DICCIONARIO MÉDICO
Represión
La represión es, según el campo desde el que se mire, el mecanismo psíquico inconsciente por el que una persona aparta de la conciencia un contenido intolerable, o el mecanismo molecular por el que una célula bloquea la transcripción de un gen. Los dos sentidos comparten la idea de un bloqueo activo y sostenido, pero pertenecen a disciplinas sin relación real entre sí. El psicoanálisis y la biología molecular llegaron a la misma palabra por caminos completamente independientes. Sigmund Freud dedicó a este mecanismo un texto propio, La represión, publicado en 1915 dentro del conjunto de trabajos que hoy se agrupan bajo el nombre de metapsicología. Ahí lo describe como una operación en tres tiempos, no como un acto único. El primero es la represión primaria u originaria: una representación pulsional queda excluida del acceso a la conciencia desde el principio, sin haber estado nunca en ella, y con eso se funda el núcleo mismo del inconsciente. El segundo tiempo, la represión propiamente dicha o secundaria, actúa después sobre ideas asociadas a ese núcleo, atraídas hacia abajo como por un imán. El tercero es el fracaso parcial de la operación, el retorno de lo reprimido, cuyas vías de expresión desarrolla con detalle la entrada dedicada al inconsciente reprimido. El objetivo de toda la operación, según Freud, es evitar el displacer. No hay un ataque gratuito del yo contra sí mismo, sino un cálculo económico: mantener baja la tensión psíquica ante un contenido que, de aflorar, generaría angustia. Ese cálculo tiene un coste. La represión no es un gesto puntual. Es un gasto continuo de energía, sostenido mientras dure la amenaza, y por eso puede reconocerse clínicamente en el esfuerzo psíquico que exige a quien la sostiene. Conviene no confundir la represión con el gesto consciente de apartar un pensamiento a propósito, algo que cualquiera hace al posponer una preocupación o desviar la atención de un recuerdo molesto. Ese acto deliberado pertenece al terreno de la voluntad, y el sujeto lo reconoce como propio. La represión, en cambio, opera sin que la persona se entere de que ocurre: el yo la ejecuta de forma automática, y quien la sufre no tiene acceso ni al contenido apartado ni al hecho mismo de haberlo apartado. Es uno de los mecanismos que recoge, junto a otros ocho, la entrada dedicada a los mecanismos de defensa. En genética molecular, represión designa el bloqueo de la transcripción de un gen. El término no nació con el modelo del operón. Lo propuso en 1957 el bioquímico Henry Vogel, que trabajaba con la vía de síntesis de arginina en la bacteria Escherichia coli, y lo eligió como opuesto de inducción, ya en uso desde antes para el fenómeno contrario. Vogel había comprobado que añadir arginina al medio de cultivo hacía caer la producción de una de las enzimas de esa vía, la acetilornitinasa, y necesitaba un nombre para ese efecto inverso al de la inducción enzimática. Poco después localizó el gen regulador responsable, con lo que la represión dejó de ser una simple observación y pasó a tener un soporte genético concreto. Esa línea de trabajo avanzó en paralelo, no después, a la que Jacob y Monod desarrollaban sobre la inducción de una enzima digestiva en la misma bacteria. Cuando ambos hallazgos se unificaron en el modelo del operón de 1961, quedó claro que inducción y represión eran dos caras de un mismo mecanismo de control negativo: una proteína reguladora que, según el sistema, empieza activa y se libera con un inductor, o empieza inactiva y se activa con un correpresor. La entrada dedicada al operón desarrolla esa arquitectura común, y la dedicada al represor explica la proteína que ejecuta el bloqueo. No conviene confundir la represión con la inhibición enzimática, aunque ambas frenan una vía metabólica. La represión actúa sobre la transcripción: impide que el gen se copie a ARN mensajero, de modo que la célula deja de fabricar la proteína. La inhibición actúa sobre una proteína que ya existe, casi siempre alterando su forma cuando un metabolito se une a un lugar distinto del centro activo. Las dos estrategias se describieron casi al mismo tiempo y sobre vías biosintéticas parecidas. Mientras Vogel estudiaba la represión de enzimas de la arginina, Yates y Pardee describían en 1956 la inhibición de la primera enzima de la vía de las pirimidinas por su propio producto final. Una decide si la proteína llega a fabricarse; la otra actúa después, sobre la que ya está hecha. El fenómeno no se limita a las bacterias. En células con núcleo existen también genes represores y regiones de ADN llamadas silenciadores, encargadas de mantener apagados genes concretos cuando conviene. La entrada dedicada al gen regulador recoge esa faceta, y la dedicada a la represión catabólica desarrolla una variante bacteriana que afecta a muchos genes a la vez, no a uno solo. No. La supresión consciente es un acto deliberado: la persona decide apartar un pensamiento y sabe que lo está haciendo. La represión ocurre sin que el sujeto se entere, y ni siquiera tiene acceso al contenido que ha quedado fuera. Por una coincidencia con más historia de la que parece. Las dos disciplinas heredaron el mismo verbo latino, reprimere, y cada una lo aplicó por su cuenta a un fenómeno de bloqueo que necesitaba nombre: Freud, en alemán, para la vida psíquica de finales del siglo XIX; Vogel, en inglés, para el efecto de la arginina sobre una enzima bacteriana en 1957. No hay relación causal entre ambos usos, solo el mismo origen etimológico aplicado dos veces a fenómenos distintos. No. Hay dos lógicas opuestas, según si el represor empieza activo o inactivo. Cada una se desarrolla con su ejemplo bacteriano en la entrada dedicada al represor. El bioquímico Henry Vogel lo propuso en 1957, en un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences sobre la síntesis de arginina en Escherichia coli. Antes de esa fecha el fenómeno se observaba, pero la genética microbiana no tenía un término técnico propio para él. Vogel necesitaba una palabra que se opusiera con claridad a inducción, ya establecida para el fenómeno contrario, y eligió represión por su sentido corriente de contener o sofocar algo. Poco después localizó el gen regulador responsable en el sistema que había estudiado, lo que dio al término un soporte molecular concreto. El modelo del operón de Jacob y Monod, publicado en 1961, terminó de encajar esa pieza dentro de una teoría general de la regulación génica. No necesariamente. La represión es, por definición, reversible: basta con que desaparezca la señal que la mantiene (el inductor ausente, el correpresor ausente) para que el gen vuelva a transcribirse. Una pérdida permanente de función exige, en cambio, una alteración de la propia secuencia del gen, como una mutación.Represión como mecanismo de defensa psíquica
Represión de la expresión génica
Preguntas frecuentes
¿Represión y supresión son lo mismo?
¿Por qué la misma palabra sirve para un mecanismo psíquico y uno genético?
¿Toda represión génica funciona igual?
¿Cuándo empezó a usarse represión para nombrar este fenómeno genético?
¿Una célula con un gen reprimido ha perdido esa función para siempre?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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