DICCIONARIO MÉDICO
Prótesis
Una prótesis es un dispositivo artificial destinado a sustituir la estructura, la función o el aspecto de una parte del cuerpo ausente, dañada o insuficiente. El concepto reúne objetos tan distintos como una pierna ortopédica, una válvula cardíaca o un ojo de resina, unidos por una misma idea: reponer algo que falta. La palabra procede del griego prósthesis (πρόσθεσις), que significaba «añadido» o «aplicación», con el prefijo prós- («por añadidura») sobre la raíz thésis («colocación»). En la gramática griega existía además próthesis (πρόθεσις), «exposición» o «colocación delante»; el latín tardío del siglo V fundió ambos términos y ambos sentidos bajo la forma prosthesis. El uso quirúrgico moderno, con el significado de «pieza artificial añadida al cuerpo para suplir un defecto», se documenta en inglés desde 1706, varios siglos después de su primer registro como término gramatical. Frente a esa etimología basada en la idea de añadir, conviene subrayar que una prótesis no añade: sustituye. La estructura reemplazada puede ser ósea, muscular, articular, sensorial o incluso puramente funcional, como ocurre con la prótesis fonatoria, que no imita ninguna pieza anatómica concreta, sino la función de producir voz. No siempre resulta sencillo distinguir estos cuatro términos, que suelen emplearse de forma laxa en el lenguaje coloquial. El implante es el concepto más amplio: cualquier material o dispositivo colocado en el interior de un tejido con fin terapéutico, sustitutivo o estético. Toda prótesis interna es, en ese sentido, un implante, pero no todo implante sustituye una parte del cuerpo ausente (un marcapasos, por ejemplo, se implanta sin reemplazar ningún órgano). La órtesis, por su parte, no sustituye nada: apoya, corrige o mejora la función de una estructura que sigue presente, como sucede con una férula o un collarín. El injerto, en cambio, se distingue por su origen biológico: es tejido vivo (propio o de un donante) trasplantado para reparar una zona dañada, mientras que la prótesis se fabrica siempre con material artificial. Según su ubicación respecto al cuerpo, se distingue entre exoprótesis, las que quedan fuera del organismo y pueden retirarse sin cirugía (un brazo ortopédico, una prótesis mamaria externa tras una mastectomía), y endoprótesis, las que se implantan en el interior mediante una intervención quirúrgica, como la endoprótesis articular o los distintos implantes mamarios. Atendiendo a su finalidad, unas prótesis son fundamentalmente funcionales: buscan recuperar una capacidad perdida, como caminar, masticar o hablar. Otras son sobre todo estéticas, orientadas a restablecer una apariencia sin que ello implique recuperar la función original; es el caso, con matices, de la prótesis ocular, que no devuelve la visión pero sí el aspecto del ojo. En la práctica, ambas finalidades conviven con frecuencia en un mismo dispositivo. Por región anatómica, las variantes son numerosas: dentales, articulares, oculares, mamarias, penianas, vocales, valvulares o de extremidad, entre otras muchas. Cada una responde a necesidades y a materiales distintos, aunque comparten el mismo principio de sustitución. La prótesis funcional más antigua documentada hasta ahora es un dedo gordo del pie, de madera y cuero, hallado en una momia femenina de la necrópolis tebana de Sheij Abd el-Qurna y datado entre los años 950 y 710 antes de Cristo. Los análisis de desgaste y los ensayos con réplicas, llevados a cabo por investigadores de la Universidad de Mánchester, mostraron que la pieza no era un simple añadido funerario: permitía caminar con un apoyo real del pie. El salto hacia los materiales actuales fue mucho más tardío. Según recoge la revista del Instituto Nacional de Salud estadounidense, no fue hasta la década de 1990 cuando los fabricantes de prótesis de extremidad sustituyeron de forma generalizada la madera y el cuero por plásticos y otros materiales sintéticos, en una transición que después se extendería a prácticamente todos los tipos de dispositivo protésico. Del griego prósthesis, «añadido» o «aplicación», fusionado en el latín tardío con el término próthesis, «colocación delante»; su sentido quirúrgico actual es bastante más reciente que su sentido gramatical original. No exactamente. Toda prótesis interna es un implante, pero no todo implante sustituye una parte ausente del cuerpo: un marcapasos, por ejemplo, es un implante sin ser una prótesis. Un dedo del pie de madera y cuero, de entre los siglos X y VIII antes de Cristo, encontrado en una momia egipcia y conservado hoy en el Museo Egipcio de El Cairo. No. Las endoprótesis, como los implantes articulares o mamarios, quedan por completo bajo la piel; solo las exoprótesis, como un miembro ortopédico, son visibles y se pueden retirar sin cirugía.Qué es una prótesis
Prótesis, implante, órtesis e injerto
Clasificación de las prótesis
Reseña histórica
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra «prótesis»?
¿Es lo mismo una prótesis que un implante?
¿Cuál es la prótesis más antigua que se conoce?
¿Todas las prótesis son visibles desde fuera del cuerpo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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