DICCIONARIO MÉDICO
Oligodendrocito
El oligodendrocito es una célula glial del sistema nervioso central encargada de formar y mantener la vaina de mielina que recubre los axones. Un solo oligodendrocito puede envolver segmentos de hasta cincuenta axones distintos, una capacidad muy superior a la de la célula de Schwann, su equivalente en el sistema nervioso periférico. El término fue acuñado en 1921 por el neurólogo español Pío del Río-Hortega, discípulo de Santiago Ramón y Cajal. Pertenece al grupo de la macroglía, junto con los astrocitos, y se distingue de la microglía por su origen embrionario: mientras esta última procede del mesodermo y actúa como célula inmunitaria residente del sistema nervioso central, el oligodendrocito surge del neuroectodermo, igual que las neuronas y los astrocitos. Etimológicamente, oligodendrocito procede del griego oligos (pocos), dendron (árbol, rama) y kytos (célula): «célula de pocas ramas», en alusión al reducido número de prolongaciones que emite en comparación con el astrocito. Durante buena parte del siglo XIX y principios del XX, estas células ni siquiera tenían nombre propio. Santiago Ramón y Cajal las agrupó, junto con la microglía, bajo la etiqueta de «tercer elemento» de los centros nerviosos, una categoría de células sin prolongaciones aparentes que sus técnicas de tinción apenas lograban revelar. Fue su discípulo Pío del Río-Hortega quien, tras desarrollar el método del carbonato de plata amoniacal, consiguió diferenciar dentro de ese tercer elemento dos poblaciones bien distintas: la microglía y lo que él llamó primero «glía interfascicular» y, desde 1921, oligodendroglía. La propia existencia de estas células fue recibida con escepticismo por Cajal y otros contemporáneos, un desacuerdo que contribuyó a la salida de Río-Hortega del laboratorio de su maestro en 1920. El reconocimiento definitivo no llegó hasta 1924. Siete años más tarde publicó una clasificación morfológica en cuatro tipos que todavía se cita hoy; uno de ellos, el oligodendrocito de Cajal, recibió ese nombre como tributo a su maestro. Los precursores del oligodendrocito, conocidos como OPC por sus siglas en inglés, no surgen de una única región del cerebro embrionario. En el prosencéfalo aparecen en oleadas sucesivas que avanzan de zonas ventrales a zonas dorsales: primero desde la eminencia ganglionar medial y el área entopeduncular anterior, después desde las eminencias ganglionares lateral y caudal, y por último desde la zona ventricular de la propia corteza cerebral, ya en el periodo perinatal. En el feto humano, los primeros precursores se identifican hacia la novena semana de gestación en la eminencia ganglionar y se extienden progresivamente hacia la corteza; las primeras vainas de mielina no aparecen hasta bien avanzado el segundo trimestre, en estructuras como el tálamo o la cápsula interna. Después del nacimiento, la producción de oligodendrocitos no se detiene. Entre un cinco y un ocho por ciento de las células del cerebro adulto son precursores capaces de diferenciarse y generar mielina nueva a lo largo de toda la vida, un margen de renovación que resulta clave cuando la mielina existente sufre algún daño. La vaina de mielina que produce el oligodendrocito es una estructura lipoproteica, en torno a un setenta por ciento de lípidos y un treinta por ciento de proteínas, que envuelve el axón en segmentos sucesivos separados por los nódulos de Ranvier. Gracias a ella, el impulso nervioso salta de un nódulo a otro en lugar de propagarse de forma continua, lo que multiplica entre cincuenta y cien veces la velocidad de conducción de un axón sin mielina. El ahorro de espacio es igual de notable: un nervio óptico humano mielinizado mide unos seis milímetros de diámetro, pero para transmitir la información a la misma velocidad sin mielina necesitaría cerca de setenta y cinco centímetros. La célula de Schwann envuelve un único axón; el oligodendrocito extiende, en cambio, múltiples prolongaciones que pueden alcanzar hasta cincuenta axones distintos, sobre cada uno de los cuales forma un segmento de mielina independiente. Investigaciones recientes atribuyen a estas células, además, una función trófica sobre el axón que mielinizan, aportándole sustratos metabólicos más allá del simple aislamiento eléctrico; la idea, curiosamente, ya la había esbozado el propio Río-Hortega en 1942 bajo el concepto de «neurogliona», mucho antes de que la técnica permitiera confirmarla. El astrocito, la otra gran célula de la macroglía, tiene forma estrellada y un número de prolongaciones mucho mayor; su papel es fundamentalmente metabólico y estructural, no productor de mielina. La microglía no comparte origen embrionario con ninguna de las dos: procede de precursores mieloides que colonizan el sistema nervioso central durante el desarrollo, y su función es de vigilancia inmunológica, no de sostén ni de aislamiento axonal. Confundir estas tres estirpes celulares es habitual en los primeros años de formación en histología, precisamente porque comparten tejido y, al microscopio óptico convencional, un aspecto igualmente discreto. El oligodendrocito tiene una capacidad de regeneración limitada y suele ser uno de los primeros elementos nerviosos en sufrir daño cuando se altera el equilibrio del sistema nervioso central. Su pérdida, junto con la de la mielina que produce, es el sustrato común de un grupo de enfermedades conocidas genéricamente como desmielinizantes, entre las que se encuentra la esclerosis múltiple. Buena parte de la investigación actual se centra en estimular a los precursores OPC del cerebro adulto para que generen oligodendrocitos nuevos capaces de remielinizar el tejido dañado. Del griego oligos (pocos), dendron (rama) y kytos (célula). Fue Pío del Río-Hortega quien impuso el término en 1921, tras años llamando a estas células «glía interfascicular». En la práctica, sí: ambos términos se usan como sinónimos en gran parte de la literatura actual. La distinción histórica entre uno y otro tiene, sin embargo, matices propios que se explican en la entrada dedicada a la oligodendroglía. Hasta cincuenta, según las estimaciones más citadas. Cada uno recibe un segmento de mielina independiente. La célula de Schwann mieliniza el sistema nervioso periférico y solo envuelve un axón cada vez. El oligodendrocito, en cambio, actúa en el sistema nervioso central y extiende prolongaciones hacia varios axones a la vez. Sí. Entre un cinco y un ocho por ciento de las células del cerebro adulto son precursores de oligodendrocitos, capaces de proliferar, migrar y diferenciarse en células mielinizantes maduras. Esta reserva celular explica por qué el sistema nervioso central conserva cierta capacidad de remielinización tras una lesión, aunque limitada frente a la que muestra el sistema nervioso periférico. El fenómeno cobra especial relevancia en la investigación sobre enfermedades desmielinizantes, donde estimular esta población de precursores es una de las líneas de trabajo más activas.Qué es el oligodendrocito
Origen y desarrollo
Función: la fabricación de la vaina de mielina
Diferenciación con otras células gliales
Vulnerabilidad y papel en la patología neurológica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre oligodendrocito?
¿Es lo mismo un oligodendrocito que la oligodendroglía?
¿Cuántos axones puede mielinizar un mismo oligodendrocito?
¿Qué diferencia a un oligodendrocito de una célula de Schwann?
¿Se producen oligodendrocitos nuevos en el cerebro adulto?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026