DICCIONARIO MÉDICO
Mansonella perstans
Mansonella perstans es un gusano filarial, la especie más común del género Mansonella y la causa principal de la mansonelosis. Se transmite por la picadura de unos mosquitos diminutos y sus gusanos adultos se alojan en las cavidades serosas del cuerpo, sobre todo el peritoneo y la pleura. Vive sobre todo en el África subsahariana, con focos en Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. La infección suele ser leve y con frecuencia pasa inadvertida, lo que la ha convertido en una de las filariasis humanas menos estudiadas pese a afectar a millones de personas. Mansonella perstans Filaria de las cavidades serosas Tipo: helminto Tipo: nematodo filarial, adultos en las cavidades serosas Transmisión: vectorial, por mosquitos del género Culicoides Reservorio: humano Patogenicidad: primario Enfermedades: mansonelosis Es una filaria, es decir, un nematodo (gusano redondo) parásito que se transmite por la picadura de un insecto. Pertenece al género Mansonella y es, con diferencia, su representante más extendido en el ser humano. El apellido de la especie procede del latín perstare, persistir o mantenerse firme, y describe bien su carácter: una vez instalada, la infección tiende a durar años sin dar la cara. La historia de su nombre es larga. Patrick Manson observó por primera vez sus microfilarias en 1890, en la sangre de un enfermo de África occidental ingresado en Londres con enfermedad del sueño. Como aquellas crías eran más pequeñas que otras presentes en el mismo paciente (las de la actual Loa loa), Manson las llamó Filaria sanguinis hominis minor. Durante décadas el parásito cambió de apellido varias veces y pasó por los géneros Filaria, Dipetalonema, Acanthocheilonema y Tetrapetalonema, hasta que en 1984 Eberhard y Orihel lo situaron de forma definitiva en Mansonella. El adulto es un gusano largo y fino. Las hembras miden entre 70 y 80 milímetros y los machos rondan los 45, con un grosor de apenas unas décimas de milímetro. Viven ocultos en las cavidades serosas (el peritoneo y la pleura, con menos frecuencia el pericardio), un escondite tan poco accesible que durante mucho tiempo apenas se pudo estudiar al parásito en su forma adulta. Lo que sí se ve con facilidad son las microfilarias, las crías que la hembra vierte a la sangre. Miden entre 190 y 200 micras de largo, carecen de la vaina que envuelve a las de otras filarias y terminan en una cola roma cuyos núcleos llegan hasta la punta. Ese detalle de la cola, junto con su pequeño tamaño, es lo que permite distinguirlas al microscopio de las microfilarias de Loa loa o de Wuchereria bancrofti, más largas y envainadas. Como no tienen periodicidad, la sangre puede examinarse a cualquier hora. Un rasgo biológico añadido ha dado que hablar en los últimos años. Mansonella perstans alberga en su interior bacterias del género Wolbachia, unos simbiontes que la filaria necesita para vivir y reproducirse. Ese pasajero interno se ha convertido en una diana de investigación frente al parásito. Su único reservorio conocido es el ser humano. La filaria pasa de una persona a otra por la picadura de unos mosquitos minúsculos del género Culicoides, los jejenes, que actúan como huésped intermediario: en su cuerpo la microfilaria madura hasta la forma capaz de infectar. Cuando el insecto vuelve a picar, deposita esas larvas sobre la piel y el ciclo se reinicia. Geográficamente reina en el África subsahariana, de oeste a este y en toda la franja central. Está presente además en zonas cálidas y húmedas de Centroamérica y Sudamérica y en algunas islas del Caribe, adonde se cree que llegó con el comercio de esclavos siglos atrás. Los cálculos hablan de decenas de millones de personas infectadas, una cifra enorme para un parásito del que casi nadie ha oído hablar. La infección por esta filaria recibe el nombre de mansonelosis y es la forma más común de esta filariasis. Suele cursar de manera benigna, y ahí reside buena parte de su interés: en las mismas regiones circulan filarias mucho más dañinas, como la que causa la loaiasis, de modo que las molestias atribuidas a Mansonella son difíciles de separar de las de otros parásitos con los que a menudo coincide en el mismo enfermo. El género honra a Patrick Manson, padre de la medicina tropical. Perstans viene del latín perstare, persistir, en alusión a lo prolongada que resulta la infección. Manson describió el parásito en 1891 con un nombre muy distinto, Filaria sanguinis hominis minor. En las cavidades serosas, los espacios que rodean las vísceras. Sobre todo en el peritoneo, que envuelve el abdomen, y en la pleura, que recubre los pulmones; más raramente en el pericardio, alrededor del corazón. Por eso rara vez se observa un adulto: solo aparecen de forma casual en una cirugía abdominal. Ambas son filarias africanas y comparten regiones, pero sus crías no se parecen. Las de Mansonella perstans son más pequeñas, sin vaina y con núcleos hasta la punta de la cola; las de Loa loa son más largas y envainadas. Los gusanos adultos también difieren: los de Mansonella ocupan las cavidades internas y los de Loa loa, el tejido bajo la piel y el ojo. Por lo general, no. La mayoría de las personas infectadas no presenta problemas serios, motivo por el que la mansonelosis se considera una filariasis leve y desatendida. Para ampliar el contexto de Mansonella perstans, puede consultar:Qué es Mansonella perstans
Cómo es el gusano y cómo se identifica
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedad produce
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Mansonella perstans?
¿Dónde se encuentran los gusanos adultos?
¿En qué se diferencia de Loa loa?
¿Es peligrosa la infección?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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