DICCIONARIO MÉDICO
Músculo antigravitatorio
Un músculo antigravitatorio es aquel cuya contracción sostenida permite mantener el cuerpo erguido frente a la fuerza de la gravedad. No es una categoría anatómica, sino funcional: agrupa músculos esqueléticos de distintas regiones (la espalda, los glúteos, los muslos, las pantorrillas) que comparten un mismo cometido postural. La bipedestación exige un trabajo muscular constante. En cuanto el cuerpo se pone de pie, la gravedad tiende a flexionar las rodillas, inclinar el tronco hacia delante y hacer caer la cabeza. Evitarlo requiere que determinados grupos musculares, sobre todo extensores, se mantengan en un estado de contracción leve y sostenida durante todo el tiempo que dura la postura erguida. A ese grupo funcional se le llama músculos antigravitatorios. No descansan casi nunca. En el ser humano, los principales son los erectores de la columna, el glúteo mayor, el cuádriceps femoral y el tríceps sural, formado por los gemelos y el sóleo. Todos ellos comparten una circunstancia común: se oponen a un movimiento articular que la gravedad provocaría por sí sola, ya sea la flexión de la columna, de la cadera, de la rodilla o del tobillo. La expresión procede de los trabajos del neurofisiólogo británico Charles Sherrington sobre la rigidez de descerebración, publicados a finales del siglo XIX. Al seccionar el tronco encefálico de animales de experimentación entre el mesencéfalo y los núcleos vestibulares, Sherrington observó que determinados grupos musculares (los mismos que sostienen la postura erguida en el animal intacto) quedaban en una contracción tónica mantenida, mientras que sus antagonistas permanecían inhibidos. A ese conjunto de músculos en contracción sostenida los llamó, literalmente, "antigravity muscles". La capacidad de estos músculos para mantenerse contraídos durante horas sin fatigarse depende de su composición histológica. Predominan en ellos las fibras de contracción lenta, ricas en mitocondrias y en mioglobina, capaces de sostener el metabolismo aeróbico durante periodos prolongados sin agotar sus reservas de energía. Por eso muchos de estos músculos se clasifican también como músculo rojo. Frente a las fibras de contracción rápida, más potentes pero de resistencia limitada, las fibras tónicas priorizan la resistencia sobre la fuerza explosiva. Son fibras hechas para durar, no para el estallido. El tono basal de estos músculos se mantiene, en gran medida, gracias al reflejo miotático: cuando la gravedad estira ligeramente un músculo antigravitatorio, al flexionarse una rodilla, por ejemplo, el huso muscular detecta ese estiramiento y desencadena, por vía refleja, una contracción que lo corrige. Este mecanismo, que no requiere intervención consciente, actúa de forma continua durante la bipedestación y explica por qué el tono postural se mantiene incluso durante distracciones o en penumbra. No todo el sistema muscular esquelético cumple esta función. Frente a los músculos antigravitatorios o tónicos se sitúan los músculos fásicos, de contracción rápida, diseñados para movimientos voluntarios breves e intensos: un salto, un lanzamiento, una flexión rápida del codo. Estos músculos se fatigan antes, pero desarrollan fuerza y velocidad muy superiores a la de los tónicos. Un mismo músculo, además, puede combinar fibras de ambos tipos en proporciones variables, con predominio de uno u otro según su función biomecánica principal. En trastornos del sistema nervioso central, la alteración del equilibrio entre estos dos sistemas de control puede traducirse en un exceso de tono en los grupos antigravitatorios: es lo que ocurre en algunas formas de espasticidad, en las que la musculatura extensora de las extremidades queda en una contracción anómala y sostenida. El fisiólogo británico Charles Sherrington, en sus estudios sobre la rigidez de descerebración publicados en 1898. Observó que, al seccionar el tronco encefálico de animales de experimentación por encima de los núcleos vestibulares, ciertos grupos musculares extensores quedaban en contracción tónica sostenida, capaz por sí sola de mantener al animal en una postura erguida. En la inmensa mayoría de los casos, sí. La flexión de las articulaciones principales de las extremidades inferiores y de la columna es el efecto natural de la gravedad sobre un cuerpo erguido, de modo que contrarrestarla exige la acción de los músculos extensores correspondientes. Se fatigan con más lentitud que el resto, gracias al predominio de fibras de contracción lenta. No son inmunes a la fatiga, pero sí especialmente resistentes a ella. Una relación directa. El tono basal de los músculos antigravitatorios se sostiene, en buena parte, gracias al reflejo miotático: el huso muscular detecta el estiramiento que la gravedad provoca sobre ellos y desencadena, por vía refleja, la contracción que corrige ese estiramiento. Es un mecanismo espinal, automático, que no depende de la voluntad ni de la atención consciente, y que sigue activo incluso durante el sueño superficial en posiciones que exigen mantener cierto tono postural.Qué es un músculo antigravitatorio
Origen del término
Base fisiológica: fibras tónicas y reflejo miotático
Diferenciación con los músculos fásicos
Preguntas frecuentes
¿Quién acuñó el término "músculos antigravitatorios"?
¿Son todos extensores los músculos antigravitatorios?
¿Se fatigan los músculos antigravitatorios?
¿Qué relación tienen con el reflejo miotático?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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