DICCIONARIO MÉDICO
Preservación
La preservación es la manipulación de un órgano extraído de un donante, mediante frío y soluciones específicas, con el fin de mantenerlo viable desde la extracción hasta el momento del trasplante. Se aplica a cualquier órgano sólido susceptible de trasplantarse: riñón, hígado, corazón, pulmón o páncreas. Procede del latín praeservāre, formado por prae ("antes") y servare ("guardar, proteger"). Ya en 1617 aparece registrada en un diccionario castellano con el sentido general de anticiparse a un daño; en la medicina del trasplante conserva justo ese matiz, porque se actúa antes de que el órgano sufra las consecuencias de quedar sin riego sanguíneo. En la práctica, consiste en lavar el órgano con una solución fría nada más extraerlo del donante, para retirar la sangre que contiene y sustituirla por un líquido que imita el medio intracelular (rico en potasio, pobre en sodio, muy distinto del plasma que normalmente lo baña). A partir de ahí, el órgano se traslada y se mantiene a baja temperatura hasta el trasplante. Un órgano separado de la circulación entra en isquemia: sus células dejan de recibir oxígeno y nutrientes, y el metabolismo aeróbico se detiene. El frío no elimina ese daño, pero lo retrasa de forma notable. A 4 grados, la actividad celular cae a una fracción mínima de la que tiene a temperatura corporal, y ese margen es el que permite transportar el órgano y organizar el trasplante con cierto margen de maniobra. Ahí entran las soluciones de preservación, que aportan algo más que frío: sustancias que impiden la hinchazón celular, amortiguan la acidez del metabolismo anaeróbico y frenan la formación de radicales libres. Sin ellas, el simple enfriamiento no bastaría. Existen dos grandes estrategias. La conservación en frío, con diferencia la más extendida, mantiene el órgano inmóvil, sumergido en la solución, hasta el trasplante. La conservación en máquina lo mantiene perfundido de forma continua mediante un dispositivo mecánico, a temperatura baja o, en desarrollos más recientes, a temperatura corporal. La elección entre una y otra depende del órgano, del estado del donante y de los recursos del centro trasplantador. No es una decisión trivial. Conviene no confundirla con la extracción de órganos, el paso quirúrgico previo en el que se retira el órgano del donante. Tampoco debe igualarse sin más a la conservación en frío, que es solo una de las dos técnicas mediante las que se lleva a cabo. Fuera del trasplante, la misma palabra sirve para hablar de la protección de documentos, ecosistemas o alimentos, usos que nada tienen que ver con el que aquí se describe. Del latín praeservāre, según recoge el Diccionario de la lengua española. Su primer registro documentado en un diccionario castellano data de 1617, cuando todavía se aplicaba a cualquier tipo de protección anticipada y no, como ahora, a un órgano concreto. No. La conservación en frío es una de las dos formas de preservar un órgano. La otra es la conservación en máquina. Aumenta el riesgo de que el órgano tarde en funcionar tras el trasplante o no llegue a hacerlo con normalidad, un fenómeno que se conoce como lesión por isquemia-reperfusión. Ni mucho menos. El corazón y el pulmón admiten solo unas horas fuera del cuerpo; el riñón puede mantenerse preservado más de un día entero. Cada órgano tiene su propio margen, marcado por su sensibilidad particular a la falta de oxígeno.Qué es la preservación
Por qué es necesaria
Clasificación
Diferenciación
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra preservación?
¿Es lo mismo que la conservación en frío?
¿Qué ocurre si se supera el tiempo recomendado?
¿Todos los órganos toleran la preservación durante el mismo tiempo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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