DICCIONARIO MÉDICO
Terapia electroconvulsiva
La terapia electroconvulsiva (TEC) es un procedimiento psiquiátrico que induce una crisis convulsiva breve mediante una corriente eléctrica controlada, aplicada sobre el cuero cabelludo bajo anestesia general. Es el nombre técnico vigente de lo que la cultura popular sigue llamando electrochoque, y el tratamiento no farmacológico más antiguo de la psiquiatría moderna que continúa en uso. El nombre combina terapia (del griego therapeía) con electroconvulsiva, formado sobre convulsión (del latín convellere, sacudir con violencia) y el prefijo electro-. Fueron los psiquiatras italianos Ugo Cerletti y Lucio Bini quienes aplicaron por primera vez la técnica a un paciente humano, en Roma, en abril de 1938, dando origen a lo que el lenguaje coloquial bautizó como electrochoque. Aquella primera versión, sin anestesia ni relajación muscular, tiene poco que ver con el procedimiento actual. Cerletti no partió de cero. Cinco años antes, en 1933, el neuropsiquiatra vienés Manfred Sakel había popularizado el coma insulínico como tratamiento para la esquizofrenia. En 1934, el húngaro László Meduna empezó a inyectar alcanfor y después cardiazol a pacientes esquizofrénicos, convencido de que existía un "antagonismo biológico" entre la epilepsia y la esquizofrenia: si una convulsión artificial imitaba a la epiléptica, razonó, debería curar la otra enfermedad. La teoría del antagonismo resultó falsa, pero el método de provocar convulsiones con fines terapéuticos sobrevivió a su propia justificación, y Cerletti sustituyó el fármaco convulsionante por electricidad, más previsible y más fácil de dosificar. El mecanismo por el que la TEC alivia los síntomas psiquiátricos sigue sin conocerse del todo, más de ochenta años después de su introducción. La hipótesis con más respaldo actual apunta a la neuroplasticidad: la crisis convulsiva controlada eleva los niveles de factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína relacionada con la formación de nuevas conexiones neuronales, y favorece cambios estructurales en regiones como el hipocampo, cuya función se ve alterada en la depresión grave. No hay una única vía explicativa. Otros modelos proponen efectos sobre la neurotransmisión monoaminérgica y sobre la conectividad de circuitos cerebrales completos, sin que ninguno se haya impuesto de forma definitiva sobre los demás. Los electrodos pueden colocarse de forma bilateral, en ambas sienes, o unilateral, concentrando la corriente en un solo hemisferio; una tercera variante, la bifrontal, sitúa ambos electrodos en la parte anterior del cráneo. La colocación bilateral suele considerarse algo más eficaz, pero también más asociada a efectos cognitivos, por lo que en España se prefiere de entrada la unilateral. La forma de la corriente ha cambiado tanto como su colocación. Los aparatos originales empleaban ondas sinusoidales, con pulsos de una duración en torno a los diez milisegundos; estudios posteriores relacionaron esa onda, sobre todo en su modalidad bilateral, con déficits de memoria que persistían hasta tres años después del tratamiento. Desde la década de 1980 se usan pulsos cuadrados de entre 0,5 y 2 milisegundos, llamados breves, con la misma eficacia clínica y menos efectos cognitivos. La búsqueda de pulsos todavía más cortos, los llamados ultrabreves, sigue siendo hoy uno de los pocos parámetros técnicos de la TEC en investigación activa. La TEC no es la única técnica que actúa sobre la actividad eléctrica del cerebro con fines psiquiátricos, y conviene no confundirla con sus parientes más recientes. La estimulación magnética transcraneal, ideada por Anthony Barker en 1985, emplea campos magnéticos en lugar de corriente directa: no requiere anestesia, no provoca convulsiones y el paciente permanece despierto durante toda la sesión. La estimulación del nervio vago actúa por una vía completamente distinta, ajena al cráneo. Ninguna de estas alternativas ha desplazado a la TEC en los cuadros más graves, donde sigue siendo, según las guías psiquiátricas, el recurso de neuroestimulación con mayor eficacia demostrada. Del latín convellere (sacudir con violencia) y del griego therapeía (tratamiento), unidos por el prefijo electro-. El nombre técnico sustituyó en la práctica clínica al más antiguo electrochoque a medida que este último quedaba asociado a una imagen popular alejada del procedimiento real. No del todo. Existen varias hipótesis (neuroplasticidad, cambios en neurotransmisores, alteración de circuitos cerebrales) con distinto grado de respaldo experimental, pero ninguna explica por sí sola la totalidad de sus efectos. Se diferencian por dónde se colocan los electrodos, con implicaciones distintas en eficacia y en efectos sobre la memoria, como se explica más arriba. Ambas son técnicas de neuroestimulación cerebral, pero funcionan de manera distinta y con perfiles muy diferentes. La TEC induce una convulsión generalizada bajo anestesia; la estimulación magnética transcraneal, diseñada en 1985, activa circuitos neuronales localizados sin anestesia y sin provocar convulsiones. Ninguna sustituye por completo a la otra: se emplean en momentos distintos según la gravedad y la respuesta previa del paciente a otros tratamientos.Qué es la terapia electroconvulsiva
Cómo actúa
Clasificación según electrodos y forma de onda
Diferencia con otras técnicas de neuroestimulación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre terapia electroconvulsiva?
¿Se sabe con certeza por qué funciona la TEC?
¿Es lo mismo la TEC bilateral y la unilateral?
¿Qué relación hay entre la TEC y la estimulación magnética transcraneal?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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