DICCIONARIO MÉDICO

Reacción adversa

Una reacción adversa es cualquier respuesta nociva y no buscada que produce un medicamento administrado a las dosis habituales; el acontecimiento adverso, en cambio, solo exige coincidir en el tiempo con el tratamiento, sin que se haya demostrado ninguna relación de causa.

Qué es una reacción adversa

La Organización Mundial de la Salud fijó la definición de referencia hace décadas: una reacción nociva y no intencionada que aparece a las dosis que se emplean habitualmente en el ser humano para prevenir, diagnosticar o tratar una enfermedad, o para modificar una función biológica. La definición lleva dentro un requisito que suele pasar inadvertido: exige sospecha razonable de causalidad. Por eso no se consideran reacciones adversas las intoxicaciones por sobredosis, el fracaso terapéutico ni los errores de administración, aunque los tres sean sucesos indeseables que el paciente relaciona, con razón, con el medicamento que toma.

La historia de la disciplina que vigila estas reacciones tiene una fecha de nacimiento bastante precisa. En diciembre de 1961 dos médicos, el australiano William McBride y el alemán Widukind Lenz, alertaron de forma independiente sobre la relación entre la talidomida y una malformación grave de las extremidades en recién nacidos, la focomelia. Más de diez mil niños resultaron afectados en más de cuarenta países. La conmoción llevó a la Asamblea Mundial de la Salud a recomendar, en 1962, la creación de un sistema permanente de vigilancia de los riesgos de los medicamentos: el origen directo de la farmacovigilancia moderna.

Reacción adversa, efecto secundario y acontecimiento adverso

Los tres términos conviven en la práctica clínica y se usan, con frecuencia, como si fueran intercambiables. No lo son del todo. Efecto secundario es la palabra de uso más divulgativo: cualquier consecuencia no principal de un medicamento, buscada o no. Reacción adversa es el término técnico y regulatorio, el que aparece en las fichas técnicas y en las notificaciones a las agencias del medicamento, y presupone esa sospecha de causalidad de la que hablábamos antes. Acontecimiento adverso es, de los tres, el más laxo: cualquier problema de salud que ocurre mientras una persona está en tratamiento, sin que se dé por hecho que el fármaco lo haya provocado. Un catarro que coincide con la segunda semana de un antibiótico es un acontecimiento adverso; solo se convertirá en reacción adversa si, tras evaluarlo, alguien establece una relación plausible entre ambos.

Clasificación según el mecanismo

La clasificación clásica, propuesta por Rawlins y Thompson en 1977, distinguía solo dos tipos: A y B. Con el tiempo se fueron sumando categorías hasta llegar al esquema de seis tipos que manejan hoy los manuales de farmacología clínica.

El tipo A, intrínseco o aumentado, es consecuencia de la propia acción farmacológica del medicamento: depende de la dosis, suele ser predecible y remite al reducirla o retirar el fármaco. La hipotensión que provoca un antihipertensivo cuando baja demasiado la tensión es un ejemplo típico. El tipo B, idiosincrático, no guarda relación con la dosis ni con el mecanismo de acción conocido: es imprevisible y poco frecuente, y en él se incluyen las reacciones de hipersensibilidad o el síndrome de Stevens-Johnson. El tipo C aparece con el uso prolongado, como la supresión de la función suprarrenal tras meses de corticoides. El tipo D se manifiesta tiempo después de la exposición, el caso de los efectos teratogénicos. El tipo E surge al retirar el medicamento, como el síndrome de abstinencia a opioides. Y el tipo F es, en realidad, la ausencia de efecto: el fracaso inesperado de un tratamiento, a veces por una interacción con otro fármaco.

Una revisión española sobre más de ciento treinta mil pacientes situó la incidencia global de reacciones adversas en torno al 3 %, con un 17 % de casos graves y una mortalidad del 0,6 % entre los afectados. Siete de cada diez reacciones fueron de tipo A, la variedad más predecible y, en teoría, más evitable.

Cómo se mide la frecuencia

Las fichas técnicas de los medicamentos no describen la probabilidad de cada reacción con un número exacto, sino con una categoría. Muy frecuente significa que aparece en al menos uno de cada diez pacientes; frecuente, entre uno de cada cien y uno de cada diez; poco frecuente, entre uno de cada mil y uno de cada cien; rara, entre uno de cada diez mil y uno de cada mil; muy rara, por debajo de uno de cada diez mil. Esta escala, propuesta por el Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas, es la misma que sostiene el listado de reacciones adversas que acompaña a cualquier prospecto.

Preguntas frecuentes

¿Toda reacción adversa hay que notificarla?

El sistema de farmacovigilancia está diseñado para recoger cualquier sospecha, no solo las confirmadas. En España, el Real Decreto 577/2013 regula esta notificación y no exige que la relación causal esté demostrada de antemano: basta con la sospecha razonable, que después evaluará personal especializado.

¿Es lo mismo una reacción adversa que una alergia a un medicamento?

No. La alergia es un subtipo concreto, mediado por el sistema inmunitario, dentro del tipo B. La inmensa mayoría de las reacciones adversas son de tipo A y no tienen ningún componente alérgico.

¿Qué papel tuvo la talidomida en todo esto?

El de catalizador. Antes de 1961 no existía ninguna autoridad sanitaria encargada de vigilar de forma sistemática la seguridad de los medicamentos ya comercializados. La tragedia cambió eso de manera irreversible.

Referencias

  1. Manual MSD, versión para profesionales. Reacciones adversas a los fármacos.
  2. Puche Cañas E, de Dios Luna J. Reacciones adversas a medicamentos: una revisión actualizada del problema en España. Revista Clínica Española.
  3. Agencia Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Argentina). Glosario de farmacovigilancia.
  4. The Conversation. La segunda vida de la talidomida, un fármaco marcado por la tragedia.

Entradas relacionadas

  • Reacción. El término general, con sus sentidos físico, químico y biológico, y un mapa de sus usos en medicina.
  • Efecto secundario. El término divulgativo con el que a menudo se confunde la reacción adversa.
  • Reacción anafiláctica. La reacción adversa de origen alérgico más grave que puede producir un medicamento.
  • Contraindicación. Situación en la que el uso de un medicamento no debe recomendarse por el riesgo que entraña.
  • Toxicidad. Efectos nocivos derivados de una exposición excesiva a una sustancia, incluidos los medicamentos.

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