DICCIONARIO MÉDICO
Insuficiencia respiratoria
La insuficiencia respiratoria es el trastorno en el que el aparato respiratorio deja de mantener el intercambio de gases dentro de límites normales: baja el oxígeno de la sangre arterial, sube el dióxido de carbono, o suceden ambas cosas a la vez. No es una enfermedad concreta, sino el punto de llegada común de afecciones muy distintas del pulmón, de los músculos de la respiración o del sistema nervioso. Se reconoce midiendo los gases en sangre arterial y se ordena según qué gas está alterado y con qué rapidez aparece. El término reúne dos palabras de origen latino. Insuficiencia procede de insufficientia, formada por el prefijo negativo in y el verbo sufficere (bastar, ser suficiente): literalmente, aquello que no basta. Respiratoria deriva de respirare, compuesto de spirare (soplar, alentar) con el prefijo re, que aporta la idea de repetición. El aire que entra y sale sin descanso. En medicina, la insuficiencia respiratoria designa la incapacidad del sistema respiratorio para cumplir su tarea básica: cargar de oxígeno la sangre que llega a los pulmones y retirar de ella el dióxido de carbono, es decir, sostener el intercambio gaseoso. Los especialistas fijan el umbral en cifras concretas de gasometría arterial, respirando aire ambiente y a nivel del mar: una presión parcial de oxígeno (PaO2) por debajo de 60 mmHg define la hipoxemia, y una presión parcial de dióxido de carbono (PaCO2) igual o superior a 45 mmHg define la hipercapnia. Conviene una precisión de vocabulario. La insuficiencia respiratoria no es un diagnóstico en sí mismo, sino un síndrome: describe un estado funcional, no la causa que lo produce. Detrás de él puede haber una neumonía, una crisis de asma, una intoxicación por sedantes, una enfermedad neuromuscular o una lesión del centro nervioso que gobierna la respiración. Por eso dos pacientes con la misma etiqueta pueden tener enfermedades de fondo muy alejadas entre sí. Respirar implica dos operaciones que conviene separar. Una es el intercambio propiamente dicho, que ocurre en los alvéolos: el oxígeno del aire pasa a la sangre y el dióxido de carbono hace el camino inverso, todo por difusión a través de una membrana finísima. La otra es la mecánica que mueve el aire, una bomba formada por el centro respiratorio del tronco encefálico, los nervios que descienden hasta el diafragma y los músculos que ensanchan y comprimen el tórax. Cuando falla el intercambiador, el oxígeno no llega bien a la sangre y aparece hipoxemia. Cuando falla la bomba, el aire no se renueva lo suficiente, el dióxido de carbono se acumula y surge la hipercapnia. Esa distinción entre el pulmón que no oxigena y el fuelle que no ventila es la que sostiene toda la clasificación posterior. La hipoxemia rara vez obedece a una sola causa. El mecanismo más habitual es el desajuste entre ventilación y perfusión: unas zonas del pulmón reciben aire pero poca sangre, y otras reciben sangre pero poco aire. También puede haber cortocircuito (sangre que atraviesa el pulmón sin oxigenarse), hipoventilación pura o, con menor frecuencia, un problema de difusión cuando la membrana alveolar se engrosa. En muchos enfermos coexisten varios de estos mecanismos. La clasificación más extendida se apoya en la gasometría. La forma hipoxémica (tipo I) cursa con oxígeno bajo y dióxido de carbono normal o incluso descendido; la literatura antigua la llamaba parcial. Es la de la neumonía, el edema de pulmón o el distrés respiratorio agudo. La forma hipercápnica (tipo II) suma retención de dióxido de carbono a la falta de oxígeno, y recibía el nombre de global o ventilatoria; aparece en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica avanzada, en las enfermedades neuromusculares y cuando ciertos fármacos deprimen el centro respiratorio. Un segundo eje atiende a la velocidad de instauración. La insuficiencia respiratoria aguda se establece en minutos u horas, sin margen para que el organismo compense, y constituye una urgencia médica. La crónica se desarrolla a lo largo de meses o años, tiempo que el cuerpo aprovecha para adaptarse mediante ajustes renales y sanguíneos que amortiguan el trastorno. Hay además una situación intermedia, la crónica agudizada, en la que un paciente estable empeora de forma brusca. Algunos autores añaden dos categorías menos citadas: una de tipo III, vinculada al periodo postoperatorio, y otra de tipo IV, asociada al estado de shock. No todos los manuales las recogen. Varios términos se confunden con facilidad. El fallo respiratorio es sinónimo de insuficiencia respiratoria: nombran lo mismo, y si el segundo predomina en el habla clínica española se debe al uso, no a un matiz de significado. Otra cosa es la disnea, que designa la sensación consciente de falta de aire. Se puede sentir disnea intensa sin insuficiencia respiratoria, por ejemplo en un ataque de ansiedad, y también al revés: existir insuficiencia respiratoria sin percibir ahogo, como sucede en algunas hipoxemias de instauración lenta. Son planos distintos. Uno es un síntoma; el otro, una alteración que se mide en la sangre. La hipoxemia y la hipercapnia tampoco son enfermedades por sí solas, sino los hallazgos de laboratorio que definen el trastorno. Y el distrés respiratorio agudo no es un sinónimo amplio, sino una forma grave y precisa de insuficiencia hipoxémica producida por el daño de la pared alveolar. Sí. Son dos denominaciones del mismo trastorno. En textos y conversaciones clínicas de España se emplea más "insuficiencia respiratoria", mientras que "fallo respiratorio" se oye con frecuencia como traducción directa del inglés respiratory failure. Puede ocurrir. Cuando el oxígeno desciende poco a poco, el organismo se acostumbra y la persona no siempre nota falta de aire, aun teniendo cifras de gasometría claramente alteradas. Es una de las razones por las que la sensación subjetiva no basta para descartar el trastorno. Los números marcan la frontera. En el tipo I baja el oxígeno (PaO2 menor de 60 mmHg) pero el dióxido de carbono se mantiene normal o bajo; en el tipo II, a esa falta de oxígeno se suma la retención de dióxido de carbono (PaCO2 de 45 mmHg o más). El primero refleja un fallo del pulmón como intercambiador; el segundo, un fallo de la ventilación. No necesariamente. La forma aguda, que aparece de repente, sí supone una emergencia porque no da tiempo a que el cuerpo se adapte. La crónica, en cambio, puede convivir durante años con la persona gracias a mecanismos de compensación, y muchos pacientes con enfermedad pulmonar avanzada la mantienen de manera estable dentro de un seguimiento médico.Qué es la insuficiencia respiratoria
Por qué falla el intercambio de gases
Tipos de insuficiencia respiratoria
Qué la distingue de conceptos vecinos
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo insuficiencia respiratoria que fallo respiratorio?
¿Puede haber insuficiencia respiratoria sin sensación de ahogo?
¿Qué diferencia hay entre el tipo I y el tipo II?
¿La insuficiencia respiratoria es siempre una urgencia?
Referencias
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