DICCIONARIO MÉDICO
Obstrucción de la arteria central de la retina
La obstrucción de la arteria central de la retina es el bloqueo súbito del vaso principal que lleva sangre a la retina. Su consecuencia inmediata es la pérdida de visión en el ojo afectado, y su origen puede ser un émbolo, un trombo o, con menor frecuencia, una inflamación de la propia pared arterial. La arteria central de la retina es una rama de la arteria oftálmica que penetra en el globo ocular junto al nervio óptico y se ramifica por la superficie retiniana, irrigando las capas internas del tejido nervioso que convierte la luz en señal eléctrica. Cuando este vaso se ocluye, el territorio que depende de él deja de recibir oxígeno. La retina tolera muy mal esa privación: las células ganglionares comienzan a sufrir daño a los pocos minutos, y el margen para revertir el cuadro se mide en horas, no en días. Tanto obstrucción como oclusión aparecen en la literatura oftalmológica para nombrar este cuadro, abreviado con frecuencia como OACR. Las dos palabras describen el mismo hecho: el cierre del vaso. Se trata de una entidad poco frecuente. Los estudios internacionales sitúan su incidencia entre 1 y 5,8 casos por cada 100.000 habitantes al año, y en España los registros de altas hospitalarias arrojan cifras de entre 0,8 y 2,4 por 100.000, en línea con esos datos, aunque es probable que la cifra real sea algo mayor porque no todos los casos generan ingreso. La edad media de aparición supera los 60 años, y la incidencia crece de forma notable a partir de los 80, hasta rondar los 10 casos por 100.000 personas-año. Afecta con más frecuencia a hombres que a mujeres, y solo entre el 1 y el 2 % de los pacientes desarrolla el cuadro en ambos ojos. Según el tramo del árbol arterial retiniano que se cierre, se distinguen dos formas. La obstrucción de la arteria central compromete todo el territorio que depende del tronco principal y produce, por tanto, la pérdida visual más extensa. La obstrucción de una rama arterial, en cambio, afecta solo al sector que esa rama irriga, de manera que el resto de la retina conserva su función. Existe además una variante anatómica que modifica el pronóstico: entre un 15 y un 30 % de las personas cuenta con una arteria cilioretiniana, un vaso accesorio de origen distinto que puede mantener con vida la zona macular incluso cuando la arteria central se ha cerrado por completo. El origen embólico es el más común. Un fragmento de placa de ateroma desprendido de la carótida, o un coágulo procedente de una válvula cardíaca o de una arritmia como la fibrilación auricular, viaja por el torrente sanguíneo hasta encajar en el calibre, cada vez más estrecho, de la arteria retiniana. La trombosis local, formada directamente sobre la pared del vaso, es menos habitual pero también reconocida como causa. Un tercer mecanismo, minoritario pero relevante por su urgencia diagnóstica, es la vasculitis. La arteritis de células gigantes puede inflamar y ocluir la arteria en personas mayores de 50 años, y su reconocimiento precoz importa tanto por el ojo afectado como por el riesgo que ese mismo proceso inflamatorio supone para otros territorios vasculares. Con menor frecuencia, el vasoespasmo puro cierra transitoriamente el vaso sin que medie émbolo ni trombo. Conviene distinguir esta entidad de la amaurosis fugaz, que comparte el mismo origen embólico pero se resuelve en minutos, sin dejar el daño estructural que sí deja una obstrucción arterial mantenida. También se diferencia con claridad de la obstrucción de la vena central de la retina: el territorio afectado es el mismo, pero el mecanismo, la instauración y las estructuras retinianas comprometidas no lo son. En la vía venosa la sangre entra pero no drena; en la arterial, directamente no llega. Porque comparte mecanismo con el ictus cerebral: un vaso se ocluye y el tejido que depende de él pierde el riego de forma súbita. La comparación ha calado en la divulgación, aunque no es una denominación técnica formal. No. Es casi siempre unilateral. La afectación bilateral es rara, entre el 1 y el 2 % de los casos, y cuando aparece suele apuntar a una causa sistémica de base, como la arteritis de células gigantes. La obstrucción de rama es distinta: afecta solo al territorio irrigado por esa rama y respeta el resto de la retina. La central, en cambio, compromete todo el campo visual que depende del tronco principal. Cuando está presente, en un 15-30 % de las personas, puede mantener el riego de la mácula aunque la arteria central se cierre. Es la diferencia entre perder la visión central y conservarla parcialmente.Qué es la obstrucción de la arteria central de la retina
Epidemiología
Clasificación anatómica
Causas y mecanismo
Diferenciación con otros cuadros
Preguntas frecuentes
¿Por qué se conoce a veces como "ictus del ojo"?
¿Afecta siempre a los dos ojos?
¿Es lo mismo que una obstrucción de rama arterial retiniana?
¿Qué papel tiene la arteria cilioretiniana?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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