro, el orificio que comunica cada ventrículo lateral con el tercer ventrículo. Esta localización tiene consecuencias fisiopatológicas directas: a medida que el tumor crece, puede obstruir el drenaje del líquido cefalorraquídeo y provocar una dilatación progresiva del sistema ventricular (hidrocefalia obstructiva). Entre el 5 y el 20 % de los pacientes con esclerosis tuberosa desarrollan al menos un SEGA a lo largo de su vida, según las series publicadas. La esclerosis tuberosa es una enfermedad genética autosómica dominante causada por mutaciones en los genes TSC1 (que codifica la proteína hamartina) o TSC2 (que codifica la tuberina). Ambas proteínas regulan la vía de señalización mTOR, y la pérdida de su función conduce a una proliferación celular descontrolada que se manifiesta como hamartomas en múltiples órganos. El SEGA es la neoplasia del sistema nervioso central más frecuente dentro de este complejo sindrómico. Conviene matizar que no todos los SEGA aparecen en el contexto de una esclerosis tuberosa. Se han descrito casos aislados sin evidencia clínica ni genética de la enfermedad, aunque constituyen una minoría. Al microscopio, el SEGA muestra un aspecto característico: células de gran tamaño con citoplasma eosinófilo abundante, que recuerdan tanto a astrocitos reactivos como a neuronas ganglionares (de ahí que algunos textos los denominen «células ganglionoides»). La lesión suele presentar calcificaciones, áreas quísticas y un estroma fibrilar. La actividad mitótica es baja o ausente, lo que concuerda con su clasificación como grado 1 de la OMS. Desde el punto de vista inmunohistoquímico, estas células expresan tanto marcadores gliales (como la proteína ácida fibrilar glial, GFAP) como marcadores neuronales, un perfil mixto que durante décadas alimentó el debate sobre la histogénesis del tumor. La clasificación OMS de 2021 lo encuadra entre los gliomas astrocíticos circunscritos, pero reconoce su naturaleza glio-neuronal mixta. La inmensa mayoría de los SEGA se detectan en las dos primeras décadas de la vida. La franja de edad más habitual se sitúa entre los 8 y los 19 años, aunque existen casos diagnosticados en periodo prenatal o neonatal. Su incidencia poblacional global es baja (se trata de un tumor raro), pero dentro de la población con esclerosis tuberosa la frecuencia es relevante y justifica un seguimiento periódico mediante estudios de imagen. Que el tumor se origina bajo el epéndimo, la capa de células que tapiza las cavidades ventriculares del cerebro. En latín, sub significa «debajo» y ependyma procede del griego ἐπένδυμα (epéndyma, «vestidura exterior»), en referencia al revestimiento interno de los ventrículos. No. Es un tumor de grado 1 de la OMS, benigno, de crecimiento lento, y que no produce metástasis. Su riesgo principal no radica en la malignidad sino en su capacidad para obstruir el flujo del líquido cefalorraquídeo por su localización en la proximidad del foramen de Monro. Sí, aunque es infrecuente. La mayoría de los casos publicados sin esclerosis tuberosa son hallazgos aislados en pacientes jóvenes, y algunos de ellos portan mutaciones somáticas en los mismos genes (TSC1 o TSC2) sin que la enfermedad se manifieste de forma sistémica. Los nódulos subependimarios (o hamartomas subependimarios) son pequeñas lesiones frecuentes en la esclerosis tuberosa que raramente crecen. El SEGA se distingue por su mayor tamaño (habitualmente superior a 1 cm), su tendencia al crecimiento progresivo y su localización preferente junto al foramen de Monro. La Conferencia de Consenso de Washington de 2012 fijó estos criterios para la distinción. Consulte también la información clínica completa sobre los tumores cerebrales Si busca información sobre síntomas, diagnóstico y opciones terapéuticas, puede consultar la ficha completa del tumor cerebral elaborada por el Cancer Center de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea ampliar la información sobre los astrocitomas y conceptos afines, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el astrocitoma subependimario de células gigantes
Localización y relación con la esclerosis tuberosa
Histología y clasificación
Edad de presentación y epidemiología
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «subependimario»?
¿El SEGA es maligno?
¿Puede aparecer sin esclerosis tuberosa?
¿En qué se diferencia de un nódulo subependimario?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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