DICCIONARIO MÉDICO
Microglia
La microglía es la población de células inmunitarias residentes del sistema nervioso central. A diferencia del resto de la neuroglía, no procede del tubo neural, sino del mesodermo embrionario, y su función principal es la vigilancia y la defensa del tejido nervioso. Son, según los diccionarios etimológicos especializados, los elementos celulares más pequeños de la neuroglía, lo que explica el prefijo micro. Podría esperarse el nombre microneuroglía, pero para 1919 la palabra glía ya se usaba como sinónimo abreviado de neuroglía, y así quedó fijado el término microglía. Morfológicamente son células pequeñas, de núcleo alargado u oval y prolongaciones cortas e irregulares, bastante distintas de las prolongaciones largas y ramificadas de los astrocitos. Comparten con estos y con los oligodendrocitos la pertenencia a la glía, pero poco más: su origen, su función y su comportamiento ante una lesión las sitúan en una categoría aparte. La neuroglía clásica (astrocitos, oligodendrocitos, células ependimarias) deriva del neuroectodermo, del mismo linaje que las propias neuronas. La microglía no. Se origina en el saco vitelino, en progenitores mieloides primitivos que colonizan el cerebro en una fase muy temprana del desarrollo embrionario, antes incluso de que se forme la barrera hematoencefálica. Una vez dentro, se establece como una población capaz de renovarse por división local, sin depender de manera relevante de los monocitos que circulan por la sangre. El histólogo español Pío del Río-Hortega identificó la microglía en 1919, tras desarrollar un año antes una técnica de tinción con carbonato de plata amoniacal capaz de mostrar, por primera vez, sus finas ramificaciones. Hasta entonces, Santiago Ramón y Cajal había descrito una población celular de aspecto extraño y sin prolongaciones visibles a la que llamó, sencillamente, tercer elemento. Río-Hortega demostró que aquel tercer elemento no era un tipo celular único, sino dos: la microglía y lo que más tarde se llamaría oligodendroglía. Aquel hallazgo tensó la relación con Cajal, que llegó a expulsarlo de su laboratorio en 1921. Con los años, sin embargo, el propio Cajal reconoció el valor del método y de las conclusiones de su antiguo discípulo. El centenario del descubrimiento se celebró en 2019, con Río-Hortega ya reconocido como una de las grandes figuras de la escuela histológica española, junto a Cajal y a Achúcarro. En condiciones normales, la microglía adopta una forma ramificada: un cuerpo celular pequeño del que parten prolongaciones finas y muy móviles que exploran de manera continua el tejido que las rodea. Ante una infección, una lesión o cualquier otra señal de alarma, esas prolongaciones se retraen, el cuerpo celular crece y la célula adquiere un aspecto ameboide, muy parecido al de un macrófago tisular. Ese cambio de forma no es cosmético: acompaña a un cambio funcional, con activación de la fagocitosis y liberación de mediadores químicos. La vigilancia inmunitaria es la actividad más constante: mediante receptores como el P2RY12, la microglía detecta señales de daño tisular, como el ATP liberado por células en apuros, y dirige sus prolongaciones hacia el origen de la señal en cuestión de minutos. A esa función se suma la fagocitosis de restos celulares, proteínas mal plegadas y células apoptóticas, una tarea de limpieza continua del parénquima cerebral. Durante el desarrollo del sistema nervioso interviene además en la poda sináptica: elimina conexiones débiles o redundantes y ayuda a esculpir la red neuronal definitiva. También participa, en menor medida, en la mielinización, en la formación de nuevos vasos sanguíneos y en la muerte celular programada de neuronas que sobran durante la maduración del cerebro. No. La glía es el conjunto de todas las células no neuronales del sistema nervioso. La microglía es solo una de sus poblaciones, la de origen inmunitario y mesodérmico. El resto de la glía (astrocitos, oligodendrocitos, células ependimarias) procede de un linaje distinto. El histólogo Pío del Río-Hortega, en 1919. Porque cambia por completo la forma de entender su función. Durante décadas se dio por hecho que toda la neuroglía compartía origen con las neuronas, y la microglía se estudió como una curiosidad menor dentro de ese marco. Al comprobarse que procede de precursores hematopoyéticos del saco vitelino, quedó claro que se trata, en realidad, de una población de macrófagos especializados que se instaló en el sistema nervioso central en una fase muy temprana del desarrollo. Esa procedencia explica su parentesco funcional con los macrófagos de otros tejidos, su capacidad fagocítica y su papel como primera línea de defensa inmunitaria del cerebro. El propio Río-Hortega ya intuyó parte de esto, mucho antes de que la genética molecular lo confirmara. También explica por qué, en circunstancias normales, apenas recibe aporte de monocitos procedentes de la sangre: la población adulta se mantiene, sobre todo, por división de las células ya instaladas. Sí, si su activación se mantiene de forma prolongada o descontrolada, puede contribuir a procesos inflamatorios crónicos, aunque en condiciones normales cumple una función protectora.Qué es la microglía
Origen embrionario
Descubrimiento histórico
Morfología y estados funcionales
Funciones principales
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo microglía que glía?
¿Quién descubrió la microglía?
¿Por qué importa tanto su origen mesodérmico?
¿La microglía puede dañar el cerebro?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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