DICCIONARIO MÉDICO
Signo del pulgar
El signo del pulgar, o pulgar cortical, es la flexión y aducción espontánea del primer dedo hacia la palma cuando el paciente intenta extender el resto de los dedos de la mano. Se considera un hallazgo neurológico ligado a una lesión de la vía piramidal, aunque en el recién nacido forma parte, durante unos meses, de la normalidad del desarrollo. Pulgar viene del latín pollicaris, «de una pulgada», derivado a su vez de pollex, el nombre clásico del dedo. Ese pollex se emparenta con el verbo pollere, «ser fuerte, ser eficaz»: para los romanos era, sencillamente, el dedo poderoso, el que hace posible casi todos los gestos de pinza y de agarre de la mano. En el examen neurológico, el signo del pulgar aparece cuando se pide al paciente que abra la mano y extienda los dedos: en lugar de acompañar ese movimiento, el pulgar se queda flexionado y metido hacia la palma, como si el resto de la mano se abriera sin él. Conviene saberlo desde el principio: bajo ese mismo nombre conviven en la bibliografía médica varios hallazgos clínicos sin relación entre sí, y más adelante se detallan para no confundirlos. El pulgar se mantiene en su posición gracias al equilibrio entre los músculos que lo flexionan y aducen (el flexor largo, el flexor corto y el aductor del pulgar) y los que lo extienden y separan. Ese equilibrio depende de la vía corticoespinal, el haz de fibras que desciende desde la corteza motora hasta la médula y que modula el tono de la musculatura de la mano. Cuando una lesión interrumpe esa vía, ya sea en la corteza, en la cápsula interna o en su trayecto descendente, los músculos flexores y aductores del pulgar quedan sin la inhibición que normalmente reciben. El resultado es un patrón que se impone por sí solo, sin que la voluntad pueda vencerlo del todo. En ese sentido, el signo del pulgar pertenece a la misma familia de fenómenos que el signo de Babinski: ambos son señales positivas que emergen precisamente porque se ha perdido un control superior, no manifestaciones directas del daño en sí. En el recién nacido a término, tener el puño cerrado con el pulgar escondido dentro es habitual. Un estudio sobre 197 neonatos sanos registró esta postura en algo más de la mitad de las manos exploradas durante los tres primeros días de vida, con una frecuencia que descendía día a día. No es un signo de alarma a esa edad: es, más bien, un rasgo transitorio del desarrollo motor. El dato que cambia el significado clínico es el tiempo. Cuando la postura persiste más allá de los cuatro meses, cuando el puño no llega a abrirse de forma espontánea o cuando aparece de nuevo en un niño mayor o en un adulto que antes no la tenía, el hallazgo deja de ser inocente. Se ha descrito asociado a la parálisis cerebral, al ictus perinatal y, en casos menos frecuentes, a leucodistrofias como la enfermedad de Krabbe, donde acompaña a otros signos de afectación de la vía piramidal. El plazo importa. Existe una segunda forma de explorar este mismo territorio, más útil para detectar lesiones piramidales leves que todavía no dan otros signos evidentes. Se pide al paciente, sentado, que mantenga las manos apoyadas en vertical sobre las rodillas y que las levante con rapidez extendiendo los brazos y separando los dedos. En el lado con un déficit piramidal sutil, el pulgar se desvía hacia la aducción y la palma queda como excavada, un hallazgo descrito de forma independiente por varios neurólogos del siglo XX, entre ellos Raymond Garcin y Jean Alexandre Barré. Según la revisión publicada en la revista Neurology, esta maniobra resulta más sensible que otras pruebas clásicas de claudicación de la mano para poner de manifiesto un síndrome piramidal incipiente. No todo lo que se llama «signo del pulgar» en medicina es esto. En el síndrome de Marfan, el signo de Steinberg (cerrar el puño sobre el propio pulgar y comprobar si la falange distal sobresale por el borde de la mano) explora la longitud desproporcionada de los dedos propia de la aracnodactilia, un mecanismo completamente distinto al que aquí se describe. En radiología, además, el término «thumbprint sign» (literalmente, signo de la huella del pulgar) designa una impronta redondeada en la pared del colon o en la epiglotis visible en una radiografía, un hallazgo de otra especialidad por completo, sin relación con la exploración neurológica de la mano. Y conviene no confundirlo tampoco con el signo de Froment, que también involucra al pulgar pero traduce una debilidad del nervio cubital, no una lesión de la vía piramidal. Del latín pollicaris, derivado de pollex, emparentado a su vez con el verbo pollere, «ser fuerte». El nombre alude a que es el dedo más hábil y potente de la mano. No. En los primeros meses de vida es un hallazgo frecuente y transitorio. Solo adquiere valor de alarma si persiste más allá de los cuatro meses o si reaparece en un niño mayor o en un adulto. El primero es una postura que se observa con la mano en reposo o al pedir la extensión de los dedos. El segundo es una maniobra dinámica, con los brazos extendidos en alto, pensada para sacar a la luz un déficit piramidal demasiado sutil para verse de otro modo. No, y es una confusión habitual porque los tres comparten el nombre del dedo protagonista. El signo de Steinberg valora si el pulgar sobresale al cerrar el puño sobre él, y orienta hacia la aracnodactilia del síndrome de Marfan. El «thumbprint sign» radiológico es una sombra redondeada en una imagen de colon o de epiglotis, ajena por completo a la exploración de la mano. Solo el pulgar cortical descrito en esta entrada corresponde a un signo de liberación piramidal. En un estudio con 197 neonatos a término, la postura apareció en torno al 60 % de las manos derechas y algo más de la mitad de las izquierdas durante el primer día de vida, con descenso progresivo en los días siguientes.Qué es el signo del pulgar
Mecanismo: un fenómeno de liberación
De la cuna a la clínica: cuándo es normal y cuándo no
La variante dinámica: el pulgar que se levanta
Distinguir el signo del pulgar de otros hallazgos con el mismo nombre
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «pulgar»?
¿Es siempre anormal encontrar el pulgar metido dentro del puño?
¿Qué diferencia hay entre el pulgar cortical y el pulgar que se levanta de Garcin y Barré?
He leído sobre un «signo del pulgar» distinto en el síndrome de Marfan y en radiografías de tórax. ¿Es el mismo?
¿En qué proporción de recién nacidos sanos aparece esta postura?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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