DICCIONARIO MÉDICO
Prueba de la tuberculina
La prueba de la tuberculina es una exploración cutánea que valora si el sistema inmunitario de una persona ha entrado alguna vez en contacto con Mycobacterium tuberculosis, el bacilo causante de la tuberculosis. El reactivo empleado es la tuberculina, un extracto obtenido del propio bacilo; hoy se aplica casi siempre mediante la técnica intradérmica descrita por Charles Mantoux, por lo que ambos nombres se usan a menudo como sinónimos. La tuberculina no es el bacilo tuberculoso, sino un extracto de antígenos obtenidos a partir de su cultivo. No contiene microorganismos vivos ni capacidad infectiva: lo que provoca en la piel es una reacción de inmunidad celular retardada, similar a la que desencadenaría el propio bacilo, en cualquier persona cuyos linfocitos ya lo hayan reconocido antes, ya sea por infección natural o por vacunación. La forma actual del reactivo se conoce como PPD, siglas del inglés purified protein derivative (derivado proteico purificado). No es, sin embargo, la única tuberculina que ha existido: su composición y su método de obtención cambiaron de forma notable a lo largo de más de un siglo de uso. Robert Koch presentó la tuberculina en 1890, ante el X Congreso Internacional de Medicina de Berlín, como un supuesto remedio contra la tuberculosis. El anuncio resultó un fracaso clínico: la sustancia no curaba la enfermedad y en algunos pacientes empeoraba el cuadro. De ese fracaso terapéutico, sin embargo, nació una herramienta diagnóstica: aquel primer extracto, hoy conocido como tuberculina bruta o antigua (OT, old tuberculin), mostraba una reacción cutánea característica en quienes ya habían tenido contacto con el bacilo, y ese hallazgo se convirtió en la base de la prueba diagnóstica. La OT era una mezcla compleja e impura, con resultados poco reproducibles. En 1934 la bioquímica estadounidense Florence Seibert desarrolló un método de purificación que redujo drásticamente esas impurezas: el derivado proteico purificado, PPD. Su preparado de referencia, denominado PPD-S, quedó estandarizado y se comercializó a partir de 1941 en Estados Unidos. En 1958 la Organización Mundial de la Salud adoptó un segundo lote de referencia, el PPD RT-23, preparado en Copenhague y distribuido gratuitamente en gran parte del mundo; es la variante que se sigue empleando hoy en España y en buena parte de Europa, con una potencia distinta a la del PPD-S estadounidense. La primera forma de aplicar la tuberculina con fines diagnósticos fue la escarificación cutánea, descrita en 1907 por el pediatra austríaco Clemens von Pirquet. Un año más tarde, Charles Mantoux propuso depositar el extracto dentro del espesor de la piel mediante una inyección intradérmica, un método que demostró ser más sensible que la escarificación y que terminó imponiéndose como técnica de referencia. La entrada dedicada a Mantoux recoge en detalle el procedimiento, la lectura de la reacción y la disputa histórica sobre su autoría. Con cualquiera de las dos técnicas, lo que se valora entre 48 y 72 horas después no es el enrojecimiento de la piel, sino la induración: la zona endurecida y palpable que se forma en el punto de inyección. El eritema que puede rodearla no se tiene en cuenta para la interpretación. Una reacción positiva indica que el organismo ha reconocido antígenos micobacterianos porque los ha encontrado antes. No distingue, por sí sola, entre una infección tuberculosa activa y una infección latente, ni entre el contacto con el bacilo salvaje y la respuesta generada por la vacuna BCG, que puede dar reacciones cruzadas. Por esa razón, el resultado se interpreta siempre dentro de un contexto clínico más amplio, nunca de forma aislada. En las últimas décadas se ha sumado una alternativa complementaria, los ensayos de liberación de interferón gamma (IGRA), una prueba de sangre que mide en el laboratorio la respuesta de los linfocitos T frente a antígenos más específicos de Mycobacterium tuberculosis. Su resultado no se ve afectado por la vacunación previa con BCG, una limitación que sí arrastra la tuberculina. En la práctica actual, sí. Mantoux es el nombre de la técnica de aplicación intradérmica, hoy estándar; tuberculina es el nombre del reactivo que se inyecta. Como la vía intradérmica desplazó a las técnicas anteriores, ambos términos se emplean como sinónimos, aunque estrictamente uno designa el método y el otro la sustancia. Sí. La vacunación con BCG puede provocar una reacción positiva a la tuberculina sin que exista infección tuberculosa real, lo que complica la interpretación en personas vacunadas. Es una de las razones por las que se han desarrollado alternativas como los ensayos de liberación de interferón gamma. La presentó en 1890 como tratamiento, no como prueba diagnóstica. No curaba la tuberculosis y provocaba reacciones inflamatorias intensas en algunos pacientes ya enfermos. El valor diagnóstico del extracto se reconoció después, precisamente a partir de esa reacción cutánea que el fármaco fallido producía. Son dos lotes de referencia distintos del mismo derivado proteico purificado, con potencias biológicas diferentes. El PPD-S se estandarizó en Estados Unidos en 1941; el PPD RT-23 lo adoptó la OMS en 1958 para su distribución internacional, incluida España. Por esa diferencia de potencia, las unidades y los umbrales de lectura de uno y otro no son directamente intercambiables.Qué es la tuberculina
De la tuberculina de Koch al PPD moderno
Cómo se aplica: de la escarificación a la vía intradérmica
Qué información aporta y qué no
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la prueba de la tuberculina que la prueba de Mantoux?
¿Puede la vacuna BCG alterar el resultado?
¿Por qué fracasó Koch con su primera tuberculina?
¿Qué diferencia hay entre el PPD-S y el PPD RT-23?
Referencias
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