DICCIONARIO MÉDICO
Fallo respiratorio
El sistema respiratorio tiene dos funciones esenciales: aportar oxígeno a la sangre y eliminar el dióxido de carbono que las células generan como residuo. Cuando una o ambas funciones fallan, el organismo deja de mantener un equilibrio adecuado de gases en la sangre, lo que puede comprometer rápidamente el funcionamiento de órganos vitales como el cerebro, el corazón y los riñones. Por este motivo, el fallo respiratorio requiere una atención médica urgente y, en muchas ocasiones, ingreso hospitalario. El fallo respiratorio es un síndrome en el que el aparato respiratorio no es capaz de cumplir adecuadamente sus funciones de intercambio de gases. Esto significa que los pulmones no consiguen aportar suficiente oxígeno a la sangre, no consiguen eliminar suficiente dióxido de carbono, o no logran realizar bien ninguna de las dos tareas. Los criterios médicos habituales lo definen por una presión parcial de oxígeno arterial (PaO₂) inferior a 60 mmHg y/o una presión parcial de dióxido de carbono arterial (PaCO₂) superior a 50 mmHg, medidas mediante una gasometría arterial respirando aire ambiente. El fallo respiratorio puede aparecer de forma brusca en una persona previamente sana o con problemas leves, o instalarse de manera progresiva en pacientes con enfermedades pulmonares crónicas. En ambos casos, la consecuencia es la misma: las células del organismo no reciben el oxígeno suficiente y/o acumulan dióxido de carbono, lo que altera su funcionamiento normal y, si no se corrige, puede llevar a una situación de riesgo vital. El fallo respiratorio constituye una de las causas más frecuentes de ingreso en las unidades de cuidados intensivos. Su incidencia ha aumentado en las últimas décadas debido al envejecimiento de la población, al incremento de las enfermedades respiratorias crónicas y al mayor número de pacientes con comorbilidades. Aunque su pronóstico depende de múltiples factores, los avances en el soporte respiratorio (ventilación mecánica, oxigenoterapia de alto flujo, ECMO) han permitido mejorar significativamente la supervivencia de muchos pacientes en las últimas décadas. El fallo respiratorio puede clasificarse de diferentes formas en función de los gases en sangre afectados y de la rapidez con la que se instaura. Esta clasificación es importante porque orienta el diagnóstico, ayuda a identificar la causa subyacente y determina las opciones de tratamiento. Las causas del fallo respiratorio son numerosas y pueden afectar a cualquiera de los componentes del sistema respiratorio. Conocer la causa subyacente es fundamental para orientar el tratamiento, ya que las medidas de soporte respiratorio mejoran la situación inmediata, pero la curación depende del control del problema de base. Los síntomas del fallo respiratorio pueden variar según la causa, la rapidez con la que se instaura y los gases en sangre que están alterados. En general, las manifestaciones se dividen en aquellas relacionadas con la falta de oxígeno (hipoxemia) y aquellas relacionadas con el exceso de dióxido de carbono (hipercapnia). En muchos pacientes coexisten ambas. En el fallo respiratorio crónico los síntomas suelen ser más larvados y la persona puede acostumbrarse a vivir con cierto grado de disnea, fatiga, intolerancia al esfuerzo, mala tolerancia al sueño o cefaleas matutinas. La aparición o el empeoramiento brusco de cualquiera de estos síntomas debe motivar una consulta médica urgente. El diagnóstico del fallo respiratorio se basa en la combinación de la historia clínica, la exploración física y, sobre todo, en pruebas complementarias que permiten medir los gases en sangre y buscar la causa subyacente. La evaluación corresponde siempre al equipo médico, que valorará cada caso de forma individualizada. Es la prueba fundamental. Consiste en extraer una pequeña muestra de sangre de una arteria (habitualmente la radial, en la muñeca) para medir directamente la presión parcial de oxígeno (PaO₂), la de dióxido de carbono (PaCO₂), el pH y el bicarbonato. Permite confirmar la presencia de fallo respiratorio, clasificarlo en hipoxémico o hipercápnico y valorar el equilibrio ácido-base. Se trata de una técnica no invasiva que mide la saturación de oxígeno en sangre mediante un sensor colocado en el dedo o en el lóbulo de la oreja. Permite obtener información en pocos segundos y monitorizar de forma continua al paciente. Una saturación por debajo del 90% suele indicar un problema importante de oxigenación, aunque debe interpretarse en su contexto clínico. El tratamiento del fallo respiratorio persigue dos objetivos fundamentales: asegurar la oxigenación y la ventilación del paciente mientras se identifica el problema y, paralelamente, tratar la causa que lo ha desencadenado. Se trata habitualmente de una atención multidisciplinar que puede involucrar a especialistas en neumología, medicina intensiva, urgencias, anestesiología, fisioterapia respiratoria y enfermería especializada. El aporte suplementario de oxígeno es la primera medida en la mayoría de los casos. Se administra a través de diferentes dispositivos según la gravedad y las necesidades del paciente: Consiste en ayudar a la respiración del paciente mediante una mascarilla (facial o nasal) conectada a un respirador, sin necesidad de intubarlo. Es especialmente útil en agudizaciones graves de la EPOC, en el edema agudo de pulmón y en algunos casos de inmunodepresión. Permite mejorar el intercambio de gases, descansar a los músculos respiratorios y, en muchos pacientes, evitar la intubación. Cuando las medidas anteriores no son suficientes o el paciente está demasiado grave, es necesario recurrir a la intubación orotraqueal y a la ventilación mecánica con un respirador. Esta técnica permite controlar de forma precisa la oxigenación y la ventilación, descansar la musculatura respiratoria y mantener al paciente con vida mientras se trata la causa del fallo respiratorio. Habitualmente requiere ingreso en una unidad de cuidados intensivos y sedación. En los casos más graves, cuando ni la ventilación mecánica consigue mantener una oxigenación suficiente, puede recurrirse a la ECMO, una técnica de soporte vital que extrae la sangre del paciente, la oxigena fuera del cuerpo y la devuelve nuevamente al organismo. Es una medida compleja, disponible solo en centros especializados, que permite mantener con vida al paciente mientras los pulmones se recuperan. Paralelamente al soporte respiratorio, es esencial tratar la enfermedad que ha provocado el fallo respiratorio. Algunos ejemplos: El pronóstico del fallo respiratorio depende fundamentalmente de su causa, de la rapidez con la que se inicia el tratamiento, de la edad del paciente y de la presencia de otras enfermedades. Los resultados varían en función de cada paciente. Algunas situaciones, como una crisis asmática tratada adecuadamente, suelen tener una evolución favorable, mientras que otras, como el SDRA grave, conllevan un pronóstico más reservado. Los pacientes que sobreviven a un episodio grave de fallo respiratorio, especialmente si han precisado ventilación mecánica prolongada o ingreso en cuidados intensivos, pueden presentar lo que se conoce como síndrome post-UCI. Este cuadro incluye debilidad muscular, alteraciones cognitivas, ansiedad, depresión o trastorno por estrés postraumático. La rehabilitación física, respiratoria y, en ocasiones, psicológica desempeña un papel fundamental en la recuperación posterior al alta. Aunque no todos los casos de fallo respiratorio pueden prevenirse, existen medidas que reducen el riesgo de desarrollarlo o de que se agrave una situación previa: El fallo respiratorio es una urgencia médica. Es importante acudir de inmediato a un servicio de urgencias o llamar a los servicios de emergencias ante la aparición de cualquiera de los siguientes signos o síntomas: El diagnóstico requiere una evaluación profesional inmediata. Cuanto antes se identifique la causa y se inicie el tratamiento, mayores son las posibilidades de evitar complicaciones graves. Las decisiones diagnósticas y terapéuticas corresponden siempre al equipo médico, que valorará cada situación de forma individualizada. No son exactamente lo mismo, aunque están relacionados. El fallo respiratorio es una situación en la que los pulmones no consiguen oxigenar adecuadamente la sangre o eliminar el dióxido de carbono, pero la persona sigue respirando, aunque con dificultad. La parada respiratoria, en cambio, es el cese completo de la respiración. Si un fallo respiratorio grave no se trata a tiempo, puede evolucionar a parada respiratoria y, posteriormente, a parada cardiorrespiratoria, que requiere reanimación inmediata. Por este motivo es tan importante reconocer los signos de alarma y actuar con rapidez. La duración de la ventilación mecánica varía enormemente de unos pacientes a otros. Algunas personas requieren el respirador solo unas horas, mientras que en otros casos pueden ser necesarios días, semanas o incluso meses. Cuando la ventilación se prolonga, puede plantearse la realización de una traqueostomía, que facilita el manejo del paciente y permite, en ocasiones, retirar la sedación y mejorar la comodidad. El equipo médico valorará en cada caso cuándo es el momento adecuado para iniciar la retirada progresiva (desconexión o destete) del respirador. Sí. Muchas personas con fallo respiratorio crónico viven en su domicilio gracias a la oxigenoterapia domiciliaria o, en algunos casos, a la ventilación mecánica no invasiva nocturna. Estas terapias mejoran la calidad de vida, reducen los síntomas y pueden aumentar la supervivencia. Requieren un seguimiento periódico por parte del equipo de neumología y la implicación del paciente y de la familia en el manejo del tratamiento. El especialista valorará en cada caso la indicación, la duración diaria del tratamiento y los controles necesarios. La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) es una de las causas más frecuentes de fallo respiratorio crónico y de sus agudizaciones. Con el tiempo, la EPOC produce una destrucción progresiva del tejido pulmonar y una obstrucción al paso del aire que puede acabar provocando una incapacidad para mantener un intercambio normal de gases. Las infecciones respiratorias, la contaminación o el incumplimiento del tratamiento pueden desencadenar agudizaciones graves que requieren atención hospitalaria. Dejar de fumar, vacunarse y seguir el tratamiento prescrito son las medidas más eficaces para reducir el riesgo de fallo respiratorio en estos pacientes. Depende de la causa, de la gravedad del episodio y del tiempo que la persona haya estado con niveles bajos de oxígeno. Algunos pacientes se recuperan por completo, mientras que otros pueden presentar secuelas pulmonares (cicatrices, fibrosis), debilidad muscular generalizada, alteraciones cognitivas, dificultad para concentrarse o cambios emocionales. Los estudios muestran que la rehabilitación temprana y multidisciplinar mejora significativamente la recuperación funcional. El médico determinará en cada caso las secuelas posibles y las medidas de rehabilitación más adecuadas. En algunos pacientes con EPOC avanzada, el centro respiratorio del cerebro se ha adaptado a niveles crónicamente elevados de dióxido de carbono y depende del estímulo de la falta de oxígeno para mantener la ventilación. Si se administra oxígeno en concentraciones muy altas sin control, puede producirse una disminución del impulso respiratorio y un aumento peligroso del dióxido de carbono en sangre. Por este motivo, en estos pacientes se administra el oxígeno de forma controlada, ajustando la cantidad en función de la respuesta clínica y de la gasometría. El equipo médico determinará en cada caso la dosis adecuada. © Clínica Universidad de Navarra 2026
El fallo respiratorio, también denominado insuficiencia respiratoria o fracaso respiratorio, es una de las urgencias médicas más frecuentes y potencialmente graves a las que se enfrentan los servicios sanitarios. No se trata de una enfermedad concreta, sino de la consecuencia final de numerosas alteraciones que afectan a alguno de los componentes implicados en la respiración: las vías respiratorias, el tejido pulmonar, los músculos respiratorios, los nervios que los controlan o el centro nervioso encargado de regular la respiración.Qué es el fallo respiratorio
Una entidad frecuente y grave
Tipos de fallo respiratorio
Según los gases en sangre
Según la velocidad de instauración
Causas del fallo respiratorio
Enfermedades pulmonares
Enfermedades de la vía aérea
Enfermedades neuromusculares
Alteraciones del centro respiratorio
Alteraciones de la pared torácica
Otras causas
Síntomas del fallo respiratorio
Síntomas por falta de oxígeno
Síntomas por exceso de dióxido de carbono
Diagnóstico del fallo respiratorio
Gasometría arterial
Pulsioximetría
Pruebas de imagen
Otras pruebas
Tratamiento del fallo respiratorio
Oxigenoterapia
Ventilación mecánica no invasiva
Ventilación mecánica invasiva
Oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO)
Tratamiento de la causa subyacente
Otras medidas de soporte
Pronóstico del fallo respiratorio
Prevención del fallo respiratorio
Cuándo acudir al médico
Preguntas frecuentes sobre el fallo respiratorio
¿Es lo mismo fallo respiratorio que parada respiratoria?
¿Cuánto tiempo se puede estar con un respirador?
¿Se puede vivir con fallo respiratorio crónico en casa?
¿Qué relación tiene la EPOC con el fallo respiratorio?
¿El fallo respiratorio deja secuelas?
¿Por qué a algunas personas con EPOC no se les puede poner mucho oxígeno?
Referencias
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026