DICCIONARIO MÉDICO
Sinus dental
El sinus dental es un trayecto anormal y crónico que comunica el foco de una infección dental, casi siempre un absceso en la raíz de un diente, con la mucosa oral o con la piel de la cara o el cuello. Su función es puramente evacuadora: deja salir el material purulento acumulado y, mientras lo hace, mantiene la infección en un equilibrio silencioso que rara vez duele. La nomenclatura internacional lo llama odontogenic sinus tract, y ese nombre es más preciso que el que suele usarse en español, fístula cutánea odontogénica. La diferencia no es cosmética. Una fístula, en sentido estricto, comunica dos superficies ya epitelizadas; el sinus dental nace en cambio en un foco cerrado y sin epitelio propio, el absceso periapical, y termina en una sola abertura. Por eso, aunque la bibliografía clínica en español lo llame fístula con mucha más frecuencia que sinus, la palabra latina sinus (curva, pliegue, concavidad) describe con más exactitud lo que ocurre: un conducto ciego por uno de sus extremos, no una comunicación entre dos cavidades. El proceso que lo origina empieza casi siempre en una caries no tratada. Cuando la lesión avanza hasta la pulpa, se produce una pulpitis; si la pulpa termina necrosándose y la infección desciende hasta el ápice de la raíz, aparece un absceso periapical, complicación de la periodontitis apical crónica. El sinus dental es, en ese sentido, la manifestación externa de un proceso que empezó como una simple caries. Buscar la vía de menor resistencia es, literalmente, lo que hace el pus retenido. La dirección que toma depende de dónde se sitúe el ápice de la raíz infectada respecto a las inserciones musculares de la zona: si el foco queda por encima de esas inserciones, el trayecto suele abrirse dentro de la boca, en el vestíbulo próximo al diente; si queda por debajo, atraviesa los planos faciales y sale por la piel. La salida intraoral es, con diferencia, la más frecuente. Cuando el trayecto es cutáneo, aparece casi siempre en la región submandibular o submentoniana si el diente causante es un molar inferior, y en la zona nasolabial, la mejilla o incluso el ángulo interno del ojo si el origen está en un diente superior. Los molares mandibulares son, con mucho, los más implicados: en torno al 80% de los sinus cutáneos de origen dental proceden de ellos, frente a un 20% de origen maxilar. En población infantil esa proporción se acentúa todavía más, hasta cifras cercanas al 96% de origen mandibular. La edad media de aparición ronda los 49 años, con un ligero predominio en varones y una asociación frecuente con una higiene oral deficiente. Como el diente causante no suele doler (la presión ya se ha liberado a través del propio trayecto), la mayoría de los pacientes no relaciona la lesión cutánea con un problema dental. El resultado es un retraso diagnóstico que en algunas series supera el año: durante ese tiempo, la lesión se confunde con un granuloma piógeno, un quiste epidérmico, una tuberculosis cutánea, una actinomicosis cervicofacial o incluso una neoplasia, y recibe tratamientos dirigidos a la piel que, como no actúan sobre el origen dental, no consiguen cerrarla de forma definitiva. Para localizar el diente responsable, cuando la exploración y la radiografía periapical no bastan, se recurre a veces al trazado con un cono de gutapercha descrito en la entrada dedicada a la sinugrafía. El propio trayecto no cicatriza por sí solo mientras la infección dental que lo alimenta siga activa. Una vez resuelta esa causa mediante endodoncia o extracción del diente afectado, el conducto suele cerrar espontáneamente en pocas semanas, sin necesidad de intervenir sobre él de forma directa. No, aunque así se le llame casi siempre en la práctica clínica. En sentido estricto, una fístula comunica dos superficies epitelizadas, mientras que el sinus dental nace en un foco cerrado (el absceso periapical) y termina en una sola abertura. Porque suele ser indoloro y el paciente no lo asocia con ningún diente. La lesión cutánea, aislada de cualquier antecedente dental evidente, se parece clínicamente a otras entidades muy distintas (un quiste, un granuloma, una infección cutánea crónica), lo que retrasa el diagnóstico correcto con frecuencia durante meses. Los molares mandibulares, responsables de alrededor del 80% de los casos con salida cutánea, frente al 20% de origen en dientes maxilares. No suele hacerlo. Puede cerrarse de forma temporal y reabrirse después, pero mientras la infección dental que lo mantiene siga activa, el trayecto tiende a persistir o a recidivar.Qué es el sinus dental
Por qué sale hacia la piel o hacia la boca
Un diagnóstico que casi siempre llega tarde
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que una fístula dental?
¿Por qué se confunde tan a menudo con una enfermedad de la piel?
¿Qué diente lo origina con más frecuencia?
¿Desaparece solo si no se trata el diente?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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