Infecciones vertebrales

"El diagnóstico precoz, y comenzar con el tratamiento antibiótico cuanto antes, aumenta la posibilidad de curación y evita complicaciones importantes".

DR. VÍCTOR RODRIGO PARADELLS
ESPECIALISTA. DEPARTAMENTO DE NEUROCIRUGÍA

La infección vertebral sucede cuando un microorganismo invade la columna vertebral.

  • Empiema epidural o subdural. Un empiema es una infección localizada en un espacio de una cavidad. En este caso puede estar en el espacio epidural o en el espacio subdural.
  • Osteomielitis vertebral o espondilitis infecciosa. Un absceso es una infección organizada en un tejido. Cuando afecta al hueso, es decir, a la vértebra, se denomina osteomielitis vertebral o espondilitis infecciosa.

Sin la infección afecta exclusivamente al disco intervertebral se denomina discitis infecciosa. Si es mixta (disco y vértebra) se hablará de espondilodiscitis infecciosa.

Si la infección llega a afectar las membranas que recubren el sistema nervioso se desarrollará una meningitis.

El nivel torácico es el más frecuentemente afectado (50%) seguido del lumbar (35%) y cervical (15%). A menudo coexisten empiemas y discitis u osteomielitis.

Imagen del icono de la consulta de Segunda Opinión. Clínica Universidad de Navarra

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¿Cuáles son los síntomas habituales?

La infección vertebral aparece por tres vías de diseminación de los microorganismos: vía hematógena, inoculación externa directa y por contigüidad a partir de tejidos vecinos.

La infección de la columna vertebral puede provocar un dolor constante, que empeora por la noche y con los cambios de posición, la deambulación y realización de actividades. 

Este dolor puede irradiarse al tórax o al abdomen.

Cuando afecta a espacios cervicales puede provocar disfagia y/o tortícolis.

Si existe déficit neurológico puede aparecer hipoestesia (disminución de la sensibilidad), adormecimiento y calambres en la extremidad afectada.

Los síntomas más habituales son:

  • Dolor local, inespecífico y moderado.
  • Fiebre.
  • Malestar general y cansancio generalizado.
  • Alteraciones neurológicas.

¿Tiene alguno de estos síntomas?

Puede que padezca una infección vertebral

¿Cuáles son las causas?

El origen de la infección puede ser iatrogénico (cirugías o pinchazos) o por diseminación hematógena y en algunas ocasiones incluso resulta imposible discernir la procedencia del patógeno (Hasta un 50% en algunas series).

Hoy en día cada vez son menos frecuentes ya que los avances en la asepsia quirúrgica y en la antibioterapia han reducido significativamente estas infecciones.

El Staphylococco aureus es el germen que se observa con mayor frecuencia (>50%). La tuberculosis (Enfermedad de Pott) e infecciones fúngicas, muy infrecuentes en individuos inmunocompetentes se han de sospechar en pacientes inmunodeprimidos o pacientes adictos a drogas por vía parenteral (ADVP).

¿Cuáles son los factores de riesgo?

Existen algunos factores que puede favorecer la aparición de una infección vertebral:

Diabetes mellitus, alcoholismo, traumatismo penetrante, procedimiento quirúrgico previo, edad avanzada, obesidad, desnutrición, inmunodepresión o inmunodulación (corticoterapia, VIH/SIDA, trasplantados etc.), drogadicción, comorbilidad médica importante, mal estado del paciente, hemodiálisis etc.

¿Cómo se diagnostica?

Imagen del PET-TAC. Clínica Universidad de Navarra

Las pruebas de laboratorio (velocidad de sedimentación globular (VSG), proteína-C reactiva (PCR), procalcitonina, fórmula leucocitaria etc. Son parámetros indispensables para el control de este tipo de enfermedad.

El estudio radiológico simple aporta información de los cambios cronológicos en el hueso, pero no es suficiente para una valoración de la fase aguda-subaguda de la enfermedad; no obstante, una Rx dinámicas para valorar la estabilidad vertebral según cuánto haya afectado a las vértebras también son de gran importancia.

La resonancia magnética (partes blandas) y el escáner o TC (elementos óseos) son las pruebas de referencia para un estudio adecuado y eficaz de la infección.

También puede servir de ayuda ante casos dudosos las pruebas de medicina nuclear, éstas son la gammagrafía con leucocitos marcados o con Galio/Tecnecio, el SPECT-TC y el PET-TC.

El estudio definitivo diagnóstico de una infección es una toma de biopsia con el que se obtienen muestras para cultivo del patógeno a tratar. Puede llevarse a cabo en un acto quirúrgico o de manera percutánea guiada con TC.

¿Cómo la tratamos?

El tratamiento de cualquiera de estas infecciones es la antibioterapia intravenosa. Si conocemos el patógeno que ha provocado la infección se le administrará antibioterapia dirigida. Si aún se ignora el origen de la infección se implementará antibioterapia de amplio espectro.

Si el empiema o el absceso produce una compresión patente sobre estructuras nerviosas, la cirugía está indicada para aliviar la presión en la zona afectada.

Si debido a la destrucción ósea, presenta una inestabilidad vertebral, se puede indicar una cirugía de estabilización, ya que a menudo esta consecuencia de la infección, acarrea mayores problemas de dolor al paciente.

En una discitis infecciosa post-quirúrgica, el tratamiento habitual es antibioterapia intravenosa empírica, reposo y una ortesis lumbar o dorso-lumbar.

¿Dónde la tratamos?

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