DICCIONARIO MÉDICO
Onchocerca volvulus
Onchocerca volvulus es un gusano parásito, del grupo de los nematodos, responsable de la oncocercosis, la enfermedad que se conoce popularmente como ceguera de los ríos. Vive enroscado dentro de unos nódulos que se forman bajo la piel de la persona infectada, donde una hembra puede sobrevivir cerca de quince años. Llega al ser humano por la picadura de una mosca negra que se cría en los ríos de corriente rápida de las zonas tropicales. Su nombre reúne dos rasgos del propio animal: la cola y su costumbre de enrollarse sobre sí mismo. Onchocerca volvulus Filaria de la ceguera de los ríos Tipo: helminto Clase: nematodo, superfamilia de las filarias (Filarioidea) Transmisión: vectorial, por la picadura de la mosca negra del género Simulium Reservorio: humano (único hospedador) Patogenicidad: primario Enfermedades: oncocercosis o ceguera de los ríos Onchocerca volvulus es un nematodo, es decir, un gusano redondo, del grupo de las filarias. Se cuenta entre los parásitos que se alojan en los tejidos del hospedador y no en el intestino. Es la única especie de su género que parasita de forma habitual al ser humano; las demás Onchocerca viven a costa del ganado y de los caballos. El nombre del género procede del griego: onkos, gancho, y kerkos, cola, en referencia al extremo posterior del gusano. El epíteto volvulus viene del latín volvere, enroscarse, y retrata cómo aparecen estos gusanos dentro del nódulo, apelotonados en un ovillo apretado. Al parásito se le fue conociendo por partes. En 1874 el cirujano John O'Neill vio por primera vez sus microfilarias en la piel de enfermos africanos aquejados de una dermatitis local, el craw-craw, y en 1893 el zoólogo Rudolf Leuckart describió al gusano adulto y le puso nombre. La conexión con la ceguera llegó desde Guatemala: en 1917, el médico Rodolfo Robles ligó los nódulos y el parásito con las lesiones de los ojos, y durante décadas la afección se llamó, en su honor, enfermedad de Robles. Con forma de hilo y un tono blanco nacarado, el adulto resulta casi transparente. Las hembras superan con mucho a los machos: alcanzan entre 33 y 50 centímetros de longitud, mientras que ellos rara vez pasan de los cuatro. Ambos viven enrollados juntos dentro de nódulos fibrosos que el propio organismo levanta a su alrededor, bajo la piel. A esos bultos se les llama oncocercomas, y en su interior el gusano llega a vivir alrededor de quince años. De cada hembra salen a diario miles de larvas diminutas, las microfilarias, que no miden más de un tercio de milímetro. Aquí está uno de los rasgos que identifican a la especie: sus microfilarias carecen de vaina, la envoltura que sí rodea a las de otras filarias, y no habitan en la sangre sino en la piel. En el laboratorio se reconocen por ese detalle, por su cola afilada y algo doblada y porque los núcleos no alcanzan la punta. El ser humano es el único hospedador del parásito. No existe reservorio animal: el gusano completa su ciclo entre las personas y un insecto, la mosca negra del género Simulium. Esa mosca se cría en los ríos y arroyos de aguas rápidas y bien oxigenadas, y de ahí viene el nombre popular de la enfermedad. Donde el agua corre con fuerza, la mosca prospera, y con ella el parásito. Todo empieza con una picadura. La mosca deposita en la piel unas larvas que penetran por la herida, maduran en los tejidos y terminan convertidas en gusanos adultos dentro de los nódulos. Allí las hembras liberan microfilarias, que se reparten por la dermis. Cuando otra mosca pica a esa persona, absorbe las microfilarias al alimentarse, y en su interior vuelven a transformarse en larvas capaces de infectar. Se cierra así el círculo, de la persona al insecto y del insecto a la persona. Dentro del propio gusano vive además una bacteria, del género Wolbachia, que lo acompaña durante toda su existencia. No se trata de un simple pasajero: el parásito depende de ella para desarrollarse y reproducirse, y sin esa compañera su descendencia no sale adelante. La relación entre ambos es tan estrecha que la biología del gusano no se entiende sin ella. Una sola enfermedad humana lleva su firma: la oncocercosis, que casi todo el mundo conoce como ceguera de los ríos. Es una afección de la piel y de los ojos, encuadrada en el grupo de las filariasis, y una de las causas de ceguera evitable en el mundo. La Organización Mundial de la Salud la tiene clasificada como enfermedad tropical desatendida. Su territorio es el de la mosca que lo transmite: sobre todo el África subsahariana tropical, con focos menores en Yemen y en un rincón de la Amazonía entre Venezuela y Brasil. Fuera de esas zonas el parásito no encuentra vector con el que completar su ciclo, de modo que no arraiga. No todas las filarias se comportan igual, y el detalle que separa a Onchocerca volvulus de sus parientes está en dónde se encuentran sus microfilarias. Las de Loa loa o las de las filarias responsables de la filariasis linfática circulan por la sangre y llevan vaina; las de Onchocerca viven en la piel y carecen de ella. Esa distinción, la piel frente a la sangre, orienta la identificación cuando se sospecha de una u otra. Onchocerca busca también los ojos, un territorio que las filarias de la sangre no invaden. Cola con gancho que se enrosca. Onchocerca une dos voces griegas, onkos, gancho, y kerkos, cola; volvulus procede del latín volvere, enroscarse. El conjunto describe el aspecto del gusano y su tendencia a formar ovillos dentro del nódulo. Porque la mosca que transmite el parásito, del género Simulium, se reproduce en los ríos de corriente rápida. Las comunidades que viven junto a esas aguas son las más expuestas a sus picaduras y, con ellas, a una infección que puede terminar en ceguera. El nombre popular une el lugar y la consecuencia. En dónde viven sus crías. Las microfilarias de Onchocerca volvulus habitan la piel y carecen de la envoltura, o vaina, que sí presentan las de Loa loa, cuyas larvas circulan por la sangre. Onchocerca alcanza además el ojo, algo que otras filarias no hacen. No, salvo a través de un viaje. La enfermedad es propia de zonas rurales del África tropical y de focos muy concretos de América y Yemen, y solo se adquiere donde vive la mosca transmisora. No se contagia de una persona a otra. Mucho. Una hembra adulta puede sobrevivir cerca de quince años dentro de su nódulo, y produce microfilarias durante buena parte de ese tiempo. Las propias microfilarias llegan a vivir hasta dos años. Esa longevidad explica que la infección, sin intervención, se mantenga activa a lo largo de más de una década. Para situar Onchocerca volvulus dentro de su grupo, puede consultar:Qué es Onchocerca volvulus
Cómo es y cómo se identifica
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Cómo se diferencia de otras filarias
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Onchocerca volvulus?
¿Por qué se llama ceguera de los ríos?
¿En qué se distingue de otras filarias como Loa loa?
¿Hay riesgo de contagio en España?
¿Cuánto tiempo vive el parásito en el organismo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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