DICCIONARIO MÉDICO

Pulsión

La pulsión es un concepto central del psicoanálisis freudiano: designa un empuje de origen corporal que presiona sobre la vida psíquica sin apuntar a un objeto fijo ni seguir un patrón de conducta predeterminado. Freud tomó la palabra alemana Trieb para nombrarlo, y la tradición hispana la tradujo como pulsión, no como instinto, precisamente para marcar esa diferencia.

Qué es la pulsión en psicoanálisis

En 1625 la palabra apareció por primera vez en francés, como pulsion, tomada del latín tardío pulsio (acción de empujar), derivado del verbo pulsare. El vocablo llegó después al castellano casi sin modificar su forma. Quedó fuera del uso corriente durante mucho tiempo: no es una palabra popular, sino un neologismo técnico que el psicoanálisis terminó fijando en su sentido actual.

Sigmund Freud empezó a emplear el término alemán Trieb en 1905, en sus Tres ensayos de teoría sexual, pero fue diez años más tarde, en el ensayo Pulsiones y destinos de pulsión (1915), donde lo definió con mayor precisión: una pulsión no es una fuerza puramente somática ni puramente psíquica, sino la representación anímica de una excitación que nace en el cuerpo y presiona a la mente para que trabaje sobre ella.

La Real Academia Española recoge una entrada mucho más breve: «impulso o tendencia instintivos». Esa definición general sirve para el habla cotidiana. El uso clínico del término, que es el que interesa aquí, es más estricto y se aparta justamente de la idea de instinto, como se explica más adelante.

Los cuatro componentes de la pulsión

En el mismo ensayo de 1915, Freud describe la pulsión mediante cuatro elementos. El esfuerzo (Drang) es la magnitud de fuerza o el factor de motilidad que representa. La fuente (Quelle) es el proceso somático, interno a un órgano o a una parte del cuerpo, del que procede la excitación. La meta (Ziel) consiste siempre en suprimir el estado de tensión reinante en la fuente.

El objeto, en cambio, es lo más variable de los cuatro: aquello mediante lo cual la pulsión alcanza su meta. No está fijado de antemano (puede cambiar a lo largo de la vida de una persona, e incluso sustituirse por otro sin que la pulsión pierda fuerza), una plasticidad que el instinto animal no tiene y que explica buena parte de la creatividad y también de la patología humanas.

Antes de agotarse en su meta original, una pulsión puede tomar caminos distintos: lo que Freud llama destinos de pulsión. Puede quedar sujeta a la represión, permaneciendo fuera de la conciencia sin desaparecer, o virar hacia la sublimación, que redirige su energía hacia fines que la cultura valora. También puede invertirse en su contrario o volverse contra la propia persona.

Clasificación: de la pulsión sexual a Eros y Tánatos

La primera gran clasificación freudiana, planteada en 1905, oponía las pulsiones sexuales a las pulsiones de autoconservación o yoicas, ligadas a necesidades básicas como el hambre. Esa distinción funcionó durante quince años como el eje de la teoría.

En 1920, con Más allá del principio del placer, Freud reformuló el mapa completo. Introdujo un dualismo distinto: pulsión de vida (Eros) frente a pulsión de muerte, a la que autores posteriores bautizaron Tánatos, aunque Freud nunca usó esa palabra en sus propios textos. Eros agrupa desde entonces tanto la antigua pulsión sexual como la de autoconservación, y su meta es construir uniones cada vez más amplias: entre células, entre personas, entre ideas. La pulsión de muerte apunta en la dirección opuesta, disolver esas uniones y devolver a la materia viva a un estado anterior, inorgánico, gobernado por lo que Freud llamó principio de nirvana.

Uno de los fenómenos que llevó a Freud a postular esta segunda pulsión fue la compulsión de repetición: la tendencia, observada en sueños traumáticos y en ciertas conductas repetitivas, a reproducir una situación displacentera sin que medie ninguna ganancia de placer aparente. Ese comportamiento no encajaba con el principio del placer que había regido su teoría hasta entonces.

El modelo se consolidó en 1923 con El yo y el ello, donde Freud sitúa buena parte de la reserva pulsional, sobre todo la de las pulsiones de muerte y las sexuales no domesticadas, en la instancia que denominó id o ello. La escuela kleiniana conservó después la pulsión de muerte como pieza central de su teoría clínica; otras corrientes, como buena parte del psicoanálisis interpersonal norteamericano, prescindieron de ella casi por completo.

Diferenciación entre pulsión, instinto e impulso

Confundir pulsión con instinto es fácil, y de hecho ocurrió en la traducción inglesa de la obra de Freud: James Strachey vertió Trieb como instinct, una decisión que generó décadas de equívocos en el mundo anglosajón. El propio Freud distinguía Trieb de Instinkt, la palabra alemana que sí corresponde al instinto biológico.

El instinto, en su sentido clásico, es un patrón de conducta heredado, común a todos los individuos de una especie animal, que varía poco y se orienta hacia un objeto específico: el salmón que remonta el río, la araña que teje su tela. La pulsión humana no funciona así. No tiene un objeto predeterminado ni un patrón de acción fijo, y se satisface con lo que encuentra disponible en cada momento. Ese margen, señalan autores como Jean Laplanche, es la clave de toda la teoría pulsional freudiana.

Queda, por último, el uso coloquial de impulso o deseo como sinónimos de pulsión. No lo son, estrictamente. Impulso describe mejor una descarga puntual y consciente (pedir la palabra sin pensarlo, comprar algo por capricho), mientras que la pulsión freudiana opera en un registro inconsciente y permanente, no ligado a un acto aislado.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra pulsión?

Del latín tardío pulsio, acción de empujar, derivado del verbo pulsare. Llegó al castellano a través del francés pulsion, y el psicoanálisis la adoptó para traducir el alemán Trieb.

¿Es lo mismo que el instinto?

No. El instinto es un patrón de conducta fijo y hereditario, común a toda una especie animal, con un objeto predeterminado. La pulsión, tal y como la describió Freud, carece de esa fijeza: no tiene un objeto único ni un patrón de acción invariable, y puede desviarse, reprimirse o transformarse a lo largo de la vida de una persona.

¿Qué diferencia hay entre la pulsión y el deseo?

El deseo suele entenderse, dentro y fuera del psicoanálisis, como algo más puntual y ligado a la conciencia: se desea un objeto concreto en un momento concreto. La pulsión es la fuerza de fondo, casi siempre inconsciente, que sostiene esa búsqueda a lo largo del tiempo, aunque cambien los objetos que la satisfacen.

¿Qué son la pulsión de vida y la pulsión de muerte?

Son la segunda gran clasificación que propuso Freud, formulada en 1920 en Más allá del principio del placer y consolidada tres años después en El yo y el ello. La pulsión de vida, a la que se dio el nombre de Eros, reúne la antigua pulsión sexual y la de autoconservación, y tiende a crear uniones cada vez más amplias: entre células, entre personas, entre ideas. La pulsión de muerte busca lo contrario: disolver esas uniones y devolver la materia a un estado de reposo anterior a la vida. Freud llegó a esta hipótesis observando fenómenos que no encajaban con el principio del placer, como los sueños repetitivos de quienes habían vivido un trauma. Las dos pulsiones no actúan por separado, sino que se combinan y se oponen en proporciones distintas según la conducta que se observe. Ninguna de las dos aparece jamás en estado puro.

¿Sigue vigente la teoría de la pulsión de muerte?

Depende de la escuela. La corriente kleiniana la conservó como pieza central de su teoría clínica, mientras que buena parte del psicoanálisis interpersonal y relacional norteamericano prescindió de ella por considerarla una especulación biológica excesiva. Fuera del psicoanálisis, el concepto apenas se usa: la psicología académica contemporánea no maneja la pulsión de muerte como categoría de trabajo.

Referencias

  1. Real Academia Española. Pulsión. Diccionario de la lengua española.
  2. Repositorio Institucional de la Universidad de Burgos. El concepto de «pulsión» en Freud, desde sus antecedentes filosóficos, fisiológicos y psicopatológicos hasta la fundamentación en la obra freudiana.
  3. Corsi, P. Aproximación preliminar al concepto de pulsión de muerte en Freud. Revista Chilena de Neuropsiquiatría.
  4. Centro Eleia. El concepto de pulsión en Freud.

Entradas relacionadas

  • Id: la instancia psíquica donde, según el modelo de 1923, Freud sitúa buena parte de la reserva pulsional inconsciente.
  • Instinto: el patrón de conducta hereditario y fijo con el que la pulsión suele confundirse y del que en realidad se distingue.
  • Compulsión: la conducta repetitiva que Freud vinculó con la pulsión de muerte en Más allá del principio del placer.
  • Represión: uno de los destinos posibles de la pulsión, que la mantiene fuera de la conciencia sin eliminarla.
  • Sublimación: otro destino posible, que redirige la energía pulsional hacia metas socialmente valoradas.

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