DICCIONARIO MÉDICO
Oncocercosis
La oncocercosis, más conocida como ceguera de los ríos, es una enfermedad parasitaria que afecta a la piel y a los ojos. La causa un gusano, Onchocerca volvulus, que se transmite por la picadura de una mosca negra ligada a los ríos de corriente rápida. El daño no lo provoca el gusano adulto, sino la reacción del organismo frente a sus crías, que invaden la piel y, con el tiempo, llegan hasta el ojo. Es una de las principales causas de ceguera evitable en las regiones tropicales donde todavía persiste. La oncocercosis es una infección crónica producida por Onchocerca volvulus, un gusano filarial que se aloja en los tejidos de la persona. Se contrae en zonas rurales de clima cálido, tras picaduras repetidas de la mosca negra que actúa como transmisora. Una sola picadura rara vez basta: la infección se instala con la exposición sostenida a lo largo de meses o años, lo que la liga a quienes viven y trabajan cerca de los ríos donde el insecto se reproduce. El término oncocercosis deriva del propio género del parásito, Onchocerca, formado por las voces griegas para gancho y cola. El sobrenombre con el que se la conoce en medio mundo, ceguera de los ríos, tiene un origen más terrenal: reúne su desenlace más temido y el paisaje donde se adquiere, las orillas de los cursos de agua rápidos. En inglés se la llama river blindness, con idéntico sentido. Encerrado en sus nódulos bajo la piel, el gusano adulto causa pocas molestias por sí mismo. El conflicto lo desatan las microfilarias, las crías que la hembra libera por millares y que migran por la dermis hasta alcanzar el ojo. Mientras están vivas pasan casi inadvertidas. Al morir, el sistema inmunitario se vuelve contra ellas, y es esa inflamación repetida, un año tras otro, la que va deteriorando los tejidos. En la piel deja picor y lesiones; en el ojo, cuando afecta a la córnea y a las estructuras internas, puede acabar nublando la visión de forma irreversible. En esa reacción interviene una bacteria que el propio gusano lleva dentro, del género Wolbachia. Cuando la microfilaria muere, la bacteria queda al descubierto y aviva la respuesta inflamatoria, de modo que buena parte del daño se explica por ese pasajero interno tanto como por el parásito. La oncocercosis se manifiesta en dos frentes. El cutáneo aparece antes y es el más común: picor intenso, cambios en el aspecto de la piel y los nódulos que alojan a los gusanos, repartidos bajo la superficie del cuerpo. El ocular tarda más en dar la cara y es el que ha dado nombre a la enfermedad. La llegada continuada de microfilarias al ojo, sostenida durante años, deteriora primero la parte anterior y después el fondo, hasta comprometer la vista. La afectación grave de los ojos recae sobre todo en quienes acumulan una carga alta de parásitos tras mucho tiempo de exposición. Según la Organización Mundial de la Salud, unos veintiún millones de personas conviven con la infección. De ellas, alrededor de 14,6 millones arrastran lesiones en la piel y cerca de 1,15 millones han sufrido deterioro visual o ceguera. Solo el tracoma, otra infección ocular, deja sin vista a más gente en el mundo. El grueso de la enfermedad se concentra en el África subsahariana, donde reside más del noventa y nueve por ciento de los afectados, repartidos por una treintena de países. Fuera de África quedan restos: un foco en Yemen y otro en plena Amazonía, en la frontera entre Venezuela y Brasil, donde persiste entre la población indígena yanomami. Contra la oncocercosis se han desplegado desde los años setenta algunas de las mayores campañas de salud pública que se recuerdan, sostenidas en el reparto comunitario y periódico de un antiparasitario a lo largo de años. El esfuerzo ha dejado resultados visibles en América: Colombia se convirtió en 2013 en el primer país del mundo declarado libre de la enfermedad, y detrás llegaron Ecuador, México y Guatemala. La oncocercosis pertenece al grupo de las filariasis, las enfermedades provocadas por gusanos filiformes, pero ocupa dentro de él un sitio propio. La filariasis linfática, obra de otras especies, castiga el sistema linfático y puede terminar en los grandes edemas que se conocen como elefantiasis. La loasis, causada por Loa loa, cursa con gusanos que se desplazan bajo la piel e incluso cruzan el ojo, y no deja ceguera. Lo que singulariza a la oncocercosis es esa doble diana, piel y visión, junto con su capacidad de cegar a la larga. Porque la mosca negra que la transmite, del género Simulium, cría sus larvas en los ríos de corriente rápida. Quienes viven junto a esas aguas reciben más picaduras y corren mayor riesgo de perder la vista. El nombre junta el sitio y el desenlace. No. Hace falta la mosca. El parásito solo pasa de un enfermo a otra persona si una mosca negra pica al primero, recoge sus crías y más tarde pica al segundo. Sin ese intermediario no hay transmisión, así que fuera de las zonas donde vive el insecto la enfermedad no se propaga. En el órgano que sufre. La filariasis linfática afecta a los vasos linfáticos y puede provocar hinchazones muy llamativas, la elefantiasis, mientras que la oncocercosis se ceba con la piel y los ojos. Ambas son filariasis, pero ni el gusano ni sus consecuencias coinciden. Sí, y ya ha ocurrido. Cuatro países americanos, encabezados por Colombia en 2013, han sido declarados libres de oncocercosis tras años de campañas comunitarias. En el África subsahariana, donde la carga es mucho mayor, la eliminación avanza más despacio, aunque figura entre los objetivos de la Organización Mundial de la Salud. Aquí no, salvo casos importados. Los que aparecen proceden de viajeros o de personas que han residido en zonas endémicas de África. Sin la mosca transmisora, la enfermedad no arraiga en el país. Para completar la información sobre la oncocercosis, puede consultar:Qué es la oncocercosis
Por qué daña la piel y los ojos
Las dos caras de la enfermedad
Dónde y a cuántos afecta
En qué se diferencia de otras filariasis
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama ceguera de los ríos?
¿Se contagia de una persona a otra?
¿En qué se distingue de la filariasis linfática?
¿Se puede eliminar?
¿Existe en España?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026