DICCIONARIO MÉDICO
Invaginación intestinal
La invaginación intestinal, también llamada intususcepción, es la introducción de un segmento del intestino dentro del tramo contiguo situado por debajo, como si un tubo se recogiera telescópicamente sobre sí mismo. Al encajarse un asa dentro de otra, el tránsito se bloquea y queda comprimido el riego sanguíneo de la porción atrapada. Es una de las causas más frecuentes de obstrucción intestinal en los primeros años de vida. El término describe un fenómeno mecánico bien concreto: una porción de intestino (el segmento invaginado o intususceptum) penetra en la luz del segmento inmediatamente distal (el invaginante o intususcipiens), que la envuelve. El resultado recuerda al mecanismo de un catalejo que se recoge, con dos o tres capas de pared intestinal metidas una dentro de otra. La palabra intususcepción procede del latín intus (dentro) y suscipere (recibir): un segmento recibe a otro en su interior. En español predomina el uso de invaginación. El concepto general, aplicable también al desarrollo del embrión, se trata en la entrada invaginación. Al introducirse un asa dentro de otra, el intestino arrastra consigo su meso, el pliegue que le lleva los vasos. Ese meso queda atrapado entre las capas, y con él las arterias y las venas que nutren el tramo invaginado. Primero se dificulta el retorno venoso, después se edematiza la pared y, si la situación se mantiene, se compromete la llegada de sangre arterial. La evolución natural, cuando no se resuelve, va del bloqueo del tránsito a la isquemia y, más adelante, a la muerte del tejido con riesgo de perforación. Por eso se considera una urgencia. El factor tiempo pesa mucho. La clasificación habitual atiende a los tramos que se encajan. La forma ileocólica, en la que el íleon se introduce en el colon a través de la válvula ileocecal, es con mucho la más común. Cuando el segmento que penetra y el que lo recibe pertenecen al propio intestino delgado, se habla de invaginación ileoileal o entérica. Existen además la variante ileocecal, donde es la válvula la que encabeza el avance y arrastra el ciego, y la colocólica, de colon dentro de colon, bastante menos frecuente. En el niño dominan las que afectan a la transición entre el delgado y el colon; en el adulto, más raras, suelen asentar en el propio intestino delgado. La invaginación intestinal es, ante todo, un problema de la primera infancia. La mayoría de los casos se concentran entre los tres meses y los tres años, con un pico antes de los dos, y resulta rara en el recién nacido. Afecta más a los niños que a las niñas. Su frecuencia se estima en torno a uno a cuatro casos por cada mil, lo que la sitúa como la causa más común de obstrucción intestinal a esas edades. En la mayor parte de los niños no se identifica una causa concreta y se habla entonces de invaginación idiopática. Se ha relacionado con la inflamación del tejido linfático del intestino (las placas de Peyer) tras infecciones víricas, lo que explicaría su mayor incidencia en las épocas de gastroenteritis y algunas asociaciones descritas con adenovirus y rotavirus. En una minoría de casos existe un punto de arrastre: una lesión que sobresale hacia la luz y tira del intestino al ser empujada por el peristaltismo. Un divertículo de Meckel, un quiste de duplicación, un pólipo o, en el adulto, un tumor pueden hacer ese papel. En los mayores, de hecho, la regla casi se invierte: pocas veces es idiopática y casi siempre hay una lesión detrás. Los manuales describen una tríada característica: crisis de dolor abdominal de tipo cólico e intermitente, una masa alargada palpable en el abdomen (con forma de morcilla) y deposiciones con sangre y moco, comparadas de forma tradicional con la jalea de grosella. Conviene un matiz que suele pasar desapercibido: esa tríada completa se presenta en una minoría de los casos, de modo que su ausencia no descarta el proceso. Entre las crisis de dolor, el pequeño puede quedar decaído y pálido, en un patrón que va y viene bastante reconocible. La prueba de imagen de referencia para confirmarlo es la ecografía abdominal, que muestra la invaginación con forma de diana o escarapela en el corte transversal y de pseudoriñón en el longitudinal. Sí. Son dos nombres para el mismo cuadro. Intususcepción, de raíz latina, es el término más usado en la literatura médica internacional; invaginación es el habitual en español. Porque en esa etapa el tejido linfático del intestino es abundante y reacciona con facilidad ante las infecciones víricas: se hincha y facilita que un tramo arrastre al siguiente. A medida que el niño crece, ese tejido madura y el riesgo disminuye. En el adulto, cuando aparece, casi siempre responde a una causa local distinta. Es una asociación real y bien documentada. Una vacuna antigua contra el rotavirus se retiró a finales de los años noventa al detectarse un aumento del riesgo de invaginación. Las vacunas actuales se han vinculado a un incremento mucho menor, del orden de uno o dos casos adicionales por cada cien mil niños vacunados en los días siguientes a la primera dosis, un riesgo que los organismos sanitarios consideran muy pequeño frente al beneficio de vacunar. Puede serlo si no se resuelve a tiempo, porque el segmento atrapado deja de recibir sangre. Detectada pronto, el pronóstico suele ser bueno.Qué es la invaginación intestinal
Cómo se produce y qué consecuencias tiene
Tipos de invaginación intestinal
A quién afecta y por qué aparece
El cuadro clásico
Preguntas frecuentes
¿Invaginación intestinal e intususcepción son lo mismo?
¿Por qué es tan propia de los bebés?
¿Tiene relación con la vacuna del rotavirus?
¿Es grave?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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