DICCIONARIO MÉDICO
Strongyloides stercoralis
Strongyloides stercoralis es un gusano nematodo diminuto que habita el suelo de las regiones cálidas del planeta y parasita el intestino delgado del ser humano. Un rasgo lo aparta del resto de gusanos que nos afectan: es capaz de completar su ciclo entero dentro del propio cuerpo, sin salir al exterior, lo que le permite mantenerse en una misma persona durante décadas. Apenas se ve a simple vista. Es el agente de la estrongiloidiasis, una parasitosis frecuente en zonas tropicales y subtropicales. Strongyloides stercoralis Anguílula intestinal (denominación histórica) Tipo: helminto Grupo: nematodo (gusano redondo) Transmisión: percutánea, por larvas del suelo contaminado con heces Reservorio: humano y suelo (ambiental); zoonosis descrita en perros Patogenicidad: primario y oportunista Enfermedades: estrongiloidiasis Se trata de un nematodo, es decir, un gusano redondo, de la familia Strongyloididae. Dentro de su género conviven una cincuentena de especies que parasitan a mamíferos, aves y reptiles, pero solo dos afectan de manera habitual al ser humano, y de ellas S. stercoralis es con mucho la más extendida. El nombre condensa dos ideas. Strongyloides procede del griego strongýlos, redondo, con la terminación eidos, forma o aspecto: algo así como "con figura de gusano redondo". El epíteto stercoralis viene del latín stercus, excremento, porque sus larvas se hallan en las heces. La historia de su descubrimiento empieza en un hospital naval. En 1876, el médico francés Louis Normand examinó las heces de soldados que regresaban con diarrea de la Cochinchina (el sudeste asiático, la actual Vietnam) e identificó un gusano que nadie había descrito antes. Su colega Arthur Bavay le puso nombre, Anguillula stercoralis, y al año siguiente describió por separado la forma intestinal, que tomó por otra especie. El malentendido se aclaró en 1879, cuando Giovanni Battista Grassi comprendió que aquellas formas aparentemente distintas eran fases de un mismo ciclo y las reunió bajo el género Strongyloides. La denominación binomial que hoy se usa quedó fijada en 1902. Dentro del intestino, la hembra mide alrededor de dos milímetros, es filiforme y casi transparente, hasta el punto de que resulta muy difícil verla en una inspección directa. No necesita macho para reproducirse: genera huevos por partenogénesis, un detalle que tiene consecuencias en su biología. De esos huevos nacen larvas, y aquí conviene distinguir dos formas, porque el gusano cambia de aspecto según la etapa. La larva rabditiforme, de esófago corto y abultado, es la que se elimina con las heces. La larva filariforme, más larga y afilada, es la infectante, la que atraviesa la piel. En el laboratorio, la identificación del microorganismo se apoya justo en reconocer esas larvas y su morfología, ya que, a diferencia de otros gusanos intestinales, este parásito no suele expulsar huevos reconocibles en la materia fecal. La forma del esófago, la longitud y la disposición de la cavidad bucal permiten separar sus larvas de las de otros nematodos que también pasan por el suelo. Su casa natural es el suelo húmedo y cálido. Las larvas filariformes esperan en tierra contaminada por heces humanas y penetran por la piel cuando esta entra en contacto con el terreno, con frecuencia por los pies descalzos. Desde ahí viajan por la sangre hasta el pulmón, ascienden por las vías respiratorias, son deglutidas y alcanzan el intestino delgado, donde la hembra se instala. El recorrido explica por qué una parasitosis que vive en el intestino comienza, en realidad, en la piel. Geográficamente se reparte por todos los países tropicales y subtropicales, y asoma también en zonas templadas con condiciones favorables, como el sur de Europa (España e Italia incluidas) y el sureste de Estados Unidos. Cuantificar cuántas personas lo albergan resulta complicado, en parte porque muchas infecciones cursan en silencio: las estimaciones más recientes hablan de alrededor de 600 millones de infectados en el mundo. La pobreza, el saneamiento deficiente y el trabajo agrícola son los grandes facilitadores de su circulación. Aquí está lo que hace singular a este gusano. La mayoría de los helmintos necesitan salir al ambiente para completar su desarrollo, de modo que la infección se apaga sola si la persona deja de exponerse. S. stercoralis no depende de ello. Una parte de las larvas que produce la hembra madura dentro del propio intestino hasta la forma infectante y vuelve a atravesar la pared intestinal o la piel de la zona perianal, reiniciando el ciclo sin pasar por el exterior. Ese fenómeno se llama autoinfección, y es el único helminto humano que lo practica de forma habitual. La consecuencia es notable: la parasitosis puede perpetuarse durante años, incluso decenios, en alguien que abandonó hace tiempo la zona donde se contagió. Se han documentado casos que persistían más de medio siglo después de la exposición. Mientras las defensas funcionan, la autoinfección se mantiene a fuego lento. Si la inmunidad celular se debilita (por ejemplo, con tratamientos que la deprimen o con la infección por el virus HTLV-1), el ciclo se acelera y el número de gusanos se dispara. A ese escenario los clínicos lo llaman síndrome de hiperinfección, y su prolongación, con invasión de órganos alejados del recorrido habitual del parásito, estrongiloidiasis diseminada. La enfermedad que provoca este gusano, en todas sus formas, es la estrongiloidiasis. Es común dar por hecho que S. stercoralis se comporta igual que las uncinarias o anquilostomas (Ancylostoma y Necator), con los que comparte esa entrada por la piel desde el suelo. La biología, sin embargo, los separa: los anquilostomas requieren siempre una fase en el ambiente y no cierran su ciclo dentro del cuerpo, por lo que carecen de autoinfección. Tampoco conviene confundirlo con los oxiuros del género Enterobius, que en algunos países comparten con él el apodo popular de "gusano hilo" pese a ser un parásito muy distinto, de transmisión y hábitat propios. Un rastro cutáneo ayuda a reconocer su presencia. Cuando las larvas de la autoinfección migran bajo la piel, dibujan una línea serpenteante que avanza a gran velocidad, la llamada larva currens. Se parece a la larva migrans cutánea causada por larvas de anquilostomas de animales, pero se desplaza mucho más deprisa y suele localizarse en el tronco y la región perianal. Viene a decir "gusano de forma redondeada, hallado en las heces". Strongyloides combina el griego strongýlos (redondo) con eidos (forma), y stercoralis deriva del latín stercus (excremento). Louis Normand lo describió en 1876, Grassi fijó el género en 1879 y el binomio actual quedó establecido en 1902. Por la autoinfección. Como parte de sus larvas maduran y vuelven a penetrar sin salir al exterior, el parásito se renueva dentro del huésped y no depende de nuevos contagios para sobrevivir. Por eso se han descrito infecciones que seguían activas más de cincuenta años después de la exposición inicial. No. Aunque en algún país compartan un nombre coloquial, Strongyloides stercoralis y los oxiuros (Enterobius) son gusanos diferentes, con vías de entrada y ciclos que no tienen nada que ver. Sobre todo en países tropicales y subtropicales de suelos húmedos y cálidos, aunque también aparece en zonas templadas como el sur de Europa y el sureste de Estados Unidos. Necesita tierra contaminada por heces humanas para cerrar su ciclo en el exterior. Para situar Strongyloides stercoralis dentro de su grupo, puede consultar:Qué es Strongyloides stercoralis
Cómo es y cómo se reconoce en el laboratorio
Dónde vive y cómo se transmite
La autoinfección, un ciclo que se cierra dentro del huésped
Diferencias con otros gusanos redondos
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Strongyloides stercoralis?
¿Por qué puede permanecer tantos años en el organismo?
¿Es lo mismo que los oxiuros?
¿En qué regiones vive?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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