DICCIONARIO MÉDICO
Micetoma
El micetoma es una infección crónica de la piel y el tejido subcutáneo, capaz de progresar hasta afectar la fascia y el hueso, causada por determinadas especies de hongos o de bacterias filamentosas del suelo. Se adquiere por la inoculación directa del microorganismo a través de una herida, casi siempre en el pie, y es característica de regiones tropicales y subtropicales. La Organización Mundial de la Salud la incluye entre las enfermedades tropicales desatendidas. El nombre procede del griego μύκης (mýkēs), "hongo", y el sufijo -oma, "tumor" o "masa": literalmente, tumor fúngico. La etiqueta se quedó corta casi desde el principio, porque hoy se sabe que buena parte de los casos los causan bacterias y no hongos, pero el nombre acuñado en el siglo XIX ya no ha cambiado. La historia del término tiene tres protagonistas. En 1842, un médico de apellido Gill describió por primera vez el cuadro clínico en el dispensario de Madura, en el sur de la India, y lo llamó simplemente "tumor del pie". En 1846, su sucesor en el mismo dispensario, Colebrook, popularizó el nombre por el que la enfermedad sería conocida durante décadas: pie de Madura. Fue Henry Vandyke Carter quien, hacia 1860, demostró el origen fúngico de los casos que había estudiado y propuso el término "micetoma" que ha llegado hasta hoy, aunque la naturaleza bacteriana de buena parte de los casos no se esclarecería hasta más adelante. Según el tipo de microorganismo causal, el micetoma se divide en dos formas. El eumicetoma lo producen hongos filamentosos verdaderos; en todo el mundo, la especie que con más frecuencia lo origina es Madurella mycetomatis, aunque también participan géneros como Pseudallescheria, Scedosporium o Fusarium. El actinomicetoma, en cambio, lo causan bacterias filamentosas aerobias del grupo de los actinomicetos, sobre todo de los géneros Nocardia, Actinomadura y Streptomyces. La distribución geográfica de ambas formas no es uniforme. El eumicetoma predomina en África, mientras que el actinomicetoma causa la mayoría de los casos en América Central y del Sur y en algunos países asiáticos. Esta diferencia de origen tiene, además, consecuencias prácticas directas: el enfoque terapéutico de una y otra forma difiere por completo, precisamente porque una es de naturaleza fúngica y la otra, bacteriana. Con independencia del agente causal, el micetoma se reconoce por un cuadro que se repite con notable regularidad: una tumefacción indolora que crece con lentitud, la aparición de múltiples trayectos fistulosos que drenan al exterior y, en ese drenaje, la presencia de granos: pequeños agregados del propio microorganismo, de tamaño, consistencia y color variables según la especie implicada. El color de los granos (negros, blancos o rojos, entre otras variantes) orienta con frecuencia hacia el agente causal antes incluso de disponer de un cultivo. Los organismos que originan el micetoma viven de forma natural en el suelo y en restos vegetales en descomposición, y penetran en la piel a través de heridas menores, con frecuencia por la espina de una planta. Por eso la enfermedad afecta sobre todo a quienes trabajan el campo descalzos o con calzado abierto, en zonas rurales de escasos recursos. La llamada "cintura del micetoma" atraviesa regiones tropicales y subtropicales de África, América Latina y Asia; Sudán concentra buena parte de los casos descritos y es, hoy por hoy, el único país con un programa específico de control de la enfermedad. El actinomicetoma se confunde con facilidad con la actinomicosis, y el parecido de los nombres no ayuda. Se trata, sin embargo, de entidades distintas. La actinomicosis la produce Actinomyces, una bacteria que forma parte de la flora habitual de la boca y el tubo digestivo y que enferma cuando atraviesa una mucosa rota, casi siempre en la región cervicofacial, torácica o abdominal. El micetoma, por el contrario, lo causan microorganismos ambientales del suelo que entran por una herida cutánea, casi siempre en una extremidad, y su cuadro clínico incluye de forma característica los granos que rara vez se observan en la actinomicosis. Del griego mýkēs, "hongo", y el sufijo -oma, "tumor". Lo propuso Henry Vandyke Carter hacia 1860, al demostrar el origen fúngico de los casos de "pie de Madura" que había estudiado en la India. No. A pesar de su nombre, más de la mitad de los casos en el mundo los producen bacterias filamentosas del suelo, no hongos. La forma bacteriana se llama actinomicetoma, y la fúngica, eumicetoma. Sí, cuando la localización es el pie, que es con diferencia la más frecuente. El nombre "pie de Madura" es anterior al de micetoma y remite al dispensario indio donde se describió la enfermedad por primera vez. No, aunque los nombres se prestan a confusión. La actinomicosis la causa una bacteria de la flora bucal habitual y suele afectar a la cara, el cuello o el tórax. El micetoma lo causan microorganismos del suelo que entran por una herida, típicamente en un pie. No es una enfermedad contagiosa. El micetoma se adquiere del ambiente, por inoculación directa a través de una herida, y no se transmite entre personas. Para situar el micetoma entre las infecciones cutáneas, puede consultar:Qué es el micetoma
Dos enfermedades bajo un mismo nombre: eumicetoma y actinomicetoma
La tríada característica
Dónde es más frecuente
Diferenciación con la actinomicosis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "micetoma"?
¿El micetoma lo causa siempre un hongo?
¿Es lo mismo que el "pie de Madura"?
¿Es lo mismo que la actinomicosis?
¿Se contagia de una persona a otra?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026