DICCIONARIO MÉDICO
Tobramicina
La tobramicina es un antibiótico del grupo de los aminoglucósidos, con acción bactericida frente a un amplio espectro de bacterias gramnegativas. Se administra por vía intravenosa, intramuscular, oftálmica e inhalada. Su código en la clasificación ATC es J01GB01 (vía sistémica) y S01AA12 (vía oftálmica). Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Se aisló en los años sesenta a partir del actinomiceto Streptomyces tenebrarius (actualmente reclasificado como Streptoalloteichus tenebrarius), un microorganismo del suelo. Es, por tanto, un producto natural, no sintético, lo que la diferencia de algunos aminoglucósidos de generaciones posteriores. Dentro del grupo de los aminoglucósidos, la tobramicina se distingue por su actividad particularmente buena frente a Pseudomonas aeruginosa, un patógeno oportunista que causa infecciones graves en pacientes inmunodeprimidos y en quienes padecen fibrosis quística. En la fibrosis quística, de hecho, la tobramicina inhalada se ha convertido en una herramienta habitual para el control de la infección pulmonar crónica por ese microorganismo. Como todos los aminoglucósidos, la tobramicina penetra en la célula bacteriana y se une de forma irreversible a la subunidad 30S del ribosoma. Esa unión provoca errores en la lectura del ARN mensajero, de modo que la bacteria produce proteínas defectuosas que se insertan en su propia membrana y la desestabilizan. No basta con decir que inhibe la síntesis de proteínas: otros antibióticos hacen lo mismo y son bacteriostáticos. Lo que convierte a los aminoglucósidos en bactericidas es ese daño secundario a la membrana, que acaba siendo letal. Un rasgo llamativo es el efecto post-antibiótico: la capacidad bactericida persiste un tiempo después de que las concentraciones del fármaco hayan caído por debajo de la concentración mínima inhibitoria. Esa propiedad es la base farmacológica de las pautas de administración en dosis única diaria, que permiten alcanzar picos altos (necesarios para la eficacia) con valles bajos (que reducen la toxicidad renal y auditiva). No. Ambas pertenecen al grupo de los aminoglucósidos y comparten mecanismo de acción, pero difieren en su espectro y en su perfil de toxicidad. La tobramicina muestra mayor actividad frente a Pseudomonas aeruginosa, mientras que la gentamicina cubre mejor algunos cocos grampositivos, como el enterococo, en combinación con otros antibióticos. Porque la administración directa en el árbol bronquial permite alcanzar concentraciones muy elevadas en el lugar de la infección con una absorción sistémica mínima. Eso reduce considerablemente el riesgo de nefrotoxicidad y ototoxicidad, los dos efectos adversos que más limitan el uso prolongado de cualquier aminoglucósido por vía parenteral. Sí, la ototoxicidad es un riesgo real, sobre todo con tratamientos prolongados o cuando se asocia a otros fármacos potencialmente ototóxicos (como ciertos diuréticos de asa). El daño afecta preferentemente a las células ciliadas del oído interno y puede ser irreversible. La monitorización de los niveles plasmáticos del fármaco y de la función auditiva forma parte del seguimiento habitual durante el tratamiento sistémico. Si desea ampliar información sobre los antibióticos aminoglucósidos, puede consultar:Qué es la tobramicina
Unión al ribosoma y efecto bactericida
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo tobramicina que gentamicina?
¿Por qué se usa por vía inhalada en la fibrosis quística?
¿Existe riesgo de pérdida auditiva con la tobramicina?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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