DICCIONARIO MÉDICO
Retinitis
La retinitis es la inflamación del tejido retiniano, generalmente de causa infecciosa o autoinmunitaria, que puede alterar de forma permanente la visión si compromete la mácula o el nervio óptico. La palabra procede del latín medieval retina, a su vez calco del árabe rescheth ("red"), traducción de un adjetivo griego que describía una membrana "con aspecto de red que envuelve". La expresión tunica rethina aparece documentada en 1316, en la Anatomia de Mondino de Luzzi, casi tres siglos antes de que la anatomía moderna describiera con precisión la trama vascular que le da nombre. El sufijo -itis, del griego, indica inflamación. La combinación "retinitis" se documenta en el vocabulario médico desde 1821, seis décadas antes de que ese mismo sufijo se aplicara, de forma más discutible, a una enfermedad que en realidad no es inflamatoria. En sentido estricto, la retinitis designa un proceso inflamatorio que se origina en la propia retina y compromete sus fotorreceptores y sus capas neuronales. No toda alteración retiniana merece ese nombre. La retina comparte pared ocular con la coroides, la capa vascular contigua, y con el nervio óptico, y según cuál de estas estructuras se vea afectada primero, y en qué proporción, la nomenclatura oftalmológica distingue entidades distintas aunque emparentadas. El grupo internacional de trabajo para la Estandarización de la Nomenclatura de la Uveítis (SUN, por sus siglas en inglés) sitúa la retinitis dentro de las uveítis posteriores, junto a la coroiditis, la coriorretinitis, la neurorretinitis y la vasculitis retiniana. La diferencia entre ellas depende de dónde arranca la inflamación y de hasta dónde se extiende. Si el proceso queda confinado a la coroides, se habla de coroiditis. Si nace en la coroides y avanza hacia la retina, o al revés, se prefiere el término coriorretinitis. Cuando además del tejido retiniano se inflama el disco óptico, con el característico exudado en estrella alrededor de la mácula, la entidad pasa a llamarse neurorretinitis. Esta distinción no es un simple ejercicio de vocabulario. Cada localización responde a agentes causales distintos con frecuencias distintas, y de ella depende también el pronóstico visual: una lesión periférica puede pasar inadvertida durante meses, mientras que la misma inflamación sobre la mácula compromete la visión central de forma inmediata. La mayoría de las retinitis verdaderas tienen origen infeccioso. Los virus de la familia herpes (citomegalovirus, virus del herpes simple y virus varicela zóster) son responsables de las formas necrotizantes más agresivas, que se presentan sobre todo en personas con la inmunidad debilitada. El parásito Toxoplasma gondii provoca una variante distinta, casi siempre asociada a afectación coroidea simultánea. Existen también retinitis de origen autoinmunitario, sin agente infeccioso identificable, en el contexto de enfermedades sistémicas como la sarcoidosis o la enfermedad de Behçet. También varía la vía de llegada del agente al ojo. Algunos alcanzan la retina por diseminación desde la sangre, sin que exista un foco infeccioso ocular previo. Otros reactivan una infección latente en el propio tejido nervioso del ojo, décadas después del contagio inicial. Esta segunda vía explica por qué la retinitis por herpes zóster puede aparecer en personas que solo recuerdan haber pasado la varicela en la infancia. No toda entidad que lleva "retinitis" en su nombre es, en realidad, una inflamación. El oftalmólogo holandés Franciscus Donders acuñó en 1857 el término retinitis pigmentosa para describir una degeneración hereditaria de los fotorreceptores que él mismo relacionó, erróneamente, con un proceso inflamatorio. El error de fondo se mantiene en el nombre pese a que la investigación posterior demostró que la inflamación no interviene en su origen. El término ha sobrevivido en la práctica clínica, y en el habla común, casi dos siglos después de reconocerse como una imprecisión terminológica. Del latín medieval, a través de una cadena de traducciones que pasa por el árabe y, antes, por el griego. La imagen original, en las tres lenguas, es la de una red o una malla, en alusión a la trama de vasos sanguíneos que recorre esta membrana. No. En la coriorretinitis la inflamación afecta también, y de forma relevante, a la coroides, la capa vascular situada bajo la retina. Puede consultar la coriorretinitis para el desarrollo de esa entidad. Depende sobre todo de la zona afectada y de la rapidez con que se identifique la causa. Una cicatriz periférica apenas repercute en la visión. Una lesión macular, en cambio, deja casi siempre una pérdida de agudeza visual permanente. Por peso histórico. El nombre se fijó en la literatura médica del siglo XIX antes de que se entendiera el verdadero mecanismo genético de la enfermedad, y ningún término alternativo ha conseguido desplazarlo del todo en el uso internacional. No comparte mecanismo con las retinitis infecciosas o autoinmunitarias descritas aquí. Es una enfermedad genética degenerativa con un nombre heredado de una hipótesis del siglo XIX que resultó incorrecta.Qué es la retinitis
Cómo se clasifica según la estructura afectada
Causas más frecuentes
Un nombre que ha inducido a error: la retinitis pigmentosa
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "retina"?
¿Es lo mismo retinitis que coriorretinitis?
¿Puede una retinitis curarse sin dejar secuelas?
¿Por qué se sigue llamando "retinitis" pigmentosa a una enfermedad no inflamatoria?
¿La retinitis pigmentosa forma parte de este mismo grupo de enfermedades?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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